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Mi venganza estalla: ¡Ojo por ojo!

Mi venganza estalla: ¡Ojo por ojo!

La discípula de mi esposo, Camila, alardeaba de su técnica de desactivar bombas con los ojos cerrados, guiándose solo por la intuición. El resultado fue un error de juicio que activó el sistema de detonación de respaldo de la bomba. Yo tuve que intervenir de emergencia, usando el peligrosísimo método de condensación con nitrógeno líquido para salvar todo el edificio. A Camila la apartaron de la primera línea y, además, la suspendieron. Mi esposo, Sergio, quiso hablar en su defensa, pero yo me interpuse resueltamente: —Si la defiendes ahora, no la salvarás y te hundirá con ella. Hasta a ti te suspenderán. Abrumada por la presión, Camila terminó con su vida provocando una explosión. En una carta que dejó, acusaba a Sergio: “En el momento que más necesitaba de él, él prefirió lavarse las manos.” Sergio no dijo nada. Solo guardó esa carta como un tesoro en su estudio. Años después, Sergio ya era un experto en desactivación de bombas, famoso en todo el país. Durante un ataque terrorista, unos secuestradores me colocaron una bomba de tiempo. Él acudió en persona a desactivarla, pero frente a mí, repitió el mismo error fatal de su discípula. Mirando la cuenta atrás, me dijo con una sonrisa burlona: «Mira, solo estaba nerviosa aquella vez. ¡Si la hubiera apoyado entonces, ahora ella sería la heroína!». La bomba estalló. Quedé hecha añicos. Al abrir los ojos otra vez, había vuelto a aquel momento en que él intentaba defender a su discípula. Lo que él no sabía era que en ese edificio se albergaba un servidor crítico con los secretos nacionales de máximo nivel.
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La Hija Secreta del Don

La Hija Secreta del Don

Él susurró el nombre de ella novecientas noventa y nueve veces mientras dormía. Nunca el mío. Durante cinco años, le di todo a Vincent Bonanno, el heredero de una de las dinastías mafiosas más poderosas de Europa. Hice de su casa un hogar, recordé cada detalle descuidado que soltaba e incluso abandoné mi sueño de convertirme en artista, creyendo que un día, finalmente, me elegiría. Pero cada vez que aparecía Alessia, su lealtad se inclinaba hacia ella. La noche en que el fondue hirviente me dejó cicatrices en los brazos, él se apresuró a protegerla de un rasguño que apenas le enrojeció la piel. En público, su mirada nunca se quedaba conmigo, en cambio solo se perdía en ella. Yo era la esposa ante la ley, más nunca lo fui en la práctica. Así que me marché. Solo con una maleta, los papeles del divorcio que firmó sin darse cuenta y un secreto que nunca planeé compartir: tenía tres meses de embarazo. Él se dio cuenta demasiado tarde. Para ese momento, el divorcio ya era real, al igual que el expediente de la clínica. Y para cuando se dio cuenta, yo había desaparecido. En aquel momento, el hombre que alguna vez gobernaba ciudades con un poder despiadado, estaba dispuesto a poner el mundo patas arriba para encontrarnos. Él tenía soldados, dinero y mil disculpas que nunca me dio cuando yo todavía era su esposa. Pero yo ya no era la mujer que suplicaba por su afecto. Era una madre, una artista y una sobreviviente. La pregunta no era si Vincent podía alcanzarme. La cuestión era si, cuando lo hiciera, alguna vez lo dejaría volver a la vida que destruyó.
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Yo con el Heredero, Mi Ex en Ruinas

Yo con el Heredero, Mi Ex en Ruinas

Antes de la boda, la mujer que había sido el gran amor de su vida fue obligada a casarse con un famoso "mujeriego"para proteger a su familia. Mi prometido Arturo, incapaz de verla sufrir, fue a interrumpir la ceremonia. Ese mismo día, frente a todos, obtuvieron el certificado de matrimonio. Toda la ciudad de Marseah esperaba con ansias el escándalo entre mi familia y los Gómez. Pero al día siguiente, el único hijo de los Gómez apareció en la entrada de mi empresa, conduciendo su Bugatti con descaro: —Tu prometido se llevó a la mujer con la que iba a casarme. Quiero que pagues esa deuda casándote conmigo, es justo, ¿no? Al mirar su melena roja y desafiante, sonreí con calma: —Sí, muy justo.
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El Velo de la Venganza

El Velo de la Venganza

El todopoderoso del círculo de élite en la capital, Leonardo Cruz, iba a casarse con mi hermana Valeria. Todo el mundo decía que era un pervertido impotente, y que casarse con él era condenarse a una vida de sufrimiento. Valeria lloraba desconsolada, como una actriz de telenovela. Yo la llevé aparte y le susurré: —Me casaré en tu lugar, pero tú tienes que ir al pueblo y cuidar la caja fuerte bajo la tumba de mamá. No puedes tocarla en tres años. Ella creyó que estaba llena de una herencia millonaria, así que aceptó encantada. Mientras miraba su rostro codicioso, no pude evitar soltar una risa fría por dentro: "Querida hermana, cuídala bien. Quiero ver si de verdad puedes sostener toda esta fortuna que estás a punto de recibir."
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La Dulzura de la Traición

