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Renació en la época de los matrimonios entre humanos y bestias

Renació en la época de los matrimonios entre humanos y bestias

Después de que la Gran Guerra entre Humanos y Bestias terminara, ambas partes acordaron que los híbridos gobernarían el mundo. Cada cien años, se celebraba un matrimonio entre humanos y bestias. Aquel que concibiera primero un híbrido se convertiría en el gobernante de la siguiente generación. En mi vida pasada, elegí casarme con Luciano, el primogénito de la manada de lobo, famoso por su devoción. Logré dar a luz antes que nadie a un lobo blanco híbrido. Nuestro hijo se convirtió en el próximo gobernante de la Alianza, y Luciano, como era de esperar, obtuvo un poder absoluto. Mientras tanto, mi hermana menor, seducida por la belleza de la manada de zorro, se casó con el heredero de los zorros. Pero obsesionado con sus conquistas amorosas, le contagió una enfermedad que la dejó estéril. Consumida por la envidia, mi hermana prendió fuego a mi habitación, matándome a mí y a mi pequeño lobo blanco. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día del matrimonio. Mi hermana, habiendo renacido también, se adelantó y subió a la cama de Luciano. Yo lo sabía: ella también recordaba su vida anterior. Pero lo que ella no sabía era que Luciano, bajo su fachada de amante ideal, era un ser cruel y violento. ¡Jamás sería un buen esposo!
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La Donna que el Mafioso Traicionó

La Donna que el Mafioso Traicionó

Jamás olvidaré el frío despiadado de las aguas del Río Veyra. En mi vida pasada, yo era Darlena Valentino, la futura Donna de la familia Marcus, pero mi prometido, Reed Marcus, y mi prima Alice Bennett se aliaron para traicionarme. Me arrebataron mi lugar y se adueñaron de los recursos de mi familia. Al final, en plena guerra entre familias, me empujaron al borde de la muerte y me usaron como escudo. En el instante en que la bala me atravesó el pecho, vi a Reed protegiendo a Alice con todas sus fuerzas. Y Richard Corleone, mi amigo de la infancia, el hombre que siempre me había acompañado en silencio, perdió la razón y corrió hacia mí, abrazando mi cuerpo inerte mientras rugía de desesperación. Creí que aquello era un amor que había llegado demasiado tarde. Por eso, después de renacer, eché a Reed de mi vida sin dudarlo y me casé con Richard, convirtiéndome en la Donna de la familia Corleone. Pensé que por fin me había salvado, pero nunca imaginé que el destino me guardaba una crueldad aún mayor. Porque esos dos hombres, en el fondo, siempre habían amado a la misma mujer. Si al final todo iba a ser así, entonces yo también me bajaría de esta farsa llamada amor.
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Pagué Su Culpa y Ella Me Condenó

Pagué Su Culpa y Ella Me Condenó

Cinco años después de mi muerte, mi esposa, la médica Elba Latapí, quiso volver a endilgarme la culpa de un caso de negligencia médica para encubrir a su primer amor. Con un documento falsificado en la mano, se plantó en mi antiguo departamento, pero solo encontró el lugar cubierto de polvo. Entró en pánico y bajó corriendo a preguntarle a Julio Melgar, el dueño de la tienda de abajo, por mi paradero. Pero él le respondió: —¿Antonio Alcayaga? Murió hace cinco años. La familia de la víctima de aquel caso de negligencia médica lo acorraló ahí y le dio más de diez puñaladas. Elba no le creyó. Estaba convencida de que yo había sobornado al dueño del local y de que él estaba mintiendo para cubrirme. Rodó los ojos, curvó los labios con desprecio y resopló: —¿Así que ahora, solo porque lo suspendieron por dos años, me sale con este teatrito? Dile que, si no aparece en tres días, dejaré de pagar el tratamiento contra el cáncer de su hermana. Después de soltar esas palabras, se fue entre maldiciones y azotó la puerta al salir. El dueño la vio alejarse, negó con la cabeza y dejó escapar un suspiro. —¿Qué hermana? Ella ya murió hace muchísimo tiempo… porque no tenían dinero para costear el tratamiento.
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Ya no quedan cristales, Alfa

