VICTORIA—¡Ah, ah, ah...! —Mis gritos roncos se mezclaron con la mesita golpeando contra la pared, a punto de ceder.Aun así, Lorenzo no se detuvo.Su pene grueso entraba profundo, salía casi por completo y volvía a hundirse en mi sexo, duro y palpitante, golpeando ese punto dentro de mí que casi me hacía llorar de placer.Dejó de apoyarse, y sus garras hicieron trizas el escote de mi vestido, luego empujaron hacia abajo las copas de mi brasier para dejar mis pechos al descubierto.Quedaron libres, pesados, con los pezones ya duros, doloridos por su boca, por sus manos. Y mi mate siempre me daba exactamente lo que quería.Era como si leyera los antojos de mi cuerpo antes de que yo misma supiera que los deseaba.Su boca se aferró a mi pezón, succionando con fuerza, mientras me cogía más duro, más rápido, con el sudor resbalando entre los dos.—Ya no puedo aguantar más... ahh, es demasiado... mi Alfa... ¡me voy a correr...!Mis manos resbalaron de mis piernas y mis muslos cayeron, tembl
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