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La Princesa rechazada

La Princesa rechazada

"Tal vez nunca lo sabría. O tal vez era la mujer que veía ante mí quien tenía las respuestas. Esta no era una princesa ni una reina. Esta era una guerrera, una guerrera que pretendía luchar." ** Yo, Constance Cladwell, era la hija del Rey Alfa en los Territorios del Norte—una princesa destinada a reinar hasta que el Rey del Sur invadió mis tierras, matando a mi manada y a mi familia. Huí buscando protección del Rey Alfa de los Territorios del Este para advertirles de los peligros que se avecinaban, solo para enfrentarme con lo que nunca esperé: mi compañero destinado. Ahora arrojada a un mundo donde la guerra estaba a la vuelta de la esquina y atrapada entre el hombre que anhelaba y las atenciones del Rey, me quedo con una decisión. ¿Me sacrificaré y me convertiré en la Reina Luna para asegurar venganza contra mi enemigo, o aceptaré el destino y lucharé por el amor de mi compañero? ** «La Princesa Rechazada» es una obra de Claire Wilkins, una autora de eGlobal Creative Publishing.
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¡Suegrito! Me atoré en la lavadora

¡Suegrito! Me atoré en la lavadora

Cuando lavaba la ropa con el trasero levantado, me embistieron por atrás y terminé metida en la lavadora. Mi trasero carnoso quedó expuesto afuera, sujetado por sus manos fuertes. No podía ni moverme. Su mano enorme me acariciaba por detrás como quería. Empecé a ponerme bien caliente y el placer hizo que hasta las piernas me temblaran. Volteé a ver quién me estaba haciendo esto, y me di cuenta de que era ni más ni menos que mi suegro.
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Sin Salvación

Sin Salvación

Mi esposa profesaba su propia fe y seguía estrictamente sus perceptos, evitaba cualquier tipo de intimidad física. Solo nos permitía estar juntos al decimosexto día de cada mes. Y aun así, todo debía estar bajo su control. Si alguna vez sobrepasaba esos límites, no dudaría en interrumpirlo todo y marcharse. Llevábamos cinco años de casados. Aunque me sentía insatisfecho, la complacía una y otra vez por amor. Me convencí de que, pese a su frialdad, al menos había algo de amor por mí. Hasta que, durante una misión de rescate en un hotel en llamas, descubrí lo equivocado que había estado. Cuando la encontré, mi esposa estaba recostada contra el pecho de otro hombre, y entre los dos había un niño pequeño.
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Me Casó por Deuda y Ahora Llora por Mí

Me Casó por Deuda y Ahora Llora por Mí

Anthony Voss se dio cuenta de que llevaba una semana sin pedirle dinero. Casi nunca me escribía, pero esta vez hasta se dignó a elogiarme: "Cariño, por fin aprendiste a comportarte como una verdadera Donna. Ya ordené que le hicieran llegar a tu madre el medicamento de esta semana. Mientras seas obediente y no pidas más de la cuenta, puedo darte todo lo que quieras." Él no sabía que, cuando recibí ese mensaje, yo estaba imprimiendo los papeles del divorcio. Llevaba puesto un vestido viejo de hacía tres años. Nadie creería que la Donna, tan deslumbrante ante todos, en privado tuviera que pedirle dinero hasta a Elena Brooks, la asesora del Don, para comprarme unos tampones. Ni siquiera podía salir de casa sin pedir permiso con tres días de anticipación. Anthony siempre decía que era por mi bien. —Afuera es demasiado peligroso, cariño. Tú quédate en casa y pórtate bien. Pero hace una semana, cuando mi madre estaba agonizando, le rogué a Elena que se saltara el trámite. Elena me mantuvo encerrada varios días. No me dejó salir hasta que mi madre ya había dado su último aliento. Mi madre murió. Y yo no pienso seguir aguantando ni un día más.
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Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre

Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre

Después de tres años de matrimonio con Ricardo Montenegro, nunca faltaron mujeres a su alrededor. Cada vez que llevaba a una a casa, me regalaba un collar de valor incalculable. En apenas tres años, ya había reunido noventa y nueve collares. Cuando Ricardo me colocó el collar número cien, ya no lloré ni armé escándalos. Porque esta vez, la mujer con la que me fue infiel era mi propia hermana mayor. La misma hermana que desde niña me golpeaba y me insultaba. La persona que más amaba se alió con la que más odiaba para torturarme. En ese momento, se me murió el corazón. Esta vez fui yo quien se acercó a Ricardo y le entregó un contrato de compra de una vivienda. —Con tal de que firmes, te dejo que se revuelquen como quieran. En sus ojos pasó un destello de sorpresa; al final firmó sin pensarlo dos veces. Incluso, por primera vez, besó mi mejilla con ternura. —Cariño, por fin aprendiste a portarte bien. Le abrí personalmente la puerta del carro y lo vi marcharse hacia mi hermana. Cuando el vehículo desapareció por completo, solté un largo suspiro y saqué de debajo de los documentos… el acuerdo de divorcio.
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El Juego del Destino