Ya no quedan cristales, Alfa

Durante sesenta y seis noches de luna llena, el Alfa Zephyr me colmó de elaborados rituales de cortejo, suplicándome que aceptara ser su compañera. En la sexagésima séptima… finalmente dije que sí. La noche en que consagramos nuestro vínculo de apareamiento, le entregué una bolsita encantada con sesenta y seis cristales de luz de luna. Hicimos un trato: cada vez que rompiera mi corazón, yo aplastaría uno. Ese era el precio de mi perdón. En los seis años desde que nos unimos, rompió mi corazón una y otra vez por su amiga de la infancia, Chloe. Y cada vez… yo aplastaba un cristal. Cuando el cristal número sesenta y cuatro se convirtió en polvo, Zephyr por fin pareció notar que algo no estaba bien. Dejé de decirle que mantuviera su distancia con Chloe. Dejé de necesitar que estuviera a mi lado. Pero cuando intentó dejarme por esa Omega una vez más, lo sujeté del brazo. —Vas a ir con ella… ¿Debería aplastar otro cristal por esto? Zephyr se quedó inmóvil, con el cansancio reflejado en el rostro. —Haz lo que te dé la gana. De todos modos, te quedan muchos. Solo asentí, observando su espalda mientras desaparecía. Él todavía creía que los cristales de luz de luna eran infinitos. No tenía idea… de que solo quedaban dos en la bolsita.
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El día que murió Scarlett Moretti

El día que murió Scarlett Moretti

La noche antes de mi boda, descubrí que estaba embarazada. Esa misma noche, descubrí que mi prometido ya había elegido a otra mujer para que le diera su primer hijo. Adrian DeLuca, heredero de un imperio de la mafia y el hombre que una vez juró que yo era la única mujer a la que amaría, volvió a casa con el perfume de ella impregnado en la ropa y me dijo, como si fuera lo más normal del mundo, que no era más que un acuerdo médico. La viuda de su amigo fallecido necesitaba un heredero y, después de que yo no lograra darle uno tras sesenta y seis rondas de fecundación in vitro, decidió que esa era la mejor solución para todos. No dije nada. Lo dejé continuar con los preparativos de la boda. Dejé que creyera que caminaría hacia el altar y me convertiría en la señora DeLuca. Pero mientras él planeaba nuestra boda, yo planeaba mi desaparición. El día de nuestra boda, la mansión abriría sus puertas. Los invitados llegarían. La ceremonia comenzaría. Pero la novia a la que Adrian DeLuca traicionó moriría en ese lugar. Para cuando él descubriera la verdad, que todo ese tiempo yo había estado embarazada de su hijo, yo ya me habría marchado bajo un nuevo nombre, llevándome a su heredero a un sitio donde jamás pudiera encontrarnos.
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Renací y Dejé de Amarte

Renací y Dejé de Amarte

Al enterarse de que Bruno Muñoz, su primer amor, había muerto, mi esposa de mi vida anterior, con quien estaba de luna de miel a bordo de un crucero, se lanzó por la borda y se quitó la vida. Fue entonces cuando entendí que ella nunca había logrado olvidar a Bruno. Cuando volví a nuestros años de juventud, ella me soltó la mano sin dudarlo y caminó directo hacia Bruno. Los vi alejarse y luego me di la vuelta. Desde ese momento, nuestras vidas serían como dos líneas paralelas que jamás volverían a cruzarse. Diez años después, nos reencontramos en una recepción en San Camilo. Ella ya se había convertido en una figura emergente de la alta sociedad y apareció del brazo de Bruno, mostrándose muy cariñosa con él. Al verme entrar a la recepción buscando a alguien, no pudo evitar soltarme: —¿Por qué sigues tan aferrado a mí? Aunque lleves diez años esperándome, jamás voy a enamorarme de ti. No le hice caso. Solo fui a un rincón y saqué de ahí a mi hijo, que estaba comiéndose a escondidas un pedazo de pastel. De pronto, a Ximena se le llenaron los ojos de lágrimas y me tomó la mano con fuerza. —Lo haces para provocarme, ¿verdad? ¿No dijiste que en esta vida solo me amarías a mí?
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Demasiado tarde para recuperar a mi ex

Demasiado tarde para recuperar a mi ex

A Claire la traicionaron las personas que más amaba. Su propio esposo, Nathan Sterling, la metió a la cárcel para deshacerse de ella y meter a su amante a la casa. Y lo peor: su propio hijo testificó en su contra sin piedad. El día que Claire sale de prisión, Nathan tiene el descaro de exigirle que regrese, pero oculta, como una sombra y solo de nombre. Su hijo ni siquiera la puede ver a los ojos. ¿Perdonarlos? ¡Ni loca! Claire les pide el divorcio de inmediato y contrata a Carter Thorne, el peor enemigo de su ex. Carter no le tiene lástima; le da el plan perfecto para destruirlos. El divorcio destruye la reputación de Nathan. Claire lo deja en la calle, quitándole todo su dinero y el poder que creía tener. Libre de ese infierno, ella empieza desde cero, su carrera despega y su nombre vuelve a valer una fortuna por sí mismo. Mientras ella triunfa, la vida de Nathan se va al demonio. Su querida amante lo traiciona y su hijo se da cuenta, demasiado tarde, del error que cometió. Toda la familia que vendió a Claire se está cayendo a pedazos. Ahora, Nathan y su hijo van a buscarla, arrastrándose y pidiéndole perdón como si nada hubiera pasado. Claire solo sonríe. El juego cambió. Ahora es ella quien tiene el control, y no tiene ninguna prisa por verlos sufrir.
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Perseguida por Nikolas Ardolf

