Diez años de amor ciego, mejor un despertar
Fue hace muchísimo tiempo, cuando en sus ojos solo existía ella; cada vez que la veía, su mirada —indiferente para el resto del mundo— se llenaba de amor denso.
Pero no era lo mismo que ahora.
El amor y el rencor de Fernando pesaban demasiado. Cuando la amaba, habría querido entregarle lo mejor del mundo y nada más le importaba. Luisa, en su día, se había perdido en ese amor hermético y aplastante.
En cambio, la ternura en los ojos de Alejandro parecía una brisa de primavera: la envolvía con calidez, sin asfixiar.