LOGINLORENZO—No debería alterarse tanto, Su Majestad. El médico dice que tiene el corazón débil. ¿Qué haríamos sin usted? —dije, con un tono abiertamente burlón, mientras veía cómo la furia brillaba en sus pupilas.Pero el Rey no había llegado a donde estaba solo porque le pusieran una corona en la cabeza.Era un hombre frío, y sabía hacer cálculos rápido.—Déjate de rodeos y corta esta mierd4 de una vez... Lo sabías desde el principio, ¿verdad? Por eso te retiraste de la inversión —dijo, recostándose contra las almohadas mientras se obligaba a calmarse.—¿Se refiere a que quería usarnos como alcancías para pagar los pocos diamantes que iba a exprimir de esa mina inestable? —dije, viendo cómo las venas le saltaban en la mandíbula de tanto apretar los dientes.—Digamos que... lo descubrí.Mi sonrisa se volvió depredadora.—Una lástima que los otros grandes Alfas no solo pusieran su dinero en sus manos... también se arriesgaran a entrar directo en un lugar tan peligroso.—Todavía no era pel
LORENZO—El Patriarca Vasiliev también tiene previsto estar allí ese día. Lo confirmé por un correo electrónico —dijo, levantando sus ojos grises para mirarme.Se notaba que estaba luchando por no desviarse a la Alfa que tenía a mi lado.—¿Estás segura de que puedes acceder a los explosivos?—Solo durante unos segundos, Patriarca. Eso si queremos que parezca una falla del sistema y no dejar ningún rastro.—Bien. Entonces haz que esos segundos cuenten. Si haces esto bien y cumples tu palabra, yo cumpliré la mía —le dije.Seguridad para ella y para su madre dentro de mi manada. Una vida tranquila y buena paga a cambio de servirme.—Gracias, Patriarca — me respondió y pude ver la humedad en sus pupilas que enseguida ocultó con un pestañeo nervioso.La verdad es que le creí cuando dijo que fueron otras víctimas de las manipulaciones de Alina y Nikolai Brona, pero tendrá que ganarse su lugar de confianza a mi lado con acciones, no con promesas.—Voy a reunir todo lo de la mina y ver qué se
LORENZOEstaba sentado en mi oficina, tomando café en paz, y todavía no podía quitarme de la cara esa sonrisa de idiota enamorado.Mi hermosa Omega, satisfecha y embarazada, dormida en mi cama... ¿qué más podía pedirle a la vida?La puerta se abrió de golpe de la nada mientras yo firmaba unos contratos.Ni siquiera me molesté en levantar la mirada. Ya sabía quién era. La única loca que entraba así en mi oficina.—Bueno, bien por los bastardos con suerte que pueden despertarse follando —dijo sin rodeos, dejándose caer en el sillón con toda la gracia de una piedra.—Joder, hueles bien... mmm, dulce... —la sentí olfatear el aire sin la menor vergüenza.—Deja de coquetear acerca de mi Omega delante de mí —por fin levanté la mirada, con la irritación escrita en toda la cara—. Además de venir a comprobar si estoy follándome a Victoria o no, ¿tienes algo útil que informar?—Aburrido.Puso los ojos en blanco, cruzó una pierna sobre la otra y apoyó la mejilla en la mano.—Para que conste, ella
LORENZOEl gemido caliente de mi Omega hizo temblar las paredes de mi habitación.Mis manos se cerraron con fuerza sobre sus caderas mientras las garras de su loba se hundían en mi pecho, su cuerpo temblando cuando se corrió tan rico con mi polla enterrada hasta el fondo dentro de ella.Mis ojos de lobo devoraron esa imagen que siempre me prendía fuego.Su cabello todo revuelto por el sueño, su piel sudada iluminada por los pocos rayos de sol que se colaban entre las cortinas.Abrió los ojos y me dio esa sonrisa satisfecha que me volvía loco.Diosa, estoy jodidamente enamorado de esta mujer.—Mi turno, nena... —mi voz salió ronca, lobuna, mientras la empujaba con cuidado contra las sábanas y la tomaba con una lujuria sin freno.Con ella en cuatro, frotando sin vergüenza el culo contra mí, agarré mi polla y la empujé dentro de ese coño empapado de placer y de su orgasmo.—Aahhh... —el gemido de Victoria hizo que mi polla diera un tirón, vibrando con el placer de hundirme una y otra vez
