Sang Pemuas Hasrat Wanita Kesepian

Sang Pemuas Hasrat Wanita Kesepian

last updateTerakhir Diperbarui : 2025-10-09
Oleh:  RucaramiaTamat
Bahasa: Bahasa_indonesia
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Angga menganggap bahwa cara paling bagus untuk mengobati patah hati adalah bergelung seharian sambil merenung. Sampai akhirnya dia hubungi Doni dan dimintai bantuan untuk menenangkan sepupu perempuannya, Riri. Meski terdengar konyol Angga akhirnya keluar dari cangkang untuk pertama kalinya, tanpa tahu bahwa itu adalah akal-akalan Doni semata untuk menghibur si pemuda dengan cara tergila. Hidup Angga sebagai seorang pria yang disia-siakan itu pun berubah seratus delapan puluh derajat setelah keperjakaannya diambil oleh Riri. Tahu rencananya berhasil, Doni pun menawarinya sebuah pekerjaan untuk menghibur para wanita kesepian yang membutuhkan pelepas stress. “Apa menurutmu aku terlihat seperti seorang gigolo?” kata Angga mencoba untuk membela diri. “Setelah melihatmu bisa menangani Riri dengan baik. Aku tahu kalau kau berbakat, dan kau adalah sang pemuas yang sempurna untuk calon klien kita,” kata Doni lalu melemparkan segepok uang kepadanya. “Jadi kita sepakat kan?”

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Bab 1

Hari Patah Hati Pria Sejati

En el pasillo, la puerta chirrió al girar la llave.

Mi alma flotaba junto al techo mientras veía a Elba irrumpir en mi antiguo departamento, con aquel acuerdo falsificado apretado entre los dedos.

Se tapó la nariz y espantó el polvo suspendido en el aire con la mano. El apresurado repiqueteo de sus tacones resonó en todo el departamento.

—¡Antonio, sal de una maldita vez! ¡Están a punto de revocarle la licencia a Alberto y tú sigues escondiéndote!

Dejé escapar una risa amarga a sus espaldas.

Desde aquel incidente médico de hacía cinco años, Elba y yo habíamos cortado todo contacto.

Jamás imaginé que volvería a buscarme solo para obligarme a cargar con otro caso de negligencia médica de Alberto Zamarripa, su primer amor.

No pude evitar pensar que, al final, Alberto seguía siendo el amor de su vida.

Elba dio un par de vueltas por la sala. Sus ojos recorrieron el sofá cubierto de polvo y el alféizar cubierto de telarañas, mientras la mueca de desdén en sus labios se acentuaba aún más.

—¿Y ahora qué? ¿Vas a seguir escondido? A alguien como tú, al que ya echaron del hospital, ¿dónde crees que puedes esconderte? Alberto acaba de escribirme. La policía ya empezó a investigar. ¿De verdad quieres verlo pudriéndose en la cárcel? Voy a contar hasta diez. ¡Sal de una vez!

Miré su rostro impaciente y pensé que, después de cinco años, seguía siendo exactamente la misma: siempre tan convencida de que todo le pertenecía por derecho.

Pero por más que contara, yo ya no iba a obedecerla ni a presentarme ante ella como antes.

Porque yo ya estaba muerto.

—¡Antonio! ¿Me oyes? ¡Solo te pedí que me hicieras un favor! ¿Por qué sigues haciéndote del rogar?

De pronto, se giró y le dio una patada a la puerta de la habitación. La madera retumbó con un golpe sordo.

Pero adentro no había nadie.

Elba chasqueó la lengua con fastidio. Registró el departamento una vez más sin encontrar nada y, solo entonces, pareció aceptar que ahí no había nadie.

Mascullando entre dientes, salió y azotó la puerta al irse.

En cuanto entró a la tienda de abajo, Elba sujetó a Julio del brazo.

—¿Has visto a Antonio Alcayaga? El que vive en el tercer piso.

Julio parpadeó, desconcertado.

—¿Antonio? Pero si murió hace cinco años.