La Dulzura de la Traición

La chica que Iván Herrera mantenía volvió a buscarme para hacer una escena. —De verdad amo demasiado a Iván… ¿no podrías dejar que se quede conmigo? Él, sentado a un lado, no dijo nada. Solo me envió un mensaje: «Dile que sí, solo hazle creer que tiene una oportunidad.» Le seguí la corriente. Y, en silencio, empecé a empacar mis cosas para dejar la casa que compartíamos. Al salir, escuché las burlas de sus amigos. —Vaya, sí que es obediente la «esposa». Entonces si le pides que pierda al bebé, ¿también lo haría? Iván alzó las cejas, con calma. —¿Apostamos? —Yo digo que en una semana estará llorando frente al hospital… pero lo hará. Yo no dije nada. Solo abrí otro chat, leí el último mensaje: «¿Quieres casarte conmigo?» Y respondí: «Sí.»
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A Un Suspiro De La Muerte

A Un Suspiro De La Muerte

Después de que la amiga de la infancia de mi prometido descubriera que nací con una enfermedad cardíaca, vertió en secreto una bebida energética de alta dosis en mi champán. En cuanto lo bebí, mi corazón se aceleró y un dolor punzante se extendió por mi pecho. Presa del pánico, abrí mi única medicación de emergencia, pero el agua que usaba para tomarla había sido reemplazada por agua con limón fuerte. En cuanto lo bebí, palidecí. Perdí todas las fuerzas y me desplomé en el suelo. —El agua con limón está llena de vitamina C. Ayuda con la resaca y te mantiene saludable. Charlotte Whitmore se rio tanto que casi se dobló. Con los brazos cruzados, miró a mi prometido, Ethan Cross, el jefe de los Rolling Stones, un grupo de la mafia. —¡Ethan, la actuación de tu prometida es increíble! Llevo años siendo doctora y nunca he visto a nadie reaccionar así a un poco de champán y agua con limón. Me mordí el labio hasta que noté el sabor a sangre. El dolor me picaba en los ojos y me aferré a la pierna de Ethan. —Cariño, por favor, ¡llama a una ambulancia! Ya no aguanto más... Por un instante, su expresión vaciló, pero los invitados lo interrumpieron rápidamente. —¡Vamos, deja de fingir! Nadie se muere por un poco de champán y agua con limón. —Sí, solo estás celosa de que a Charlotte la ascendieran y no quisiste brindar por ella. El rostro de Ethan se volvió frío de nuevo. Me soltó la mano de un tirón y se apartó. —Charlotte es doctora. Estarás bien con ella aquí. Dejé de suplicar y le escribí a mi padre pidiéndole ayuda.
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Me fui el día en que ella quedó embarazada

Me fui el día en que ella quedó embarazada

Era el séptimo aniversario de nuestro emparejamiento. Sin embargo, Xavier Ashton, el Alfa que lo controlaba todo, trajo a casa a su amante embarazada. Durante los últimos siete años, me adoró. Me besaba la mano delante de todos y decía que yo era su luna, la única Luna de su vida. Sin embargo, ahora, su mano descansaba sobre el vientre de otra loba, como si estuviera mostrando un milagro. —Ella está embarazada de mi primer cachorro. Tú tienes el poder de la Diosa de la Luna. Quiero que la bendigas. Además, ha tenido pesadillas durante el embarazo, así que se quedará con la habitación principal para que esté más cómoda. Me quedé paralizada, casi convencida de haberlo oído mal. —¿Bromeas? ¡Esa es mi habitación! Levantó la vista, hablándome con un tono de advertencia. —Desde hoy, es de ella. La ira casi me hizo reír. Me tembló la voz, pero era clara. —¿Dejaste embarazada a una loba Omega y la trajiste a nuestra casa? ¡Xavier Ashton, te has vuelto completamente loco! —No lo diré una tercera vez. Múdate ahora. Su aura se volvió helada al instante. Su presión Alfa me impactó de lleno, haciendo que mi loba gimiera dentro de mí. Pensó que me sometería obedientemente, pero no sabía que ya había hecho las maletas semanas atrás, cuando recibí el vídeo de su aventura. Mientras caminaba hacia la puerta principal, lo oí burlarse a mis espaldas: —Que haga un berrinche. Igual volverá arrastrándose en menos de tres días. Los miembros de la manada se rieron disimuladamente a mis espaldas, ya apostando a cuántos días aguantaría esta vez. Sin embargo, el coche privado que enviaron a recogerme ya estaba esperando en la puerta. Esta vez, cortaba lazos con él para siempre.
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Le Enseñé a Decirle Adiós a Su Padre

