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La Sombra Del Pastel

La Sombra Del Pastel

En la penumbra del cine privado, mi padrastro me llevó a ver una película para adultos; dijo que era mi regalo de cumpleaños. Mientras miraba en la pantalla a un hombre y una mujer disfrutando de lo que hacían, sentía un cosquilleo por todo el cuerpo. No pude evitar apretar los muslos mojados, intentando soportar esa corriente entumecedora. Al verme con la cara enrojecida, mi padrastro me metió la mano y me arrancó los calzones. —Te voy a enseñar a ser toda una mujer. ¿Te vas a portar bien?
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El día de la boda, expuse su diario de infidelidades

El día de la boda, expuse su diario de infidelidades

Después de que me despidieran, mientras buscaba trabajo, me encontré con una publicación: —¿Qué trabajo da dinero más rápido? La respuesta con más me gusta decía: —Obvio, conseguir un sugar daddy es lo más rápido. El mío tiene poco más de treinta y ya es presidente de un grupo empresarial. Me mantiene con varios miles de dólares al mes, es guapo, atento… y en la cama ni se diga, puede pasar toda la noche conmigo sin cansarse. Alguien preguntó cómo lo había conocido. —En mayo del año pasado discutió con su novia. Estaba solo en un bar, borracho. Al verlo, fui a consolarlo y, al final terminamos juntos. Me dijo que su novia era una aburrida y anticuada, que parecía una vieja en la cama. Y que ya había perdido el interés en ella. Los hombres son así, siempre buscan algo nuevo afuera. Cuando leí eso, mis dedos se quedaron congelados. Pues en mayo del año pasado, yo también había discutido con mi novio, Bryan. Esa noche no volvió a casa. Y cuando regresó al día siguiente, traía un fuerte olor a alcohol. Seguí mirando, y vi que la chica también había subido una foto. —Miren, le dije que no tuve cuidado cocinando y que sin querer me corté el dedo, le dije que me dolía y él prometió que venía a cuidarme esta noche. En la imagen, llevaba un anillo de diamantes en el dedo anular, cubierto parcialmente por una curita. Ese anillo era exactamente igual al anillo de compromiso que Bryan me había dado. Casi al mismo tiempo, sonó mi teléfono. Del otro lado de la llamada se escuchó la voz de Bryan. —Bella, surgió algo urgente en la empresa. No me esperes en la noche, no regresaré.
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Lo Grande del Entrenador

Lo Grande del Entrenador

—Entrenador, por favor ya no te presiones más contra mí. Tengo los leggings empapados. En el gimnasio, la alumna tenía un cuerpo espectacular y un trasero redondo, firme y voluptuoso. Me presioné a propósito contra su profunda hendidura. Ella percibió lo extraño y apretó las nalgas con fuerza. Esa sensación me encendió la sangre al instante. Lo que más me excitaba era que ella había reaccionado a mi roce y se bajó los leggings voluntariamente.
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La Traición De Mi Esposo Bajo Mi Bisturí

La Traición De Mi Esposo Bajo Mi Bisturí

Llevaba cinco años casada con Matteo, el Don de los Lamberti. Nadie sabía que yo era su esposa. No me interesaban los privilegios ni llamar la atención, así que preferí mantenerme invisible. Estábamos enamorados. Se sentía como si todavía estuviéramos saliendo, como en los primeros días. Pero mi primer día en el nuevo hospital lo echó todo a perder. —No lo va a creer. —Una colega se acercó con una sonrisa—. ¿A que no sabe quién es el esposo de la nueva paciente? Matteo Lamberti. Me quedé paralizada. “Si ella era su esposa... ¿entonces quién era yo?” Estaba embarazada. Esperaba al futuro heredero de los Lamberti. “¿Entonces qué lugar tenía el bebé que yo esperaba?” Mantuve la compostura. Hice la revisión y me comporté como una doctora profesional. Nadie notó el pánico que me carcomía por dentro. Me dije que solo eran rumores. Mentiras. Tenía que ser así. Luego escuché a Matteo llamarla “mi princesa”. Eso fue todo. Él ya tenía una nueva “princesa”. Y yo tenía que dejarlo ir.
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El perfume de la belleza

