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Traicionada por él, salvada por su rival

Traicionada por él, salvada por su rival

Para nuestro séptimo aniversario, mi compañero, el Alfa Ethan, nos envió a mi cachorra y a mí al Altar de la Diosa de la Luna. Me dijo que era una sorpresa: para cumplirle a nuestra cachorra su sueño de ver una lluvia de meteoritos desde el pico más alto del territorio. Pero Ethan nunca llegó. Las runas protectoras a mis pies chisporrotearon y luego se apagaron. El suelo bajo nuestros pies comenzó a desmoronarse. Mi cachorra gritó, su pequeño cuerpo iba deslizándose hacia el abismo. Me abalancé, agarrándole la mano justo antes de que cayera por el borde. Grité su nombre a través de nuestro enlace mental. Noventa y nueve veces, se negó a responder. En mi centésimo grito, el enlace no solo se abrió, sino que se rompió por completo. No fue su voz la que respondió. Fueron sus sentidos, inundando los míos. Lo vi todo. A él. A otra loba. Y a él, enterrado en lo más profundo de ella. —Sabía que me amabas, Ethan —ronroneó su voz empalagosa—. Incluso sacrificaste a Marcus, solo para salvar a nuestro Leo de la enfermedad del alma. Haría lo que fuera por ti. La voz de Ethan era de terciopelo y hielo. —Para. Si Sera no me hubiera traicionado, nunca habrías tenido la oportunidad de gestar a mi heredero. Una vez que me deshaga de su otra cachorra, la bastarda de Julian, podremos volver a ser perfectos. Mi mundo se hizo añicos. Mi cachorro... Renegados. Siempre creí que los renegados me lo habían robado. Pero fue su propio padre. Lo sacrificó por una mentira. Con mis últimas fuerzas, llamé a Julian. —Romperé mi vínculo con Ethan —gruñí en el nuevo enlace—. Hazme tu Luna. A cambio, te ayudaré a quemar su manada hasta los cimientos.
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El Error Que Puse En Cuatro

El Error Que Puse En Cuatro

—Ya, detente... no me beses, ay... Le eché el ojo a la hermana menor de la esposa de mi amigo y pensaba aprovechar la borrachera para llevármela a la cama. Lo que no me esperaba era que, a medio beso, me diera cuenta de que la mujer que tenía en los brazos era la esposa de mi amigo. —¿Cuñada? ¡Pero qué…! De cualquier manera, estaba igual de buena, así que decidí seguir con la corriente...
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Ya no quedan cristales, Alfa

Ya no quedan cristales, Alfa

Durante sesenta y seis noches de luna llena, el Alfa Zephyr me colmó de elaborados rituales de cortejo, suplicándome que aceptara ser su compañera. En la sexagésima séptima… finalmente dije que sí. La noche en que consagramos nuestro vínculo de apareamiento, le entregué una bolsita encantada con sesenta y seis cristales de luz de luna. Hicimos un trato: cada vez que rompiera mi corazón, yo aplastaría uno. Ese era el precio de mi perdón. En los seis años desde que nos unimos, rompió mi corazón una y otra vez por su amiga de la infancia, Chloe. Y cada vez… yo aplastaba un cristal. Cuando el cristal número sesenta y cuatro se convirtió en polvo, Zephyr por fin pareció notar que algo no estaba bien. Dejé de decirle que mantuviera su distancia con Chloe. Dejé de necesitar que estuviera a mi lado. Pero cuando intentó dejarme por esa Omega una vez más, lo sujeté del brazo. —Vas a ir con ella… ¿Debería aplastar otro cristal por esto? Zephyr se quedó inmóvil, con el cansancio reflejado en el rostro. —Haz lo que te dé la gana. De todos modos, te quedan muchos. Solo asentí, observando su espalda mientras desaparecía. Él todavía creía que los cristales de luz de luna eran infinitos. No tenía idea… de que solo quedaban dos en la bolsita.
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Gané la Apuesta Final contra el Mafioso

