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Renunciando a nuestro amor

Renunciando a nuestro amor

Después de que el hermano mayor de Leo Carter falleció, su madre propuso que él se casara con la esposa embarazada de su difunto hermano, Ariel Sullivan. Leo se negó. —Fawn es mi vida —dijo con frialdad—. Prefiero renunciar a heredar la posición de mi hermano como Don antes que traicionar a mi esposa. Me conmovió profundamente su devoción. Eso fue hasta que accidentalmente escuché una conversación entre Leo y su madre. —El hijo que Ariel lleva en el vientre es claramente tuyo —dijo su madre con dureza—. Entonces, ¿por qué no quieres casarte con ella? Leo exhaló una nube de humo. Su mirada se perdió en la distancia, indescifrable. —Le prometí a Ariel que le dejaría un heredero a mi hermano —dijo con calma—. Pero esto se queda entre nosotros. Si Fawn alguna vez se entera, estoy muerto. La expresión de su madre se ensombreció. —¿Y qué si se entera? Ella ni siquiera puede tener hijos. ¿Vas a terminar con el linaje de la familia por su culpa? Leo la interrumpió, su voz repentinamente fría y peligrosa. —Si se entera, me dejará. Y no puedo sobrevivir a perderla. Si quieres un nieto, entonces mantén la boca cerrada. Me alejé tambaleándome, aturdida, y la sangre en mis venas se volvió lentamente fría. Leo me entendía mejor que nadie. Sabía que en mi mundo el amor no podía tolerar una traición. Así que, en el momento en que me traicionó, tomé mi decisión. Me marchaba.
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Lo dejé y me llevé todo lo que me debía

Lo dejé y me llevé todo lo que me debía

Mi esposo estaba trabajando durante las fiestas, otra vez. Lo habían enviado fuera de la ciudad para supervisar una de las operaciones portuarias de la Familia y una serie de casas de juego. Por lo tanto, decidí comprar un boleto y sorprenderlo. Solo quedaban asientos en clase ejecutiva. Mirando el precio de cinco cifras, apreté los dientes y me gasté los ahorros de todo un año. Todo para que luego ni siquiera pudiera averiguar cómo bajar la maldita bandeja. La socialité sentada a mi lado soltó una risa fría. —¿Nunca has volado en clase ejecutiva? Forcé una sonrisa incómoda. —Disculpa. Tú debes de ser… importante. Tienes esa aura. —¿Oh, yo? No. El hombre que me mantiene es el importante. Alquilaría un jet privado si yo se lo pidiera. La clase ejecutiva es prácticamente rebajarse. Parpadeé. —¿Un… benefactor? Eso es raro. —Para nada. Soy su secretaria. Cometo muchos errores. Le cuesta una fortuna. Me grita hasta que lloro. Y luego, bueno… llorar lleva a otras cosas. —Ella guiñó un ojo—. Ya sabes cómo es. —Qué curioso —dije, con la voz tensa—. Mi esposo tiene una asistente que le ayuda a manejar las cuentas de los muelles. También se equivoca mucho. —¿Estás casada? Me recorrió de arriba abajo con la mirada. —Mi hombre tiene una esposa de tu edad. Dice que está harto de ella. Que tocarla es aburrido. Dice que es mucho más emocionante el simple hecho de apartarme el cabello de la cara. Se inclinó más cerca. —Le dije que quería verlo para Año Nuevo. Así que le dijo a la esposa que tenía que trabajar. En ese momento, el diamante en su dedo atrapó la luz. Era idéntico al anillo de boda que yo había perdido. El cuerpo se me heló. No. Matteo solo era un ejecutor de bajo nivel. Un simple soldado en el que la Familia confiaba ocasionalmente para hacer operaciones menores: envíos en el muelle, apuestas clandestinas, nada más. ¿Cuándo se convirtió en un Don?
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Traición a la luz en la cena de Navidad

