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La sustituta abandonada del Don

La sustituta abandonada del Don

Descubrieron a mi prometido con mi propia hermana la misma noche de nuestra fiesta de compromiso… en una bodega privada, cruzando todos los límites. Mi apellido quedó manchado. Mi nombre, arrastrado por el suelo. Y yo… convertida en la burla de toda la mafia de Chicago. Entonces, como salido de la oscuridad, apareció Don Lorenzo Falcone. Frente a todas las familias, sin titubear, me pidió matrimonio. Con una sola jugada, limpió mi honor… y selló una alianza mucho más peligrosa. Durante cuatro años, me trató como a una reina. Intocable. Intensa. Suya. Pero había algo que él no podía darme: un heredero. Una vieja herida lo condenaba. Hasta este año. Gracias al médico de confianza de la familia… quedé embarazada. Y desde ese momento, su atención hacia mí se volvió obsesiva. Devota. Absoluta. Creí que lo tenía todo. Que ese hombre frío y poderoso era mi salvación. Mi refugio. Mi único aliado. Hasta que una noche… escuché lo que nunca debí. —Jefe, Arabella te ama. ¿Cómo pudiste hacerle esto? —dijo su mano derecha, con rabia contenida—. Manipulaste al médico… cambiaste los frascos… la convertiste en la portadora del heredero de los Moretti. ¿Todo porque Isabella no soportaba el dolor? El bebé nacerá en dos meses… ¿qué piensas hacer? Silencio. Y luego… su voz. Helada. Cruel. —Cuando nazca, Isabella se lo llevará. Es la única forma de asegurar su lugar con los Moretti. —¿Y Arabella? —Le diré que el bebé murió. Mi mundo se rompió en ese instante. —Seguirá siendo la señora Falcone —añadió, sin emoción—. Tendrá todo lo que quiera. Así que eso era yo para él. Un medio. Un cuerpo. Un sacrificio. Mi “protector”… siempre perteneció a otra. ¿Ese hijo que crecía dentro de mí, manchado por su mentira? No lo quería. ¿Y ese matrimonio construido sobre traición? Se terminó.
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Después de la cárcel, dejo de jugar en segundo lugar

Después de la cárcel, dejo de jugar en segundo lugar

Mi esposo, Don Reginald, y mis padres me arrojaron a la prisión la misma noche en que le di a su heredero. Todo porque mi hermana, Felicia, me tendió una trampa. Ella afirmó que yo le regalé un caballo salvaje en las carreras familiares, un caballo que ella sabía que no podía controlar. El animal se volvió loco, y pisoteó a un senador hasta matarlo. Con el FBI pisándonos los talones, toda la familia me obligó a cargar con la culpa. Tres años. A Reginald no le importó que acabara de tener a nuestro hijo. Me presionó, una y otra vez: —Era tu caballo. Si no se lo hubieras dado a ella, los federales no perseguirían a Felicia. Solo cumple la condena. Cuando salgas, seguirás siendo mi Donna. Tres años después, regresé. Nada había cambiado. Seguían eligiéndola a ella. Incluso, el hijo por el que sangré, ahora llama a Felicia "Mamá". Me mira de frente y me ignora, a mí, su propia madre. No peleé. No como la antigua yo. Simplemente me alejé. Pero cuando finalmente desaparecí para siempre, Reginald perdió la cabeza. Destrozó el mundo entero, suplicándome que regresara. Que volviera a ser su Donna.
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La Última Noche de mi Hermana

