Ella llevaba su aroma, yo cargaba con su vergüenza
Me quedé dormida en la oficina de mi compañero destinado, el Alfa Zane.
Cuando desperté, tenía un sello mágico marcado en el rostro.
"La zorra de la Manada Luna negra."
Frente a mí estaba Dahlia, la nueva asistente omega de Zane. Sostenía un sello Alfa mientras una sonrisa burlona se dibujaba en sus labios.
—¿Por qué una muñeca de porcelana como tú se mete en los asuntos de la manada? —se burló—. Deberías quedarte en tu castillo y seguir siendo el bonito trofeo que todos admiran.
Mi loba gruñó con rabia, lista para aplastarla con mi aura.
Pero justo cuando un jarrón salió disparado hacia su cabeza, Zane apareció de la nada.
La protegió con su propio cuerpo, y el poder de su Alfa estalló para enfrentarse al mío.
Me fulminó con la mirada, con la voz cargada de ira.
—Dahlia solo estaba gastando una broma. No exageres.
Pero mis ojos quedaron fijos en el cuello descubierto de Dahlia, protegida entre sus brazos.
Allí estaba. Una marca de mordida reciente. Y apestaba a él.
Dahlia dejó escapar un ronroneo complacido, con una dulzura empalagosa en la voz.
—Mi Alfa sabe que nunca asistí a la academia y que estaba muy aburrida. Así que, para entretenerme, me dejó practicar la creación de marcas mágicas con su sello Alfa.
Soltó una risita.
—Solo estaba jugando un poco con la princesa. No serás una mala perdedora, ¿verdad?