Isabella se echó a reír:—¿De qué estás hablando, Hamzat? Nuestra boda fue solo una farsa. Tú mismo dijiste ese día que querías salvarme de la vergüenza y lo aprecio, pero no tenemos ninguna obligación el uno con el otro. Puede que la gente afuera no sepa la verdad, pero tú y yo sí la sabemos. De todos modos, gracias por recibirme.Después de hablar con Hamzat, Isabella fue a buscar a su hija, que estaba sentada en silencio dentro de la habitación, y le dijo:—Vamos, mi amor, es hora de ir a casa.Mirabella se levantó con una expresión de tristeza en su rostro.—¿Qué pasa, cielo? —preguntó Isabella.Mirabella comenzó a llorar:—Extraño a mi papi. Quiero que viva con nosotros como antes.Isabella sonrió y la abrazó:—Tendrás todo lo que quieras, mi vida. Tu papi pasará todo el día de mañana contigo y, muy pronto, viviremos todos en la misma casa, te lo prometo.Los ojos de Mirabella se iluminaron y sonrió:—Gracias, mami. Te amo.Isabella tomó con alegría el pequeño equipaje que llevab
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