Traición a la luz en la cena de Navidad

Aquella Navidad, mi esposo estaba lejos, atrapado en un viaje de trabajo que lo mantuvo apartado de mí en una fecha que siempre imaginé distinta. Como si eso pudiera remediarlo, ordenó que me enviaran una cena navideña de un restaurante elegante, directo hasta la puerta de mi casa. Pero al abrirla, algo dentro de mí se quebró. No solo estaba llena de mariscos —justo lo único que no puedo comer—, sino que además incluía un menú infantil. El repartidor, incómodo, bajó la mirada y se disculpó. Me explicó que mi esposo había encargado dos pedidos a direcciones diferentes, y que se había confundido. Dos pedidos. Esa idea se quedó flotando en mi mente, pesada, inquietante… imposible de ignorar. Sin pensarlo demasiado, fui a la dirección que aparecía en el recibo. Y ahí, frente a mí, la verdad tomó forma. En el jardín iluminado de una enorme mansión, lo vi. Mi esposo. Sonriendo como nunca conmigo. Estaba junto a una mujer y un niño, ayudándolos a recoger dulces de un árbol de Navidad decorado con esmero. El pequeño corrió hacia él y se lanzó a sus brazos con una naturalidad que me heló la sangre. —Papá, este año quiero un parque de juegos para mi cumpleaños —dijo, con los ojos brillantes. Él rio suavemente, como si ese momento fuera lo más importante del mundo. —Claro que sí… —respondió, pellizcándole la mejilla—. Y a mamá le regalaré un juego nuevo de joyas. La mujer se recostó contra su hombro, radiante, como si ese lugar siempre le hubiera pertenecido. —Amor, eres increíble con nosotros. Saqué mi teléfono, temblando, y grabé cada segundo de esa escena que ya no podía negar. Después, envié el video a mi abogado. “Necesito el divorcio lo antes posible… para que mi esposo pueda volver con su verdadera familia”.
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Morí traicionada, renací para destruirlo

Morí traicionada, renací para destruirlo

El mismo día que me tocó dar a luz, la alumna de mi esposo —embarazada y con el orgullo atravesado— decidió largarse sola a escalar la Cordillera de los Andes. Mientras él se la pasaba buscándola sin dormir, como un desesperado, yo estaba en el hospital, desangrándome en un parto complicado que me mandó directo a terapia intensiva. Cuando por fin abrí los ojos, lo primero que vi fue al médico entregándole a mi esposo el parte donde decía que mi vida estaba en riesgo... y él, en vez de acercarse a darme un poco de consuelo, me aventó en la cara los papeles del divorcio. —Camila es mi mejor estudiante —me soltó, serio—. No me voy a quedar de brazos cruzados viendo cómo hace semejante locura. Tú vas a ser mamá, te toca aguantar. En esa vida no firmé. Apenas salí de la sala de partos, me fui directo a la universidad a denunciarlo por la relación que tenía con su alumna. A ella la terminaron sacando del posgrado, y la presión fue tan fuerte que un día se cortó la garganta delante de mí. Cuando él llegó, ya no había nada que hacer: dos vidas se habían ido de golpe. Él no dijo una sola palabra, organizó el entierro y después me trató como si nada hubiera pasado. Yo, ingenua, pensé que por fin la vida iba a darme un respiro. Pero el día que nuestra hija cumplió un año, él le pisó al acelerador y el carro en el que íbamos se fue directo al precipicio. Ese mismo día... se cumplía un año de la muerte de su alumna. Cuando volví a abrir los ojos, estaba otra vez en la sala de partos, justo en el momento en que casi se me iba la vida.
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¿Divorciada del heredero de la mafia?

¿Divorciada del heredero de la mafia?