LORENZOLe arranqué el saco de la cabeza.Tenía los ojos inyectados en sangre, llenos de lágrimas, y el maquillaje corrido por toda la cara. Se veía hecha mierda. La única otra vez que la había visto así fue cuando murió mi padre.Ella solo me miró con la mordaza todavía metida en la boca y, aunque pudo haberme hablado en la mente, eligió quedarse callada.Orgullosa y terca. Jamás bajaba la cabeza.Esa era la Matriarca Greco.Agarré la mordaza y se la bajé de un tirón, liberando sus labios, todavía húmedos de lágrimas.—Te dije que ella te estaba mintiendo, pero tu hambre de poder te nubló el juicio —dije al fin de manera fría.—¿Y por eso le hiciste todo esto a tu propia madre? ¿Me trataste como una rehén? ¿Y ahora qué, Patriarca Greco? ¿De verdad vas a deshacerte de mí? —preguntó al fin, con la voz áspera y seca.—¿Deshacerme de ti? ¿Qué clase de desgraciado sin corazón crees que soy para deshacerme de mi propia madre? No soy como tu... —dije, inclinándome sobre ella, con un brazo a
LORENZOLe subí la manta por encima y le acaricié el cabello una última vez antes de dejarla dormida en el sofá.Hoy había apostado muchísimo, pero lo que más me importaba era su seguridad… y saber si la confianza de Victoria en mí realmente llegaba tan lejos.Una sonrisa tenue me tiró de la comisura de los labios. La boca todavía me ardía por nuestros besos desesperados y todas esas mordiditas deliciosas que esa loba salvaje siempre dejaba en mí.Victoria se sentía como si hubiera sido hecha para mí, y solo esperaba poder convertirme en el hombre que ella llevaba tanto tiempo anhelando.Mi valiente Omega, confiándome su vida sin dudarlo.Esa vena posesiva, dominante y protectora de Alfa dentro de mí casi ronroneaba de satisfacción.Mi lobo lamía y protegía a la pequeña Omega que dormía en paz con su cachorro creciendo dentro de ella, su mate, su alma gemela.Dejé que mis dedos bajaran hasta su vientre, intentando sentir ese vínculo con mi cachorro aunque todavía fuera demasiado pront
VICTORIAEl Bentley avanzaba en silencio, pasando un puesto de control tras otro.El bosque se extendía ante mi vista a través de la ventana polarizada, el vasto y rico territorio de la familia Greco. Al menos, las tierras privadas de su manada principal, llamada Fortaleza Diamante.Y allí estaba.
VICTORIAMe quedé completamente inmóvil ante la propuesta de mamá.Abrí la boca, pero no salió ninguna palabra.—Déjanos un minuto a solas —le pidió a mi hermano.Enzo me dedicó una última mirada complicada antes de salir y cerrar la puerta detrás de él.—Ma… má… —tartamudeé, poniéndome de pie y lu
VICTORIAOmega reproductora.Así llamaban a las Omegas que reducían a nada más que herramientas de cría dentro de las manadas.Era arcaico, humillante, inhumano… Incluso con los problemas de fertilidad, muchas manadas lo habían prohibido.Pero Luca me estaba condenando a ser violada por sus hombres
VICTORIAEl papel crujió dentro del auto, sumido en la oscuridad del estacionamiento subterráneo.Mi corazón se aceleró mientras esperaba el resultado, sin atreverme a mirar hacia el asiento del copiloto.—La prueba es… negativa. No estás embarazada, Vicky.Cerré los ojos, intentando controlar las