La Última Noche de mi Hermana

En la familia Valenti, naces con un chip. Lo tienes metido en el biorreloj de tu muñeca y la pantalla marca la cuenta regresiva de tu vida. Todos veían cómo se consumían los números en el reloj de mi hermana y en el mío... Ella iba a morir cuando cumpliera los dieciocho. Por eso Vivian se convirtió en la princesa intocable de nuestra sádica realidad. Cada vestido bordado con diamantes era para ella. Las joyas más exóticas le pertenecían. Hasta el último rastro de humanidad de papá era suyo; ese único destello de calidez que solo mostraba después de enfundar su arma. Yo le tenía lástima. Su tiempo se acababa. Pero, por Dios, cómo la envidiaba. Tenía todo lo que yo nunca tuve: el amor de mis papás. Luego llegó la noche de su cumpleaños. Mis papás tenían miedo de que yo armara un berrinche y desatara la furia del Capo de alguna familia aliada. Así que me encerraron en el sótano. Húmedo. Helado. Mientras una fiebre mortal me consumía por dentro. Golpeé la pesada puerta de roble con los puños. —¡Mamá, por favor! ¡Déjame salir! —supliqué con la voz rota—. ¡Estoy volando en fiebre! Me va a estallar la cabeza... Del otro lado, la voz de mi mamá cortó el aire como una trampa de acero. —¡Ya basta, Sienna! Hoy es el cumpleaños dieciocho de tu hermana. ¡Su último día de vida! Deja el show. ¿Es que no puedes aguantarte por el honor de la familia? —Pero de verdad estoy enferma... —balbuceé. El taconeo se alejó por el pasillo hasta desaparecer por completo. Después de eso, la oscuridad me devoró. Y en mi muñeca, el reloj emitió el destello de una alerta crítica. ALERTA CRÍTICA: Incongruencia en signos vitales. Datos del chip vinculado incompatibles. Por favor, verifique al usuario.
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En la fiesta del hijo falso, apareció mi foto de niño

En la fiesta del hijo falso, apareció mi foto de niño

Mi mamá accidentalmente me metió a un chat de grupo llamado “Familia Feliz”. En el grupo solo hay tres personas, mi mamá, mi papá y un chico que no conozco que lleva el apodo de “Tesoro”. Ellos están emocionadísimos organizando una fiesta de cumpleaños para él… y mañana es mi cumpleaños, ese que llevan diez años consecutivos olvidando. En el chat mamá escribe: ‘El lugar debe ser de ensueño, que se sienta como el rey de la fiesta.’ Luego, mi papá le hizo una gran transferencia de dinero, y le dijo: ‘No te preocupes por el dinero, solo no dejes que tu hermano se entere, se molestaría’. Mientras tanto yo, en silencio, tomo capturas de pantalla, esperando el momento perfecto para romper todos los lazos de una vez. En ese momento, mi hermana, siempre tan aplicada y ejemplar, me envía un mensaje al privado con una captura de pantalla de su conversación con mamá: “Mamá, ¿ya organizaste la fiesta sorpresa de cumpleaños para mi hermano? Me prometiste que esta sería la última vez que lo engañaremos”.
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De Donna Olvidada a Doctora Libre

De Donna Olvidada a Doctora Libre

Antes de darme cuenta, me había convertido en la mujer invisible que vivía a la sombra de mi esposo, Adrian Kane, el Don de la mafia. Era un ama de casa ahogada entre quehaceres, mientras él se lucía con su secretaria, Viola, diez años menor que yo. —Viola es muy capaz —dijo Adrian una vez—. Ella sí sabe cómo ayudarme. Aquella noche se cumplía nuestro décimo aniversario. Vi un elegante vestido de diseñador y un collar sobre la mesa de la sala. Por un segundo, me sentí feliz. Pensé que Adrian por fin había decidido llevarme a la gala anual de la mafia y presentarme oficialmente como su Donna. Pero el vestido y el collar eran para Viola. Más tarde, esa misma noche, los descubrí entrando a escondidas. Adrian y Viola estaban borrachos, toqueteándose como si yo no existiera. Hice una sola llamada. —Quiero unirme a una misión de Médicos Sin Fronteras. Asígnenme a un lugar lejos de aquí. Antes de casarme con Adrian, yo tenía toda una carrera médica por delante. Pero lo dejé todo por él. Ahora era momento de elegirme a mí misma y dejar atrás todo lo que, en realidad, nunca fue mío.
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Cuando morí, todos festejaron

