De Su Amor a Su Venganza
Don Federico jamás te lo va a perdonar, y va a pedirte el divorcio.
—¡Cállate! —Mirna estalló—. ¡Don Federico nunca va a dejarme! Él es mi esposo, y jamás me va a abandonar.
Apretó el teléfono con fuerza, con un brillo frío en la mirada. Porque, más allá de su soberbia, había una carta que le daba confianza: Mirna conocía un secreto enterrado de Don Federico, algo tan explosivo que, si se revelaba, provocaría un verdadero escándalo.