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Mi compañero me engañó para que me fuera

Mi compañero me engañó para que me fuera

Alaric y yo habíamos acordado fugarnos juntos. Pero él cambió de opinión en el momento en que firmé los papeles para dejar la manada. De pie, fuera de la mesa del rincón en el bar del hotel, lo escuché hablar con sus amigos. —¿Engañaste a Sophie para que dejara la manada solo para tener más tiempo a solas con Vivienne? ¿No te preocupa que pierda la cabeza cuando se entere? Alaric le dio un sorbo perezoso a su bebida. —¿Por qué lo haría? Está tan obsesionada conmigo que se aferraría a mí todo el día si pudiera. Solo tengo que decirle lo que quiere oír después y me perdonará, garantizado. Además, la familia de Vivienne tiene verdadera influencia. Ese tipo de respaldo podría inclinar la balanza en mi lucha por el puesto de Alfa. Sophie simplemente tendrá que lidiar con eso. Cada palabra me atravesaba hasta que no pude respirar. Luché contra el impulso de entrar de golpe y enfrentarlo, y en su lugar me di la vuelta. Al llegar a casa, saqué mi teléfono y busqué hasta el último contacto de mi lista. —Papá. Ese emparejamiento arreglado que mencionaste... acepto.
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El Don que no pudo retenerme

El Don que no pudo retenerme

Durante cuatro años fui su secretaria y durante cuatro años calenté su cama. Lo sabía todo, desde los negocios de su familia hasta los secretos que me susurraba por las noches. Pero para él, yo no era más que un juguete al que podía recurrir cuando quisiera. En cuanto su primer amor, Sofía Costa, regresó al país, él me humilló sin pensarlo dos veces. La besó en una iglesia de Sicilia, me abandonó en una carretera, empapada por la lluvia con un corte de veinticinco centímetros en la pantorrilla, y luego me despidió con una frase fría y mordaz. Dijo que yo era alguien sin importancia, alguien a quien simplemente podía ignorar. Ella agitó el tulipán de peluche que él le había obsequiado delante de mí. —Yo soy la única a la que ama. Tú solo eras una sustituta. Mientras reconstruía mi vida en Northport y por fin encontraba algo de paz, este despiadado Don de la mafia se arrodilló frente a mi puerta, con los ojos rojos de emoción. —Elena, vuelve conmigo. Pateé su mano lejos con una sonrisa. —Tu supuesta devoción me repugna.
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Le di mi prometido en mi propia boda

Le di mi prometido en mi propia boda

En la boda, el sobrino de cuatro años del novio de repente subió a la tarima, tomó de la mano al novio y gritó a todo pulmón: —Papá, ¿por qué te quieres casar con otra mujer? ¿Ya no nos quieres a mamá y a mí? La madre del niño, que estaba abajo de la tarima, corrió a detenerlo. Con una sonrisa forzada, como si se disculpara pero buscando provocar, dijo: —Lo siento, Dany perdió a su padre cuando era pequeño y siempre ha visto a su tío como su papá. No fue su intención causar problemas. Incluso mi esposo, con total calma, tomó al niño en brazos y me explicó: —Antes de morir, mi hermano me pidió que cuidara de su esposa y de su hijo. Para que Dany tuviera una infancia feliz, le permití que me llamara "papá". No lo malinterpretes. Al ver a las tres personas frente a mí tan felices y tranquilas, solté una risa fría y me quité el velo. —Pobrecito niño… ¿cómo podría yo arrebatarle a su padre? Ya que es así, ¿por qué no le dejo el lugar de novia a tu cuñada? Así ustedes pueden formar una familia completa de tres.
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¿Arruinar mi amor? Destruiré a tu familia

