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Mientras Daba a Luz, Él Se Casó con Mi Hermana

Mientras Daba a Luz, Él Se Casó con Mi Hermana

El día del terremoto, mi hermana Elena me empujó desde el tercer piso; luego rompió a llorar y juró que solo había intentado salvarme. Todo el mundo le creyó. La única persona que se puso de mi lado fue Nicoló, el jefe mafioso más joven que había visto Sicilia en décadas. Me sacó entre los escombros con sus propias manos, me pidió matrimonio frente a todos y sentenció que, desde ese día, quien se atreviera a tocarme tendría que responder ante él. Dos meses después, quedé embarazada. Nicoló compró una isla entera y la cubrió de lirios, mis flores favoritas, todo para nuestra boda. Mi padre gastó una fortuna en un vestido de novia único, confeccionado exclusivamente para mí. Todos decían que yo era la mujer más envidiable de toda la familia. Pero cuando llegó el momento del parto, ambos desaparecieron sin dejar rastro. Mi padre me explicó que la familia tenía un trato crucial en juego. Nicoló besó mi vientre abombado, murmuró que volvería pronto y prometió traer regalos para mí y para nuestro bebé. Justo antes de que me llevaran en camilla a la sala de partos, un video anónimo llegó a mi celular. En las imágenes, Nicoló vestía el traje de novio. A su lado estaba Elena, con una mano reposando sobre su propio vientre embarazado y luciendo mi vestido de novia. Se aferraba al brazo de mi prometido, como si lo hubiera conquistado con total legitimidad. Al final del video, mi padre bajó el tono de voz y preguntó: —Si tú y Valentina solo mantienen un matrimonio de papel, ¿qué será del hijo que ella va a dar a luz? Nicoló guardó silencio durante dos segundos antes de responder con frialdad: —Valentina lo tuvo todo desde la infancia. Elena ha cargado toda su vida con la mancha de ser hija ilegítima. Su hijo no tendrá que vivir con ese estigma. Comprendí entonces que toda esa ternura nunca había sido para mí. Estaba destinada a Elena. Bien. Que se tengan el uno al otro.
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Renací y Dejé de Amarte

Renací y Dejé de Amarte

Al enterarse de que Bruno Muñoz, su primer amor, había muerto, mi esposa de mi vida anterior, con quien estaba de luna de miel a bordo de un crucero, se lanzó por la borda y se quitó la vida. Fue entonces cuando entendí que ella nunca había logrado olvidar a Bruno. Cuando volví a nuestros años de juventud, ella me soltó la mano sin dudarlo y caminó directo hacia Bruno. Los vi alejarse y luego me di la vuelta. Desde ese momento, nuestras vidas serían como dos líneas paralelas que jamás volverían a cruzarse. Diez años después, nos reencontramos en una recepción en San Camilo. Ella ya se había convertido en una figura emergente de la alta sociedad y apareció del brazo de Bruno, mostrándose muy cariñosa con él. Al verme entrar a la recepción buscando a alguien, no pudo evitar soltarme: —¿Por qué sigues tan aferrado a mí? Aunque lleves diez años esperándome, jamás voy a enamorarme de ti. No le hice caso. Solo fui a un rincón y saqué de ahí a mi hijo, que estaba comiéndose a escondidas un pedazo de pastel. De pronto, a Ximena se le llenaron los ojos de lágrimas y me tomó la mano con fuerza. —Lo haces para provocarme, ¿verdad? ¿No dijiste que en esta vida solo me amarías a mí?
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Tabú: Ataduras y Pecados - Fetiches

Tabú: Ataduras y Pecados - Fetiches

Contenido adulto. Explícito. Provocador. Entre el placer y el peligro, no hay reglas, solo límites por poner a prueba. En este segundo volumen de la serie Tabú, el deseo adopta nuevas formas y el cuerpo se convierte en territorio de entrega, dominación y secretos inconfesables. Cada relato se sumerge en un universo distinto: lujuria a media luz, sumisiones consentidas, fantasías que arden en la piel y juegos que desafían la moral, el poder y el placer. Hombres y mujeres se despojan no solo de la ropa, sino también de las máscaras. Ataduras, vendas, órdenes susurradas y gemidos prohibidos: nada aquí es inocente. En “Tabú: Ataduras & Pecados - Fetiches”, el fetiche es rey y el pecado, una invitación. Prepárate para perder el aliento, cruzar fronteras y descubrir el lado más crudo e irresistible del deseo humano. Tabú: Ataduras y Pecados - Fetiches no es solo una lectura. Es una rendición.
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Mil Divorcios Y Un Escape