Gané la Apuesta Final contra el Mafioso

Marco Ross, mi novio a escondidas y la estrella en ascenso de la mafia neoyorquina, escondió un anillo en nuestra casa. Creí que era para mí. En lugar de eso, me llegó un video donde le pedía matrimonio a otra mujer, Bianca Conti, el día de nuestro aniversario. Esa misma noche, unos hombres enmascarados irrumpieron en mi casa, me encañonaron y me obligaron a llamar a Marco. Contestó una mujer: —Marco, te llama otra vez tu huerfanita. Luego escuché la voz tajante de él: —Ni te molestes, nena; esa es solo una huérfana que tiene suerte de ser tu sustituta, una callejera que tengo por ahí, una tipa que solo me sirve para calentarme la cama. Los hombres enmascarados me dispararon en el estómago y huyeron. Marco no sabía que yo era la verdadera heredera de los Conti. Bianca, a quien él tanto adoraba, no era más que una impostora. En su momento, me negué a llevar el apellido Conti por Marco, por miedo a que eso nos arruinara. Pero si yo nunca le importé, ¿por qué tendría que importarme él a mí? Llamé a mi padre: —Papá, vuelvo a casa, me hago cargo del negocio y acepto el acuerdo matrimonial, pero Bianca tiene que irse.
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Imperio en Llamas

Imperio en Llamas

Estuve casada con Dominic Santoro por cinco años, pero fue solo de nombre. Cinco años oculta tras puertas cerradas, sepultada bajo sus sábanas, borrada de su mundo. Cuando por fin aceptó llevarme de vuelta a Chicago, para estar a su lado, para que me vieran, creí que había ganado. Compré un vestido nuevo. Algo delicado y elegante. Digno de la mujer de un Don. La noche antes de irnos, me miró en el espejo y dijo con calma: —Quítate el maquillaje. Ponte pantalones. Le pregunté por qué. Se ajustó los gemelos como si yo no fuera más que ruido de fondo. —Juliana Lancaster regresó. Esta noche es nuestra fiesta de compromiso. Mafia rusa. Sangre Lancaster. Era una alianza matrimonial. Al ver que me quedé callada, se rio con crueldad. —¿Y esa cara? ¿No acordamos esto cuando nos casamos? Hermandad. Lealtad. Sin amor. Entonces volteó, con la mirada burlona. —Victoria Miller... no me digas que de verdad te enamoraste de mí. Me quedé paralizada. Porque, dentro del bolsillo interior de su traje a la medida, estaba mi informe de embarazo. Y el Don de Chicago no tenía idea de que la mujer que estaba a punto de sacrificar llevaba en el vientre a su heredero.
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Harta del apellido Moretti

Harta del apellido Moretti

Todo el sur de Italia sabía que Lorenzo Moretti me amaba con locura. Pero mantenía a una mujer mucho más joven en Nápoles. Decían que se parecía muchísimo a cómo era yo de joven. Él decía que ella solo le recordaba a la mujer que más había amado en su vida. Además, había dado órdenes estrictas: nadie debía hablarme de ella. Todo cambió el día en que descubrí que estaba embarazada. Fui a su oficina para darle la noticia en persona, pero me detuve frente a la puerta al escuchar la voz de una mujer joven al otro lado. —Lorenzo… ¿solo estoy aquí porque te recuerdo a ella? La puerta estaba entreabierta. Por la rendija vi a una joven que se parecía mucho a mí. Llevaba puesta la chaqueta de Lorenzo y sostenía una copa. Me quedé inmóvil, casi sin poder respirar. Entonces escuché su respuesta. —No te compares con ella. Ella nunca podrá ser como tú. Me marché de allí sin hacer ruido. Esa noche, llamé a mi madre. —Mamá, ya tomé una decisión. Ella guardó silencio por un momento. —Quiero un incendio —dije—. Algo que no deje sobrevivientes. Cuando todo termine, Sofia Moretti debe estar muerta para el mundo.
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Me Cancelaron por Darles una Guardería