¿Arruinar mi amor? Destruiré a tu familia

El día que me estaba probando mi vestido de novia, una desconocida irrumpió en la sala VIP y me empujó con fuerza al suelo. —Yo soy la verdadera señora de John Curtis. Alguien como tú, sin dinero ni una familia poderosa que la respalde, debería servirme. Me miró desde arriba con desprecio antes de patear mi vientre embarazado con sus tacones afilados. El dolor nubló mi visión y me hizo sudar frío. Jolene Nostra se agachó a mi lado y me abofeteó con el dorso de la mano. —Tú no eres más que una amante abandonada, sin riqueza ni influencia, intentando casarte con una familia adinerada quedándote embarazada. Mientras la sangre brotaba abundantemente entre mis piernas, una revelación me golpeó. Mi prometido, la persona con la que había estado durante cuatro años, estaba viendo a otra mujer. —¿Qué es esa mirada? ¿Cómo te atreves a mirarme así? ¡Podría matarte y no me pasaría nada, porque soy la señora de John Curtis! Cuando se abalanzó sobre mí, saqué rápidamente el teléfono con manos temblorosas para llamar a mi hermano. —Ven por mí, Anthony. Y diles a los nuestros que quiero que la familia Curtis desaparezca de South City.
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De Su Amor a Su Venganza

De Su Amor a Su Venganza

Durante mucho tiempo, Inés del Valle creyó que Emiliano Cornejo era su única luz en este mundo. Hasta que, mirándola directamente a los ojos, él le dijo con cruel indiferencia: —Mi compromiso con Mariana Altamirano no se cancelará. Si quieres, puedes seguir siendo mi amante. En ese instante, Inés despertó. Esa luz que tanto amaba, hacía mucho se había convertido en la sombra que la asfixiaba. Esa misma noche, se marchó de la casa sin volver la vista atrás. Todos pensaron que una huérfana como ella, sin el respaldo de los Cornejo, no tardaría en arrastrarse de vuelta, rogando por perdón. Pero entonces ocurrió lo inesperado. En plena ceremonia de compromiso entre los Cornejo y los Altamirano, Inés apareció vestida de rojo, del brazo del patriarca de los Altamirano, Sebastián Altamirano. Ya no era la mujer abandonada: ahora era la cuñada del novio. El salón entero quedó en shock. Emiliano, furioso, pensó que todo era una provocación. Dio un paso hacia ella… Y entonces una voz helada, firme como el acero, se dejó oír por encima de todos: —Atrévete a dar un paso más… y verás lo que pasa.
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Secuestrada por el Alfa Rival

Secuestrada por el Alfa Rival

—Te amo —me dice Kael, y yo le creo.Incluso en medio de la guerra y el caos, tratando de escapar y escondiéndonos de nuestros enemigos, sé que él es el único para mí.Siento que el lazo entre nuestros corazones se tensa, y lo único que puedo decir en respuesta es: —Hazme tuya. Gemma. Lo único que quería era aventura. Cuando se escabulló para ocupar el lugar de su primo como criadora de un alfa lejano, no tenía ni idea del peligro y la confusión a los que se enfrentaría. Pero entonces conoció a Kael, un Alfa capturado, y todo cambió.Kael. Llevaba años escondiendo de sus enemigos lo que quedaba de su manada destruida. Pero ahora que tenía a Gemma, tenía algo por lo que valía la pena luchar.¿Podrán los dos vencer a sus enemigos y encontrar paz para la manada Moonwake, para que por fin puedan estar juntos en paz, o ganará el Alfa rival?"Secuestrada por el Alfa Rival" es una obra de Claire Wilkins, autora de eGlobal Creative Publishing.
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RECHAZADO: El alfa tras la máscara

RECHAZADO: El alfa tras la máscara

“No solo eres humana, sino también débil y frágil, tan diferente a mi tipo”, gritó mientras la apretaba contra la pared. Su lobo aullaba dentro de él, pero lo ignoró por completo y la miró directamente a los ojos, donde se reflejaban el miedo y el dolor. “Nunca te aceptaré como mi compañera, no porque seas humana, sino porque no eres en absoluto mi tipo. Amo a otra persona, y ella será mi compañera”, escupió esas palabras con una rabia tan intensa que hizo que las rodillas de la joven temblaran de miedo. El alfa Eric había odiado y rechazado a su compañera desde el mismo día en que puso los ojos en ella. Haría cualquier cosa por sacarla de su vida… hasta que todo cambió la noche en que la encontró en un club BDSM, donde tuvo que disfrazarse con una máscara. P.D.: En este libro, los hombres lobo viven entre los humanos, y su existencia no es conocida por todos. P.D.: Esta historia contiene un alto contenido sexual, específicamente con temáticas de dominación y sumisión.
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El Arrepentimiento del Jefe de la Mafia