Cuando morí, todos festejaron

Cuando tenía siete meses de embarazo… morí. El culpable de todo fue mi esposo, Leo. Al enterarse de que la sangre de un bebé prematuro podía salvar a mi hermana, Julieta, conspiró con una clínica ilegal para abrir mi vientre y sacarme al niño. Después de extraerle la sangre, se marchó sin mirar atrás, dejando que mi pequeño, nacido antes de tiempo, muriera débil y solo. Después de eso, mis padres solo dijeron: —Le debías esto a Julieta, ya era hora de pagarle. Mientras mi esposo me dijo: —No es que no podamos volver a tener hijos en el futuro. ¿Acaso la vida de un niño vale más que la de Julieta? Destrozada, desesperada y fuera de control, sufrí una hemorragia masiva… y terminé muriendo. Mi alma flotó en el aire mientras veía cómo todos corrían de un lado a otro, ocupados preparando la cirugía de Julieta. Ni siquiera tuvieron tiempo de cambiarme y ponerme ropa limpia. Nadie lloró por mí, nadie perdió la cordura por mi muerte. Y sin sentir el menor remordimiento, me lanzaron dentro de una tumba y luego toda la familia celebró la recuperación de Julieta. Pero cuando volví a abrir los ojos, había regresado tres meses atrás. Justo al día en que toda mi familia me obligó a divorciarme.
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La hija abandonada

La hija abandonada

Bianca estaba muriendo. Tenía leucemia mieloide aguda en fase tres, el médico de la familia me lo dijo por teléfono: un trasplante de médula ósea era la única opción, y necesitaba una compatibilidad perfecta. Por suerte, las gemelas idénticas comparten un noventa y nueve por ciento de compatibilidad. Arrugué el informe del diagnóstico en el que mi nombre encabezaba la página: Gemma Blackwell. Era un error administrativo por el que el médico no dejaba de disculparse. Porque la gemela enferma era Bianca. La cura era yo. Tenía que volver a casa. La lluvia azotaba las ventanillas del taxi mientras imaginaba la escena: mi padre soltando el puro, mi madre ahogando un grito, yo explicando la confusión. «El informe lleva mi nombre, pero los análisis de sangre son de Bianca. Puedo solucionarlo antes de que sea demasiado tarde». La pantalla del celular se iluminó con una notificación del chat grupal de la familia. El mensaje de mi padre era breve: «Gemma se encuentra en fase terminal. Queda prohibido que Bianca sea donante. Es una decisión familiar». La sangre se me heló en las venas. Habían recibido el expediente equivocado. Creían que yo era quien agonizaba... y habían votado por dejarme morir. Al abrir la puerta y encontrar a mi padre, la temperatura bajó de golpe, congelando el mundo a mi alrededor. Las lágrimas me quemaban los ojos. No pude contenerlas. —Padre —dije, con la voz apenas firme—, tengo una pregunta para ti. Apartó la vista del puro, fastidiado. —Si fuera Bianca la que estuviera muriendo… ¿me habrías obligado a donarle médula? El salón quedó en un silencio sepulcral. Apoyó el puro sobre la mesa y se hizo una larga pausa. —No —dijo al fin—. Por supuesto, tenemos recursos. Buscaríamos a otro donante. Jamás te pediríamos que corrieras semejante riesgo. Esbocé una leve sonrisa. Apenas un gesto pequeño y triste. —Bien. Recuerda tus palabras. No te arrepientas después.
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La Heredera Traicionada