Mil Divorcios Y Un Escape

Divorciados y vueltos a casar. Ya ni sé cuántas veces Aaron y yo hemos pasado por lo mismo. Antes me trataba como si yo fuera lo más valioso para él, pero no había pasado ni un año de la boda cuando me pidió el divorcio por primera vez. La razón era sencilla: Vivian iba a regresar. —Vivian es una figura pública —me dijo—. No quiero que nadie piense que se está metiendo con un hombre casado. Esa actriz de cuarta no era nadie si no fuera por el sacrificio de su padre. Le dieron un balazo que iba para Aaron. Una vida por otra. Y por eso, Aaron sentía que le debía todo. Cada vez que Vivian volvía al país, Aaron se divorciaba de mí. Y cada vez que se iba, nos volvíamos a casar. La primera vez que terminamos, ahogué mis penas en whisky y volví a su casa a tropezones, medio borracha. Las luces de la casa se veían cálidas. Estaba con ella. Y yo me quedé afuera, temblando de frío, resistiendo la noche entera. La segunda vez, le seguí el rastro a todos lados; restaurantes, subastas, galas de beneficencia, solo para “encontrármelo por accidente” una y otra vez. Con el tiempo, aprendí. En cuanto mencionaba el divorcio, yo hacía mi maleta en silencio y me iba de su mansión sin hacer ruido. Mi amor y la humillación me mantuvieron atrapada en ese ciclo interminable de rupturas y reconciliaciones. Pero esta vez, cuando Aaron me esperó en el registro civil para volver a casarnos, no fui.
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Embarazo y Explosión: Él Enloqueció

Embarazo y Explosión: Él Enloqueció

Giorgo Romero, el Don de la familia Romero, cayó en una emboscada tendida por un demente suicida que llevaba explosivos atados al cuerpo. Cuando eso ocurrió, mi esposo, Fabio López, y sus hombres ya se habían marchado a un desfile de moda con su amor de la infancia, Reina Digiorno, para escoltarla y protegerla allá. En lugar de presionar el botón de señal en mi anillo, me lancé hacia Giorgo a pesar de estar a punto de dar a luz. Así, con mi propio cuerpo, lo protegí de la explosión. Sin embargo, en mi vida anterior, sí había presionado el botón. Fabio había dejado plantada a Reina para regresar corriendo a la escena y salvarle la vida a Giorgo. Gracias a ese mérito, lo ascendieron al puesto de subjefe. Pero Reina se enfureció con Fabio por abandonarla antes de tiempo y, por pura rabia, cruzó la autopista sin mirar a los lados. Así fue como la atropellaron y murió. Fabio no dijo nada… pero el día en que entré en trabajo de parto, me mandó a una casa de subastas clandestina. —¡El Don tenía a tantos soldati protegiéndolo! ¿Por qué me obligaste a volver, entonces? ¿No es porque solo querías la gloria de ser la esposa del subjefe? ¡Si no fuera por ti, Reina no habría muerto! ¡Debes sufrir mil veces lo que ella sufrió! Yo solo podía mirar cómo los invitados pujaban por mis órganos, uno por uno. Ni siquiera el cordón umbilical de mi recién nacido se salvó de la subasta. Al final, morí por una infección que se produjo mientras me arrancaban los órganos. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que emboscaron a Giorgo.
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Me fui… y todos enloquecieron

Me fui… y todos enloquecieron

En la Noche de la Luna Cenital, el heredero del trono celebró un gran banquete en el Palacio de Mármol. Aquella noche, decidió expulsar a todas sus consortes del harén solo por su favorita. Mientras otras recibían oro y regresaban con alegría a sus hogares para reencontrarse con sus familias, yo no tenía a dónde ir. Solo podía quedarme en silencio, en un rincón, sin ningún lugar a donde ir en este mundo. Lo único que pude encontrar fue una venda de seda blanca para colgarme en la entrada del palacio abandonado. Llegué a este mundo desde otra realidad y, durante veintiún años, intenté completar las misiones del sistema, que era conquistar a los cuatro hombres más influyentes del imperio. Pero uno tras otro… fracasé. Y ahora, en el último objetivo también había fallado. El sistema me dio una única salida. [Cuando este cuerpo muera, podrás regresar con tu familia.] Y antes de que comenzara a desvanecerme y abandonar este lugar, me dirigí al portón del palacio abandonado. No dejé palabras de despedida, ni tampoco dejé rastro de mi existencia. Solo el silencio. Y entonces… en medio de la oscuridad, juraría haber escuchado voces desesperadas gritando mi nombre desde el interior del palacio.
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Bota y Rebota La Suegra