El Juego del Destino

Cada Nochebuena, en la familia Marco se celebra una tradición absurda y cruel. Adrián Marco, heredero de la mafia, debe sacar un papel al azar para decidir si puede casarse conmigo. Porque yo no soy una de ellos. Porque no nací en la mafia. Si no aparece mi nombre, no hay boda. Durante cuatro años, Adrián sacó cuatro veces. Cuatro veces en las que mi nombre nunca apareció. Yo creí que luchaba por mí. Que estaba dispuesto a perder su lugar como Don con tal de elegirme. Cada fracaso venía acompañado de un abrazo. —Está bien —me decía al oído—. Siempre habrá un próximo año. Y yo esperé. Esperé tanto que dolía. Este año me prometí algo distinto: si mi nombre no salía… lo cambiaría yo misma. Pero entonces escuché la verdad, detrás de la puerta de su estudio. —Don… siempre sacas el nombre de Irene. ¿Por qué finges que no? ¿Aún no puedes soltar a Sera? Adrián no se detuvo. No dudó. —Sera me necesita. Haz lo de siempre. Cambia su nombre por uno en blanco. Cuando entré, el papel con mi nombre seguía sobre la mesa. El vacío, en la basura. Lo tomé. Y fui yo quien hizo el intercambio. Vi mi nombre caer en el fondo del cesto. Adrián Marco… ya no quiero esperar. Ni casarme contigo. Esta vez, tu elección será real.
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El Tesorito De La Juventud

El Tesorito De La Juventud

—Tío, por favor, te lo suplico… ayúdame a quitarme esta cosa… En cuanto la mejor amiga de mi hija se levantó el vestido, vi algo que parecía sacado de otra época: un cinturón de castidad con un candado que solo un hombre podría abrir. Justo cuando la jovencita se lanzó hacia mí con los ojos llorosos, su compañera de departamento de treinta años llegó a la casa y se puso celosa al vernos. Con unas copas encima, se quitó la chaqueta y también se lanzó hacia mí. —Hazte a un lado, niña, deja que los adultos… tengan una buena charla... Una era una jovencita dulce y la otra era una mujer madura con un cuerpo increíble. Ya no pude contenerme…
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Turbulencia En Medias De Seda

Turbulencia En Medias De Seda

—Fabi, porfa, ayúdame a descargar unas pelis de esas fuertes, es que me siento muy sola esta noche. Era tarde cuando mi tía Violeta abrió la puerta de mi cuarto. Solo traía puesta lencería muy sensual que dejaba ver sus nenas bien formadas. Justo me la estaba jalando y, del susto, me tapé rápido con la cobija. —Tía, ¿por qué entras así sin tocar? Ella tenía la cara toda roja. —Es que me arde todo de las ganas y el inútil de tu tío ni me toca. Ándale, búscame unas pelis cochinas para que me pueda encargar yo misma. Me toqué el fierro, que ya estaba bien duro, y le dije riéndome: —¿Y si mejor te ayudo yo con eso?
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El Regalo Mortal para Mi Familia

El Regalo Mortal para Mi Familia

Morí el día de mi cumpleaños, pero ni mis papás ni mi esposo se dieron cuenta. Todos estaban de lleno en los preparativos de la fiesta de cumpleaños de mi hermana gemela, Alicia Gonzáles. Mientras todos la rodeaban para escoger su vestido de gala, a mí me habían amarrado de pies y manos y me habían arrojado al sótano. Con las últimas fuerzas que me quedaban y con los dedos ya torcidos, logré marcar el 9395, la señal que Sergio Sandarti y yo habíamos acordado para pedir ayuda en caso de peligro. Nunca imaginé que llegaría el día de tener que usarla de verdad. Pero Sergio no me creyó. Respondió con frialdad: “¿De verdad haces tanto drama nada más porque no te llevamos a comprar un vestido nuevo? El del año pasado todavía te queda bien. Nos vemos más tarde en la fiesta, deja de hacer escándalo”. Él no sabía que mi vestido ya lo había destrozado Alicia. Tampoco sabía que, en cuanto colgué la llamada, yo ya estaba muerta. Así que no asistí a la fiesta de cumpleaños. Pero cuando todos vieron el regalo que yo había preparado con anticipación para Alicia, se volvieron locos.
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La falsa muerte de la Donna

La falsa muerte de la Donna

Cuando Elijah me engañó, no lloré ni armé un escándalo. Simplemente fingí que no sabía nada. Cuando tuvo a Naomi como amante, me tragué el dolor y lo soporté todo. Después de todo, tenía un hijo hermoso con Elijah. El niño me amaba y yo quería darle una familia completa. Pero todo cambió el día que descubrí que mi propio hijo Kai iba con Elijah a esa otra casa y llamaba "tía Naomi" a esa mujer con tanto cariño. En ese instante decidí que no aguantaría una sola humillación más. Le dije a mi amigo de la infancia que quería el divorcio. Me miró fijamente y dijo: —Hazel, todos en Neópolis saben que Elijah te ama más que a su vida. Su influencia abarca toda la ciudad. Dejarlo no va a ser fácil. Sin embargo, respondí con frialdad: —Entonces que Hazel muera. Que muera frente a Elijah. Que vea desaparecer a su esposa con sus propios ojos. A partir de ese momento, no quedará ninguna Hazel Foster en este mundo. Cuando me enteré de que Kai prefería a Naomi, me di cuenta de que haber soportado todo durante los últimos dos años no había sido más que un mal chiste. Esta vez, se acabó: ya no quiero a mi esposo, y tampoco quiero a mi hijo.
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