El Arrepentimiento del Jefe de la Mafia

Soy la sombra que el jefe de la mafia, Ignacio García, eligió personalmente para su amante, Luna López. La que enfrentaba el peligro en su lugar. Al tercer año de matrimonio, fui secuestrada por sus enemigos por octava vez. Ignacio llegó con sus hombres a rescatarme, pero a los cinco minutos de negociación, sonó el teléfono de Luna. —Ignacio, perdí en un juego. Tengo que besar a un hombre aquí. —Pero quiero guardar mi primer beso para ti. ¿Podrías venir? En el instante en que Ignacio se marchó sin dudarlo, el cuchillo del secuestrador se hundió en mi vientre. La sangre brotó como un surtidor. Sus hombres, como en las siete veces anteriores, arreglaron el asunto con dinero y me llevaron al hospital. En la ambulancia, escuché a alguien preguntarse si viviría lo suficiente para ver el día en que Luna pudiera valerse por sí misma. Todos rieron a carcajadas. Solo yo lloraba. La misión de salvar al jefe de la mafia había fracasado. El sistema me eliminaría. “Ignacio, no viviré para ver ese día.”
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Ojalá no hubieras sobrevivido ese día

Ojalá no hubieras sobrevivido ese día

Cuando tenía nueve años, quedé atrapada en una explosión mientras intentaba salvar a Joel Yorks, en donde la onda expansiva me arrebató la audición, por lo que, desde entonces, he tenido que usar audífonos. Joel se sintió tan culpable, que Insistió en pedirme la mano, y, con los ojos llenos de lágrimas, juró: —Helen, cuidaré de ti el resto de mi vida. Sin embargo, cuando cumplí dieciocho… todo cambió, porque él quería complacer a la chica más bonita de la escuela. Por esto, delante de ella y de todos nuestros compañeros, me arrancó el audífono, mientras decía con total desprecio: —Estoy harto de que seas una carga. De verdad desearía que no hubieras sobrevivido aquel día cuando tenías nueve años. Habría sido mejor que estuvieras muerta. Apreté mi informe audiológico y guardé silencio. Al llegar a casa, revisé en silencio mis solicitudes universitarias y, junto con mis padres, rompí formalmente el compromiso. A partir de entonces, Joel y yo seguiríamos caminos separados. No volveríamos a encontrarnos.
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La guerra terminó; mi vida comenzó.

La guerra terminó; mi vida comenzó.

Le dediqué treinta años de mi vida a Julián Marchetti después de que terminó la guerra. Construí su imperio, crié a nuestros hijos y mantuve unida a la familia desde las sombras. Pero, cuando murió, su testamento ni siquiera mencionaba mi nombre. La mitad de su fortuna fue para nuestros hijos. La otra mitad, para Lidia Carter, la hija del hombre que le había salvado la vida en Normandía. La misma mujer que había robado mi identidad y construido toda su vida sobre las ruinas de la mía. Lo único que me dejó fue una simple nota, garabateada con su inconfundible caligrafía: «Te amé. Tuvimos treinta años maravillosos. Pero le debo demasiado a Lidia. Esto es lo mínimo que puedo hacer por ella.» Caí muerta de un ataque al corazón ahí mismo, en su estudio, aferrada a ese patético pedazo de papel. Cuando volví a abrir los ojos, había vuelto a 1945, justo cuando la guerra acababa de terminar. Esta vez no iba a reprimir mi rabia ni a sufrir en silencio. Estaba decidida a defenderme y a reclamar todo lo que legítimamente me pertenecía.
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