Bota y Rebota La Suegra

—Yerno, puedes ser más brusco... Era de madrugada. La mujer madura, desnuda, puesta en cuatro sobre la cama, volteó a verme mientras empujaba sin parar ese trasero redondo hacia atrás. Sus labios carnosos se entreabrían, y esa mirada perdida de deseo era capaz de derretir a cualquiera. Un día antes, ni en sueños habría imaginado que tendría a mi voluptuosa suegra sometida debajo de mí...
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Cuando mi amor de cien años se convirtió en cenizas

Cuando mi amor de cien años se convirtió en cenizas

Estaba a punto de formar un vínculo de sangre con otro lord vampiro. Pero mi pareja de un siglo, Kaelan, no tenía ni idea de esto. Él se encontraba demasiado ocupado encariñándose con su nueva asistente humana, Sylvia. Han pasado noches enteras en su oficina, bajo el pretexto de estar «investigando sangre sintética». Incluso convirtió nuestro aniversario de cien años en la fiesta de cumpleaños de ella. Ese día, frente a todos, Kaelan le presentó un pastel Selva Negra decorado con «Silver Bells». Ellos se reían, untándose glaseado el uno al otro. Se olvidaron que esas flores son un veneno mortal para mí. Mi poder se hizo añicos. La agonía me desgarró mientras las sombras se desataban, incontrolables. Los guardias de mi familia tuvieron que arrastrar mi cuerpo convulsionando. Y, mientras yo me recuperaba sola en la bóveda fría y oscura, Kaelan seguía en la fiesta, bañándose en los vítores para él y Sylvia. La sangre en mis venas se convirtió en hielo. Un siglo de amor y esperanza se redujo a cenizas. En ese momento, acepté el arreglo de mi familia. Sin dudarlo. Una unión con el lord del Trono de Obsidiana; un vampiro del que dicen que es la encarnación del poder.
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Fallé la Misión y Ellos Lloraron

Fallé la Misión y Ellos Lloraron

Tras morir, desperté dentro de un juego de conquista amorosa. El sistema me asignó tres objetivos de conquista. Si seguía las instrucciones del sistema y lograba conquistar a cualquiera de ellos, podría volver a mi mundo original y revivir. A partir de mi experiencia, preparé para cada uno una ruta de conquista impecable. Sin embargo, creí que no había logrado conquistar a ninguno. Porque, a mis ojos, todos habían terminado atraídos por la protagonista de ese mundo, la protegida de todos. Los vi decirme cosas cada vez más crueles, como si quisieran verme muerta cuanto antes. Y tal como ellos querían, cuando fallé la misión, el sistema me eliminó. Pero cuando me vieron morir, todos se arrepintieron. Y rogaron al cielo que me devolviera a su lado.
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La Contadora Robot: Renuncia y Caída

La Contadora Robot: Renuncia y Caída

En el baño de la oficina, oí a alguien hablando mal de mí. Era la pasante a la que guié durante tres meses. Se quejaba: —Es una vieja bruja sin tacto, como un robot con el cerebro apagado. Yo ya estaba a punto de abrir la puerta para interrumpirlas cuando otra, entre risas, remató: —Faltan papeles. Las facturas no están en regla. Sin la firma del director no se puede pagar. ¡Ya nos sabemos de memoria sus frases de siempre; puro teatro! Cuando se fueron, regresé en silencio a mi oficina. La pasante azotó una pila de solicitudes de reembolso con sus facturas adjuntas sobre mi escritorio. —No vayas a buscar cualquier pretexto para negarles el reembolso otra vez. Eché un vistazo a las facturas falsas y, por primera vez, no las cuestioné. Esta vez, sonreí apenas: —Me duele la cabeza; no logro leer bien la letra.
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