Vanessa se conmovió y sonrió con más alegría.—Está bien, está bien, voy a confiar en el señor Cisneros una vez más.Rafael volvió a tomarla por la nuca y la atrajo hacia abajo. Le besó los labios con fuerza y, mientras la besaba, murmuró con voz magnética.—Felicidades. Esta será la mejor decisión de tu vida.A Vanessa le quedaron los labios hinchados de tanto beso; cuando llegó a casa y se miró al espejo, todavía se notaba.Ahora, con solo pensar en Rafael, todos esos reproches y aquel desánimo se le habían borrado; sentía una ternura cálida y desbordante.A la mañana siguiente, temprano, ella y Federico se prepararon y partieron juntos al lugar de la licitación. En el camino, Rafael le escribió:“No te pongas nerviosa, basta con que confíes en ti misma”.Rafael siempre sabía darle ánimo y confianza en el momento justo, y ella sonrió sin querer.“Espera mis buenas noticias, señor Cisneros. Acuérdate de tomar tu medicina”.“Te espero”.Dos palabras simples que, sin embargo, le transmi
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