Perseguida por Nikolas Ardolf

Brooklyn Davis, de diecinueve años, trabaja como camarera en un exclusivo restaurante del centro de Chicago. Dos días atrás, su hermano gemelo, Brandon, desapareció dejando solo un mensaje en el que le pedía que no se preocupara por él. Desde entonces, la vida de Brooklyn se convierte en un inquietante dilema cuando comienzan a suceder cosas extrañas en su lugar de trabajo. Un par de ojos color avellana la observa y la acecha todos los días, cada minuto. ¿Quién es ese hombre? ¿Por qué la mira constantemente? ¿Y cómo podrá Brooklyn librarse de él? A los veintinueve años, Nikolas Ardolf es un hombre duro, arrogante y despiadado que solo cree en dos cosas: los negocios y el dinero. Abandonado en las calles al nacer, tuvo una infancia marcada por la crueldad y la supervivencia. Todo cambió cuando fue recogido por el implacable anciano Daniel Ardolf, soltero y único propietario de Ardolf Winery. Nikolas odia a las mujeres después de haber sido traicionado por su propia madre. Entonces, ¿por qué acecha a la inocente Brooklyn todos los días? ¿Qué es lo que realmente quiere? ¿Y por qué no puede mantenerse alejado de ella? Lee esta apasionante historia de amor, llena de giros inesperados y momentos intensos, para descubrir cómo Nikolas Ardolf persigue a Brooklyn. ¿Conseguirá finalmente lo que desea?
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No Seré Una De Tus Treinta Lunas

No Seré Una De Tus Treinta Lunas

Fui la Beta principal del Alfa Damon. Durante seis años, fui su mano derecha y su compañera en la cama. Cuando anunció nuestro ritual de unión, la manada entera lo celebró. Mi sueño estaba a punto de cumplirse. Pero entonces, afuera de su salón de trofeos privado, lo escuché presumir sobre sus Pruebas de la Luna. Y en ese momento, supe la verdad. No era la única para él, sino una de treinta candidatas. Había pasado un mes con cada una de nosotras, calificando nuestros cuerpos, nuestra sumisión y nuestro desempeño. Mi calificación fue más baja que la de una Omega. Más baja que la de Lydia. —Lydia fue increíble. Apenas y podía separarme de ella. Y luego veo a Elysia… tan tiesa, siempre tan controlada… y la verdad es que… me aburre. La conmoción me paralizó. Dejé de sentir el cuerpo. Seis años de lealtad. Incontables noches entre sus brazos. Al final, todo significó menos que un capricho momentáneo y una loba que sabía arrodillarse. Mi dolor se convirtió en una resolución inquebrantable. Le envié un mensaje a un Alfa que me había pretendido tiempo atrás. “Adrian, dijiste que tu oferta de ser mi compañero seguía en pie. ¿Estás seguro? Ya terminé con Damon.”
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Después de Ocho Años, Me Casé con Otro

Después de Ocho Años, Me Casé con Otro

En la boda de mi mejor amiga, una chica se lanzó a atrapar el ramo… pero se le escapó de las manos y terminó cayendo directo en las mías. Mi mejor amiga, Valentina Rojas, me miró con una sonrisa brillante. —Valeria, parece que tú serás la próxima novia. Los invitados intercambiaron miradas cómplices y giraron hacia mi novio de ocho años, Adrián Montenegro, el presidente del Grupo Montenegro. Pero él, con total calma, tomó el ramo de mis manos y lo pasó sin esfuerzo a la chica que estaba a mi lado… su secretaria, Natalia Cruz. —Ella lo atrapó primero. me acarició el cabello con suavidad, con esa misma voz gentil de siempre. —Pórtate bien… devuélveselo a Natalia por ahora. Ya habrá otra oportunidad. Con el ramo, también se desplazaron todas las miradas… hasta quedarse sobre Natalia. Observé su expresión, entre sorprendida y tímida. Luego apoyé una mano sobre mi vientre y forcé una sonrisa amarga. Adrián no sabía que no habría otra oportunidad. “Nuestra promesa de ocho años ya había llegado a su final… y aun así, nunca dimos el paso hacia el matrimonio”, pensó Valeria con amargura. Yo ya le había prometido a mis padres, parte de la realeza de Alcázar, que la próxima semana me marcharía para regresar y asumir el legado familiar.
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