La Heredera Traicionada

En mi vida pasada, mi hermano, solo porque su amante dijo que quería ver una lluvia de estrellas, se llevó a todos sus guardaespaldas y manejó hasta las afueras para armarle una noche bajo las estrellas. Ni se lo esperaba, pero los enemigos que mi hermano había jodido aprovecharon la oportunidad, y se metieron a la casa queriendo acabarnos por venganza. Mi madre luchó a muerte para protegerme, quedando fatalmente herida, debatiéndose entre la vida y la muerte. Llamé mil veces al celular de mi hermano, rogándole que se regresara cuanto antes para rescatarnos. Al final, no le quedó más remedio que regresar con sus guardaespaldas. Atraparon a los enemigos, pero de las afueras llegaron noticias horribles. La amante de mi hermano había dejado una carta de despedida, y no se sabía si seguía viva o no. En la carta me echaba la culpa a mí, decía que yo había alejado a mi hermano a propósito, y que por eso los enemigos la habían torturado, y al final se había suicidado. Mi hermano, bien frío, quemó su carta y me dijo que no le diera tantas vueltas. Después del incidente, culparon a mi hermano, y mi padre prometió dejarme a mí el manejo de la empresa familiar. Pero, después de que se acabó la cena de celebración, mi hermano me asesinó cruelmente en mi recámara. Con cara de nada, me dijo con frialdad: —Alguien tan malvada como tú ya debería haberse muerto hace mucho. ¡Tú eres la que debería estar muerta, y el derecho de heredar la familia también debería ser mío! Morí con los ojos abiertos, y, cuando «volví en mí», afuera de la mansión se oía cómo los enemigos forzaban la puerta.
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La gemela elegida sin espíritu de loba

La gemela elegida sin espíritu de loba

Por centésima vez, mi Alfa y compañero, Ryker, usó su voz de mando sobre mí, amenazando con rechazar nuestro vínculo si no me sacrificaba por mi hermana gemela, Ivy. No lloré ni protesté. Simplemente firmé los papeles de rechazo del vínculo de compañeros. Le entregué a mi hermana al Alfa que había amado durante diez años. Pocos días después, Ivy armó un escándalo en el Banquete de la Alianza de Manadas, humillando a la hija del Alfa de Silvermoon. Una vez más, di un paso al frente para ocupar su lugar, soportando el dolor de una marca de plata desfigurante. Más tarde, cuando exigieron que probara la seguridad del Ritual de Regeneración del Espíritu Lobo con mi propio cuerpo por el bien de mi hermana, acepté con una sonrisa. Mis padres, ambos Betas, me dijeron con los ojos enrojecidos, que finalmente estaba siendo la hermana mayor que se suponía que debía ser. Incluso Ryker, que siempre había sido tan distante conmigo, se detuvo ante la celda. Acarició suavemente mi mejilla por primera vez en mucho tiempo y dijo en voz baja: —Harper, no tengas miedo. Tan pronto como termine la prueba, te llevaré a ver las auroras al Lago de la Diosa de la Luna. Pero él no sabía que, independientemente del resultado de la prueba, no volvería a verme jamás. Mi espíritu de loba ya se estaba desvaneciendo. Nada podía salvarme. Esta vez, cuando cerrara los ojos, sería para siempre.
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No quieren soltarme

No quieren soltarme

Cumplía años y mi esposo, Don Damián, me regaló el collar de perlas de su difunta esposa. Me lo puse para la cena. Mi hijastro, León, enfurecido, me arrojó vino tinto encima. Fui el hazmerreír de toda la fiesta. —¡Maldita! —me dijo entre dientes—. ¿Acaso crees que por ponerte las joyas de mi mamá vas a poder reemplazarla? Me clavó una mirada gélida. Y luego gritó: —¡Lárgate de mi casa! Pero su madre murió cuando él era un bebé. Fui yo quien lo crio. Alguien le metió cizaña. Le dijeron que yo había matado a su madre. Ahora cree que soy una víbora que engatusó a su padre. ¿Y su padre? ¿Mi esposo? Él nunca me vio realmente. Solo veía el fantasma de Cristal. No se me rompió el corazón… ¡se hizo añicos! No me amaron. Ni siquiera me tomaron en cuenta. Así que me fui. Entonces, ¿por qué, cuando por fin me había ido, volvieron de rodillas, suplicándome que volviera?
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