Tabú: Ataduras y Pecados - Fetiches
Su mandíbula se contrajo imperceptiblemente.
Escuchó el golpe sordo de la bolsa al caer al suelo, el suspiro exagerado. Cuando finalmente alzó la mirada, la vio apoyada contra la puerta, como si necesitara de ella para mantenerse en pie. Llevaba un vestido negro, minúsculo, que parecía haber sido pintado sobre su cuerpo. La tela, algún tipo de punto elástico, se adhería a las curvas de sus caderas, al valle de la cintura, a los pechos generosos que subían y bajaban con su respiración agitada. Sus piernas, largas y desprotegidas, brillaban bajo el resquicio de luz de la calle. El cabello, castaño y normalmente recogido de cualquier manera, caía en ondas descuidadas sobre sus hombros, algunos