El perfume de la belleza

Me llamo Ignacio Pérez. Soy un hombre pobre, acorralado por las deudas y al borde de la desesperación. Cuando ya no veía salida, apareció un hombre que me enseñó otro camino... Y desde ese momento, mi vida cambió por completo.
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Por ti, pero no más

Por ti, pero no más

En la manada hay una regla de oro: el heredero Alfa nunca debe tener a una humana como compañera. Pero César Oliveira, el Alfa, rompió ese juramento y me marcó. Para estar conmigo, desafió al Consejo de Ancianos sin pensarlo, recibió noventa y nueve latigazos y fue condenado a arrodillarse frente al altar durante tres días y tres noches. Aunque su camisa estaba hecha trapo por la sangre, me sostuvo la mirada y me regaló una sonrisa. —Alicia, no tengas miedo, solo te quiero a ti. Al final, el consejo cedió y aceptó que nos fuéramos, pero a cambio, César debía dejar un heredero de linaje puro para la manada. Desde ese momento, la palabra que más escuché de su boca fue: "Espera." La primera vez, me pidió que esperara porque necesitaba que otra loba quedara embarazada. Así fue. Se acostó con Gloria... hasta que ella esperó su primer cachorro. La segunda vez, me pidió que esperara una vez más, porque esa vez fue una cachorra, y el consejo se empecinaba en que tenía que ser un cachorro. Así que volvió a acostarse con Gloria innumerables veces, hasta que ella quedó embarazada de un cachorro. Justo cuando pensé que, por fin, la espera había llegado a su fin, esa cachorra, recién bautizada, ingirió acónito por accidente. Todos asumieron que yo había sido la culpable. Cuando me metieron en esa cámara de congelación, a veinte grados bajo cero, César estaba en la puerta, con los ojos inyectados en sangre. —Te dije que esperaras... —me lanzó una mirada fría, tan helada que me quitaba el aliento—. Sabes lo que significa el veneno de lobo para nosotros, ¿por qué le hiciste daño a mi cachorra? ¡Qué locura! Sentí un tirón en el pecho, como si me hubieran arrancado el alma. Mis uñas se hundieron en la palma de mi mano, y no sentí dolor. Cuando la puerta de la cámara se abrió de nuevo, abrí mi mano, que estaba bañada en sangre. Esta vez, no esperaría ni un minuto más.
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La Amante Favorita del Don Desapareció

La Amante Favorita del Don Desapareció

Soy la mejor falsificadora de arte y especialista en inteligencia de Chicago. Y me enamoré del hombre que lo poseía todo, Don Vincenzo Russo. Durante diez años, fui su secreto, su arma y su mujer. Construí su imperio desde las sombras. Pensé que recibiría un anillo. Después de todo, cada noche que estaba en esta ciudad, estaba enterrado dentro de mí, tomando su placer. Me susurraba que yo era suya y que nadie más se sentía tan bien. Pero esta vez, después de terminar conmigo, anunció que se casaría con la princesa rusa de la Bratva, Katerina Petrov. Ahí fue cuando lo supe. Yo no era su mujer. Solo era un cuerpo. Por una alianza, por ella, me sacrificó. Me dejó morir. Así que destruí cada pieza de la vida que me dio. Hice una llamada a mi padre en Italia. Y luego, desaparecí. Pero cuando el Don, dueño de Chicago, no pudo encontrar su juguete favorito... se volvió loco.
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Cincuenta Mil Razones para Vengarme