Le Enseñé a Decirle Adiós a Su Padre

Después de descubrir que mi esposo, Leonardo Marchetti, no lograba olvidar a su primer amor, empecé a enseñarle a nuestra hija Sofia a llamarlo “tío Leonardo”. Un día, Sofia se torció el tobillo en la escuela. En plena madrugada, Leonardo recibió una llamada: era Valentina quien lloraba al otro lado de la línea porque su hija, Lily, había tenido una pesadilla y no paraba de gritar que quería un padre. Leonardo se fue sin decir una palabra. Mientras le ponía una compresa de hielo en el tobillo hinchado a Sofia, le susurré: —Di “Adiós, tío Leonardo”. Leonardo prometió ir al día deportivo de la escuela de Sofia. Entonces llamó Valentina, sollozando que Lily no tenía un padre que corriera con ella la carrera de tres piernas. Él se largó sin pensarlo dos veces. En esa ocasión, solo le pasé el celular a Sofia y le dije que avisara a su maestra: —El tío Leonardo dice que no va a poder venir. Cada vez que pasaba, Sofia dudaba. No entendía por qué la obligaba a hacer eso. Hasta que, un día, Leonardo por fin se dio cuenta de lo mucho que nos había fallado. Dejó de lado todos sus asuntos de la mafia para asistir al recital de piano de Sofia y juró que no se lo perdería. Sofia esperaba tras bambalinas con los demás niños. Entonces vibró el celular de Leonardo. Era Valentina. No alcancé a escuchar lo que dijo, pero podía adivinarlo. Lily lloraba. Lily lo necesitaba. Lily no tenía padre. Leonardo regresó a donde yo estaba. Pero antes de que pudiera empezar con sus excusas, Sofia habló desde el escenario. —Está bien, tío Leonardo. Ve a cuidar a tu otra hija. Con que mamá se quede aquí a verme es suficiente.
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Los Cuatrillizos Secretos del Multimillonario

Los Cuatrillizos Secretos del Multimillonario

Una tarde, al regresar del trabajo, Lena se encontró con la escena más devastadora de su vida. El hombre con quien soñaba pasar el resto de sus días estaba arrodillado frente a su hermanastra... pidiéndole matrimonio. En medio de la desesperación, terminó entrando por error a una habitación privada de un club y pasó la noche con un desconocido cuya identidad nunca llegó a conocer. Seis años después, tras descubrir que estaba embarazada y abandonar la ciudad para empezar de nuevo, Lena regresó. Pero ya no era la misma mujer que se marchó. Ahora era la orgullosa madre de dos pares de gemelos idénticos: unos adorables cuatrillizos que se habían convertido en el centro de su mundo. Decidida a construir una nueva vida para sus hijos, aceptó un trabajo con Denzel, el multimillonario más poderoso y temido de la ciudad. Frío, distante e incapaz de abrir su corazón a nadie, Denzel parecía el último hombre del que una mujer podría enamorarse. Sin embargo, el destino tenía otros planes. Poco a poco, Lena logró derribar los muros que rodeaban el corazón de Denzel, y entre ellos nació una pasión imposible de ignorar. Pero todo se vino abajo cuando Lena descubrió una verdad que cambió su vida para siempre. Denzel era el padre de sus cuatrillizos. El mismo hombre con quien había pasado aquella noche años atrás. El mismo hombre al que ahora quería mantener lejos de sus hijos. Lo que Lena no esperaba era que sus pequeños ya se hubieran encariñado con él. Y cuando pensó que las cosas no podían complicarse más, llegó a casa un día y vio a sus hijos correr hacia ella con los ojos brillando de emoción. —¡Mami, mami! ¡Por fin encontramos a nuestro papá supermillonario!
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Me fui embarazada de su hijo

Me fui embarazada de su hijo

En la cena por nuestro tercer aniversario con Vincent Hartwell, su secretaria me vació una copa de vino tinto encima… y no fue ningún accidente. Ahí fue cuando exploté. Sin pensarlo, le solté una cachetada frente a todos los invitados. Esa misma noche, el chisme corrió como fuego entre la gente de la alta sociedad. Y cuando mi mamá vio las fotos filtradas de esos dos en la cama… el impacto fue demasiado fuerte. Sufrió un infarto y murió en el acto. Cuando me avisaron, me desplomé en el suelo y lloré hasta que no me quedaron fuerzas. Pero Vincent… ni siquiera apareció. Se quedó todo el tiempo al lado de su secretaria, calmándola, como si la víctima fuera ella. Cuando por fin volvió a casa, pasó a mi lado como si yo no existiera. Ni una mirada. Se aflojó la corbata, tranquilo, como siempre, y soltó: —Ya está solucionado. No quiero que esto vuelva a pasar. Como si nada. —Tengo una reunión esta noche. Arréglate y llega a la villa en media hora. Madison te necesita. Antes de salir, dijo sin siquiera voltearse: —Está sensible por el embarazo. Si le haces algo a mi hijo… no te lo voy a perdonar. Lo escuché todo en silencio. No lloré. No discutí. Pero en cuanto se fue, abrí el cajón y saqué el acuerdo de divorcio que había preparado semanas atrás. Debajo… estaba mi propia prueba de embarazo, marcando positivo. "Vincent… en tres días me voy a ir a buscar a mi padre biológico", pensé. Esta vez no era una amenaza. Me iba de verdad. Y me aseguraría de que mi padre me "agradeciera" adecuadamente por todo lo que me hizo aguantar estos años. Me encargaría de que me pagara cada uno de sus supuestos favores.
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