Me Cancelaron por Darles una Guardería

Mis propias empleadas me cancelaron en redes. Dicen que la guardería gratuita que les ofrezco para sus hijos es una cárcel y que lo que yo quiero es obligarlas a quedarse hasta tarde. Pero ellas no tienen ni idea: esa guardería la monté desde cero, trayendo equipo y personal de afuera, con una inversión de alrededor de 800 dólares por niño al mes. Aun así, en redes sociales me están destrozando: que si es puro show, que si soy "capitalista asquerosa", que si es pura pose. Se me fue la cabeza y mandé un comunicado a toda la empresa: "Con el fin de atender la solicitud de mayor flexibilidad en el cuidado infantil, la empresa ha decidido cancelar el beneficio de la guardería gratuita. A partir de hoy, este beneficio se sustituye por un apoyo mensual para el cuidado infantil: las madres que cumplan con los requisitos recibirán 20 dólares al mes." Lo envié y explotó todo. En cuestión de minutos, se desató el caos. Ahora tienen ocupado el pasillo frente a mi oficina. Me están pidiendo, por favor, que no cierre la guardería.
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Mi esposo, su héroe

Mi esposo, su héroe

La viuda del mejor amigo de mi esposo subió una ecografía. «Gracias por tu esperma. Al fin voy a tener mi bebé.» Abrí la foto y me quedé en shock. En donde decía «padre del bebé», aparecía el nombre de mi esposo: Nelson Navarro. No dije nada. Solo dejé un comentario con un simple signo de interrogación. No pasó ni un minuto y Nelson ya me estaba llamando, furioso. —¡¿Qué te pasa?! —me gritó—. ¡Ella está sola, viuda! Solo quiere tener un hijo para no sentirse tan vacía. ¿Tan difícil es entenderlo? Eduardo fue mi mejor amigo, murió, y yo estoy cumpliendo con él. ¡Eso es lo que hace un hombre que tiene palabra! ¿O tú qué crees? Unos días después, la misma viuda subió otra foto. Esta vez, de un departamento nuevo, todo impecablemente decorado con muebles de lujo. «Menos mal que te tengo. Contigo volví a sentir el calor de un hogar.» En la imagen se veía a Nelson de espaldas, cocinando tranquilo, con el delantal puesto, concentrado frente a la estufa. «Ya está», pensé en ese momento. «Esta relación no da para más».
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Me Metí en La Novela y Él Me Eligió

Me Metí en La Novela y Él Me Eligió

Me metí en una novela. Y no como la protagonista ni como la villana, sino como una extra bonita, sin nombre, de esas que solo aparecen de fondo para rellenar escenas. El problema es mi hermano mayor: de todos los personajes, es el único que se comporta como una persona normal, y justo por eso, en la novela lo pintan como el “amor imposible” de la protagonista: un dios frío, reservado, casi intocable, al que ella jamás logra conquistar. Cuando ella se le declara entre lágrimas, él responde que está estudiando. Cuando le promete entregarle todo, él dice que anda montando un negocio. Cuando ella se deja caer y se pierde entre galanes, él ya está en la cima, con un éxito brutal y diez mil millones de dólares al año. Yo, de verdad, pensé que iba a vivir en paz, sin deseos, sin tentaciones, así para siempre. Hasta que una noche, ya de madrugada, lo encontré con una prenda que yo reconocería en cualquier parte entre sus manos… y, en voz baja, casi obsesivo, repitiendo un nombre una y otra vez. Un nombre demasiado familiar, demasiado cercano.
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La decimotercera novia del Alfa

La decimotercera novia del Alfa

Amé a Lucian durante años y renuncié a todo para salvar su vida, pero todo lo que recibí a cambio fue la mirada de asco en sus ojos. En mi vida pasada, fui obligada a convertirme en su compañera, pero al final, morí bajo las garras de los lobos renegados que él envió tras de mí, e incluso le rompió el cuello a mi hermano, Marcus con sus propios dientes. La noche en que renací, tomé una decisión diferente. Dejé que mi rival Ayara consiguiera lo que quería. Tuve una ceremonia de apareamiento con el brutal, Príncipe Draven en su lugar, aquel del que se rumoreaba que "mataría a su compañera", y ella pudo escapar y salvar a Lucian. Pero cuando se abrió la puerta del auto ceremonial, la persona que bajó fue el chico gentil que conocí cuando tenía cinco años. —Mírame bien, cariño. ¿Soy realmente tan aterrador como dicen los rumores? —Sus ojos ámbar estaban llenos de calidez y afecto. Resultó que él había orquestado doce ceremonias falsas, esperando simplemente a que yo creciera. Para cuando Lucian se puso de rodillas y me suplicó que regresara, ya era demasiado tarde; ahora yo era la Luna de Draven.
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