Cincuenta Mil Razones para Vengarme

Me disponía a irme del restaurante de mi hermano cuando la gerente me detuvo. —Señorita, no ha pagado su cuenta todavía. Al ver su cara desconocida, pensé: "Debe ser nueva y no me conoce". Así que me expliqué con calma: —Cárgalo a la cuenta del señor Blanco. Él ya sabe. La gerente me lanzó una mirada llena de desprecio. —Señorita, somos un Tres Estrellas Michelin. Aquí no cargamos cuentas a nadie —dijo, entregándome la cuenta impresa. Bajé la mirada y la revisé: cincuenta mil dólares por una comida. Incluía: "Mantenimiento de vajilla brillante: tres mil. Purificación de aire exclusiva: cinco mil. Servicio de manejo emocional para VIPs: diez mil". Y montones de conceptos absurdos más. No sabía que mi hermano hubiera abierto un lugar tan estafador. Solté una risa sarcástica. —Soy la hermana del señor Blanco. Si hay algún problema, que me hable en la casa. Pero ella no se dio por vencida. —¿Ahora no puede pagar y se hace la emparentada? ¿Y hasta se inventa ser familia del señor Blanco? Envié un mensaje de texto a mi asistente: "Dile a mi hermano que o despide a esta mujer ahora mismo, o retiro toda mi inversión".
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Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre

Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre

Después de tres años de matrimonio con Ricardo Montenegro, nunca faltaron mujeres a su alrededor. Cada vez que llevaba a una a casa, me regalaba un collar de valor incalculable. En apenas tres años, ya había reunido noventa y nueve collares. Cuando Ricardo me colocó el collar número cien, ya no lloré ni armé escándalos. Porque esta vez, la mujer con la que me fue infiel era mi propia hermana mayor. La misma hermana que desde niña me golpeaba y me insultaba. La persona que más amaba se alió con la que más odiaba para torturarme. En ese momento, se me murió el corazón. Esta vez fui yo quien se acercó a Ricardo y le entregó un contrato de compra de una vivienda. —Con tal de que firmes, te dejo que se revuelquen como quieran. En sus ojos pasó un destello de sorpresa; al final firmó sin pensarlo dos veces. Incluso, por primera vez, besó mi mejilla con ternura. —Cariño, por fin aprendiste a portarte bien. Le abrí personalmente la puerta del carro y lo vi marcharse hacia mi hermana. Cuando el vehículo desapareció por completo, solté un largo suspiro y saqué de debajo de los documentos… el acuerdo de divorcio.
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De vuelta al pasado, pero dueña de mi futuro

De vuelta al pasado, pero dueña de mi futuro

Mi hermana, María Sánchez, que siempre despreciaba la escuela, de pronto quiso presentar el examen para la universidad y les pidió a mis papás que me casaran con el hijo de un alto mando militar; a cambio, el general pondría el dinero para su carrera, un “apoyo” disfrazado de arreglo. Entonces supe que ella también había renacido. En la vida pasada, a María los libros le daban flojera: salió de la prepa y se casó con el hijo del comandante de zona, con un arreglo generoso de por medio. Luego a Bruno lo cambiaron a la frontera norte, a una Zona Militar pegada a nogales; a ella le repugnó el entorno y se negó a irse con la tropa. Yo, en cambio, terminé la universidad a puro trabajo y ahorro, entré a una dependencia pública con plaza base y me volví, por fin, capitalina de verdad. Ya metida en la vida castrense, María empezó a cobrar mordidas usando el nombre del suegro general. Lo metió en broncas con los de arriba; la Contraloría de la Militar lo bajó de puesto sin miramientos y, al final, la suegra la corrió de la casa. Tras el divorcio, la engancharon con una “asesoría” para invertir en la Bolsa de Valores; vino el desplome y quemó los ahorros de jubilación de mis papás. Sin salida, se me pegó y, cuchillo en mano, me obligó a entregarle mis ahorros y mi casa “para levantarse otra vez”. En el jaloneo me dio doce puñaladas. Me desangré. Cuando abrí los ojos otra vez, estaba de vuelta al principio: mi hermana les pedía a mis papás que me casaran con Bruno. Yo acepté encantada y me di de baja de la prepa de inmediato.
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