Isabella esperaba a Angelo con impaciencia, pero él no aparecía. Marcó su número una y otra vez, pero cada vez la llamada quedaba sin respuesta. Empezó a preocuparse de que algo le hubiera pasado.Mientras tanto, Hamzat llamó a la hermana de Angelo, y ella dijo con alegría:—¿No te dije que me encargaría de que no se presentara? Ahora cumple tú con tu parte, porque no quiero otra cosa que ver a Isabella destrozada y sufriendo.Hamzat sonrió y colgó. Observó a Isabella, que sudaba e intentaba frenéticamente contactar a Angelo.El juez, que antes había salido, regresó a la sala y dijo:—Se le han acabado los treinta minutos, señora Isabella. Es hora de dictar sentencia.Isabella respondió:—No, señoría, por favor, espere un poco más. Estamos hablando del trabajo de toda mi vida.El juez sonrió.—Precisamente por eso no podemos esperar más. Si la persona a la que espera hubiera querido venir, ya lo habría hecho.Las lágrimas resbalaron por los ojos de Isabella y miró a Hamzat con una rab
Read more