Vi cómo Elba se quedaba inmóvil un instante antes de soltar una risa fría.

—¿A quién quieres engañar? ¿Cómo se va a morir alguien como él?

—No le estoy mintiendo, se lo digo en serio. —Julio señaló hacia la entrada del callejón—. Hace cinco años, la familia de la víctima de aquel caso de negligencia médica lo acorraló ahí y le dio más de diez puñaladas. Murió de camino al hospital. ¿Y usted qué era de él?

La seguridad con la que respondió hizo que en los ojos de Elba asomara un destello de desconcierto.

Frunció levemente el ceño y en su expresión apareció incluso un rastro de dolor que yo no alcanzaba a comprender.

Pero enseguida el mensaje que apareció en su celular le robó la atención.

Era de Alberto:

"Déjalo, Elba. Seguro Antonio todavía me guarda rencor y va a agarrarse de cualquier excusa para zafarse. No sigas desgastándote por mí. Si al final tengo que ir a la cárcel, iré. Cuídate mucho."

Ese solo mensaje bastó para que Elba decidiera que mi muerte no era más que una excusa para negarme a ayudarlos.

Le temblaban los dedos mientras escribía la respuesta:

"¿Y con qué cara se atreve a negarse? En su momento le di muchísimo dinero. Ahora que lo necesito, más le vale aparecer. No te preocupes. Aunque tenga que arrastrarlo de vuelta, voy a hacer que cargue con toda la culpa. No voy a dejar que te pase nada."

En cuanto apareció el aviso de mensaje enviado, Elba levantó la cabeza y fulminó a Julio con la mirada.

—¡No me vengas con este teatro! Seguro está escondido. ¿Qué pasa, te pagó para que lo encubras?

Julio suspiró.

—¿Cómo voy a bromear con algo así? Hasta salió en las noticias…

—¿Y desde cuándo una noticia prueba algo?

Elba alzó la voz sin darse cuenta.

Dio un paso al frente y su mirada se endureció.

—Hazme el favor de decirle que, si no aparece en tres días, dejaré de pagar el tratamiento del cáncer de su hermana.

Julio abrió la boca, como si fuera a decir algo, pero ella lo cortó con brutalidad:

—¡No me hagas perder el tiempo! O haces que salga de su escondite, o prepárate para recoger el cadáver de su hermana.

Después de eso, se dio la vuelta sobre los tacones y se marchó.

La puerta de la tienda se cerró de golpe con un estruendo. Julio miró su figura alejarse, negó con la cabeza y murmuró al aire:

—¿Qué hermana? Ella ya murió hace muchísimo tiempo… porque no tenían dinero para costear el tratamiento.

Yo flotaba a un lado, mirando la botella de agua que había salido rodando por el golpe. Sentí que ese mismo frío me calaba hasta el alma.

Ese dinero nunca llegó a mis manos. Mientras mi hermana menor, Sandra Alcayaga, yacía en una cama de hospital esperando que alguien la salvara, Alberto lo estaba usando para comprar equipos importados.

Y cuando a mí me apuñalaban en aquel callejón, Elba estaba acompañando a Alberto en un seminario médico.

Ahora, en cambio, no tenía el menor reparo en usar el nombre de un muerto para amenazar a otra persona que también llevaba tiempo fuera de este mundo.

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Ulasan-ulasan

Hamfa Merman
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Wanita penghibur yang terpaksa mencoba merayu CEO sukses. Mampukah dia melakukannya? Baca ceritanya di "Merayu CEO Jagoan"
2025-11-26 06:42:16
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Electra Newsted
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Boleh juga idenya si Doni. Teman sendiri dijual ......
2025-11-10 15:48:57
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sherly Birkin
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Sama sekali ga nyangka haha tapi bagus ...
2025-10-22 18:44:56
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Leoni Magenta
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Hot banget ...🫶🏻
2025-10-20 12:45:03
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Claudia Anastasya
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Angga top markotop
2025-10-17 13:03:54
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