Se dice que Marco Colombo, heredero de la familia Colombo de Chiron, estaba celebrando hoy la boda de su amante, Gina Bilotti. La escala del evento era diez veces más grandiosa que cuando se casó con Isabella Pratico en una unión política. Me apoyé en la baranda de ébano del segundo piso. Sorbaba mi vino tinto mientras observaba con ligera diversión el bullicio de copas chocando y los invitados socializando abajo. Gina definitivamente era la favorita, incluso llevaba un collar de rubíes. Hay que saber que ese conjunto de joyas era una reliquia de la familia Colombo. Era algo que solo la Donna y la esposa del heredero tienen permitido usar. —Tú debes ser Isabella, la que Marco no ama. Una voz sonó de repente a mi lado. Giré la cabeza y vi a la mujer que llevaba el collar de rubíes frente a mí. Gina había subido al segundo piso en algún momento y ahora me miraba con una sonrisa astuta. Me quedé congelada por un instante, sin poder responder. De repente, me agarró la mano y la jaló con fuerza hacia ella. Se escuchó un sonido agudo de tela rasgándose, y el dobladillo de su vestido de novia se rompió en una larga abertura. Gina soltó un grito y las lágrimas empezaron a caer de inmediato. —Señora Colombo, ¿por qué rompió mi vestido de novia? ¡Marco lo mandó a hacer especialmente con un diseñador independiente solo para nuestra boda! Si realmente no puede tolerar mi presencia, hoy mismo terminaré con Marco y me iré de Chiron… Los invitados alrededor levantaron la vista y me miraron con furia. Me quedé en shock, porque yo no era Isabella. Yo era la nueva esposa del padre de Marco, la mujer del actual Don, y la Donna de la familia Colombo.
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La guerra terminó; mi vida comenzó.

La guerra terminó; mi vida comenzó.

Le dediqué treinta años de mi vida a Julián Marchetti después de que terminó la guerra. Construí su imperio, crié a nuestros hijos y mantuve unida a la familia desde las sombras. Pero, cuando murió, su testamento ni siquiera mencionaba mi nombre. La mitad de su fortuna fue para nuestros hijos. La otra mitad, para Lidia Carter, la hija del hombre que le había salvado la vida en Normandía. La misma mujer que había robado mi identidad y construido toda su vida sobre las ruinas de la mía. Lo único que me dejó fue una simple nota, garabateada con su inconfundible caligrafía: «Te amé. Tuvimos treinta años maravillosos. Pero le debo demasiado a Lidia. Esto es lo mínimo que puedo hacer por ella.» Caí muerta de un ataque al corazón ahí mismo, en su estudio, aferrada a ese patético pedazo de papel. Cuando volví a abrir los ojos, había vuelto a 1945, justo cuando la guerra acababa de terminar. Esta vez no iba a reprimir mi rabia ni a sufrir en silencio. Estaba decidida a defenderme y a reclamar todo lo que legítimamente me pertenecía.
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Lo Hice Rey y Eligió a Otra

Lo Hice Rey y Eligió a Otra

Durante tres años, me hice pasar por una esposa sumisa para proteger el ego de Gabriel, mientras en secreto, como heredera del Grupo Perla, era quien realmente construía su imperio desde la sombra. Nadie lo sabía… nadie imaginaba que detrás de cada contrato y cada oportunidad estaba mi mano. Hasta la noche de su gala de victoria. El hombre al que llevé a la cima… eligió coronar a otra mujer como su reina… la misma que lo había abandonado cuando no tenía nada. —Mientras otros solo estuvieron presentes —dijo Gabriel con una sonrisa fría—. Anna fue el fuego detrás de mi éxito. Su brazo rodeaba la cintura de su ex con naturalidad, como si yo nunca hubiera existido, como si todo lo que hice no valiera nada. Me quedé en silencio… y él, como siempre, lo interpretó como debilidad. Creía que su éxito era mérito propio, que ese contrato lo había ganado por talento. No tenía idea de que la mujer a la que apartó era la dueña de todo lo que lo rodeaba… incluso del escenario bajo sus pies. Bajé la mirada un segundo y luego sonreí. —Se acabó —murmuré. Ya no iba a ser su sol. Que disfrutara la oscuridad… porque al amanecer, me llevaría la luz conmigo.
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La gota que colmó el vaso

La gota que colmó el vaso

Mientras el Alfa Leon bailaba con su asistente en la pista, yo bebía vino con los lobos. Para evitar ofender a alguien, permití que su ser embriagado rozara mi muslo con su mano fría. Aún así, Leon nunca me dirigió la mirada. Toda su atención estaba centrada en ayudar a su asistente a apartar un mechón de cabello rebelde de su frente, preguntándole suavemente si tenía hambre. Cuando el banquete terminó, la asistente se quejó de aburrimiento, y Leon se la llevó de inmediato, dejándome atrás para la siguiente ronda de festividades. —La joven loba ha estado muy ocupada con el trabajo últimamente. Solo la llevo a relajarse. A ti no te gustan los bares, así que no nos sigas. Además, no volveré esta noche. Pospondremos la marca de mañana para otro día. Habíamos sido compañeros durante cinco años. Aunque él me dio el título de Luna, nunca me marcó. Esta era la novena vez que, Alfa Leon Gray cancelaba unilateralmente el ritual para marcarme. Así que asentí. Como él siempre estaba ocupado, tal vez esa marca era innecesaria.
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El Alfa me Rechazó, el Rey Alfa me Reclamó

El Alfa me Rechazó, el Rey Alfa me Reclamó

La vidente profetizó que yo me uniría con el Alfa y daría a luz al heredero más fuerte de la manada. Por eso, desde pequeña ya estaba decidido que me casaría con el Alfa, para que en el futuro pudiera convertirme en la Luna. Sacrifiqué toda mi juventud: sangré, luché y soporté. Cada sonrisa, cada paso, cada respiro… todo fue para convertirme en la Luna perfecta. Pero, ¿qué era lo que realmente estaba esperando? El día de la ceremonia de parejas, Guillermo apareció acompañado de una chica embarazada de sangre Omega: Luisa. Frente a todos, Guillermo anunció que, durante una cacería, ella había ingerido por accidente una hierba venenosa, quedando embarazada. Él debía asumir la responsabilidad y casarse con Luisa, para que ella se convirtiera en la nueva Luna. Al ver su expresión, firme e indiscutible, mi voz tembló al preguntar: —¿Y yo? ¿Qué voy a hacer? Él, sin dudar ni un instante, respondió de inmediato: —Susan, por esa profecía usurpaste el lugar de la futura Luna, disfrutando demasiado tiempo de un privilegio que no te correspondía. Ahora debes ceder tu lugar. —Pero no te preocupes porque te expulse. Mientras continúes siendo la sirvienta de Luisa para expiar tu culpa, podrás seguir a mi lado por siempre. Todo quedó en silencio; su mirada era como una montaña aplastándome. Yo no tenía reacción ni podía pedir nada; solo pude quitarme lentamente el velo y devolver el anillo de compromiso que simbolizaba a la futura Luna. Cuando el hijo de Luisa nació, era únicamente de sangre Omega. Fue entonces cuando Guillermo comprendió que la profecía era cierta: solo yo podía engendrar al Alfa destinado a liderar el linaje. Pero cuando él se arrepintió y me pidió que regresara, ya era demasiado tarde. Yo ya me había comprometido con el Rey Alfa; ya no le pertenecía.
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One Night Stand: Cariño, serás mía

One Night Stand: Cariño, serás mía

Tras una apasionada aventura de una noche con un apuesto desconocido llamado Joel, Primrose descubre por casualidad que él es su prometido, además de uno de los multimillonarios más ricos del mundo. Intenta huir de él y de ese extraño matrimonio, pero poco a poco Joel se le acerca y la retiene a su lado. —¿Quieres escapar de mí? Cariño, no hagas esto. Eres mía. Joel sonrió suavemente, sujetó con delicadeza la barbilla de Primrose y depositó un beso ligero. Desde el momento en que la conoció, ya había decidido mantenerla a su lado por el resto de su vida. Al final, ¿podrán estar juntos para siempre?
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