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El Elegido Se Convertirá En El Gran Padrino

El Elegido Se Convertirá En El Gran Padrino

Mi padre era el don de la familia Moretti y el padrino que gobernaba todo el imperio de la mafia. Mi madre, por su parte, era la jefa de la familia Carter y la presidenta de la Corporación Multinacional Carter. Ellos fueron quienes seleccionaron a dos prometidos para mí. El primero era Damian, el CEO de Aegis Corporation, reconocido a nivel mundial. El otro era Caesar, una figura formidable que controlaba todo el tráfico de armas clandestino. En el banquete de mi vigésimo cumpleaños, aquel a quien yo eligiera para casarme se convertiría en el nuevo padrino que gobernaría el imperio. Por eso, todos se quedaron en shock cuando, sin dudarlo, elegí a Caesar. —Elijo a Caesar —sentencié con firmeza, ignorando los murmullos de la multitud. Yo había amado profundamente a Damian desde que era una niña, tanto que, incluso, había llegado a jurar que solo me casaría con él. Sin embargo, lo que nadie sabía era que yo había regresado del futuro. En mi vida pasada, me había casado con Damian tal como deseaba. Sin embargo, en nuestra noche de bodas, él me traicionó con mi propia sirvienta. Más tarde, mi familia se enteró y la despidió, echándola de la casa sin contemplaciones. Motivo por el que Damian me guardó un profundo rencor. Meses más tarde, luego de que quedé embarazada, traía a mujeres diferentes a casa cada noche y se acostaba con ellas justo frente a mí. Incluso el día que luchaba en un parto difícil, él desvió todos los recursos médicos para dejarme desamparada. Ignorando mis súplicas, provocó que yo y mi hijo no nacido sufriéramos y muriéramos en una agonía insoportable. Habiendo regresado al pasado, decidí concederle su libertad. Por esto, sin pensarlo dos veces, elegí a mi otro prometido, Caesar. Pero lo que nunca esperé fue descubrir que Damian... también había renacido.
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Rechazada por el Beta, Amada por el Alfa

Rechazada por el Beta, Amada por el Alfa

Durante cinco años, Gideon, el Beta de la manada de Moonstone, y yo mantuvimos un romance secreto. El plan era anunciar, en el festival del Solsticio de Invierno, que íbamos a completar el vínculo. Pero, en lugar de eso, exhaló su aliento cálido contra mi oído para decirme: —Cariño, llevamos cinco años acostándonos y ya me aburriste. Búscate a otro lobo que te reclame para la ceremonia, ¿de acuerdo? No derramé ni una sola lágrima. Le sostuve la mirada con total serenidad. —Bien —acepté. Mi reacción lo descolocó. Él no sabía que en mi vida pasada le supliqué que me reclamara y lo hizo, completamos el vínculo, pero todo resultó ser una farsa. Jamás volvió a despertarme rozando su barbilla áspera contra mi frente. Incluso al hacer el amor, mantenía los ojos cerrados: solo usaba mi cuerpo para desahogarse mientras pensaba en su salvadora, Aveline. Pude entenderlo todo cuando llegó mi muerte. Mientras yo agonizaba en el parto de nuestro cachorro y luchaba por sobrevivir, él me abandonó. Corrió a consolar a Aveline, que estaba en otra camilla, para que no pereciera por una herida causada por un cuchillo de plata. Aprendí que un vínculo por el que tienes que rogar no es amor. Es una condena imposible de sanar. De vuelta a mi nueva vida, me aparté con una sonrisa y le quité la mano de mi cintura. —¿Por qué me miras así? —Mi tono de voz lo sorprendió aún más—. Tú estás aburrido de mí y me ordenaste buscar a otro. Solo sigo tus órdenes.
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El Adiós Definitivo

El Adiós Definitivo

Mi prometido, Victor Blackwood, es el Don de la mafia que controla el bajo mundo de todo el país con mano de hierro. Para los demás, él es la personificación del poder. Pero para mí… era el amor hecho hombre. Nunca imaginé el precio de amar a un hombre como él. En el Día de San Valentín preparé sus comidas favoritas y lo esperé en casa. Sin embargo, las horas pasaron, el vino se enfrió… y su silla seguía vacía. Con un mal presentimiento, abrí la red social de Queenie Stone, su «hermana adoptiva», quien había publicado: «Solo bastó que le dijera que me sentía sola… para que viniera enseguida. Incluso, aunque derramé vino sobre él, no se enojó. Victor siempre ha sido así… La familia para él es lo primero, aunque eso signifique dejar a su novia esperando. Nunca me falla. Ojalá nada cambie». En la foto, la camisa de Victor estaba empapada a la altura de la cintura, y el pañuelo de Queenie descansaba de manera peligrosa cerca de su entrepierna… Él ni siquiera se había apartado… sino que solo la miraba con ternura. No hice ningún escándalo. Solo le di «me gusta» a su publicación y luego le envié un simple mensaje: «Terminamos.» Pero como siempre… lo ignoró. Después supe que, al ver mi mensaje, él se limitó a comentar: —Vivienne no puede vivir sin mí. Solo está haciendo un berrinche. Si la ignoro un par de días, volverá arrastrándose. Es fácil de contentar. Lo que él no sabía… era que yo solo era fácil porque lo amaba. Pero ahora que decidí irme, no hay vuelta atrás… No importa lo que haga.
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La esposa a la que dejó morir

La esposa a la que dejó morir

Me desangraba en una esquina tras un ataque de una familia rival. Mi esposo, Dante —el subjefe de la familia Torrino— estaba en su auto, sosteniendo a la hermanita de su mejor amigo. Me lanzó una mirada fría y dijo: —Déjala. No es nadie. Más tarde, cuando otro me salvó, caminé a casa empapada en mi propia sangre. Encontré a Dante meciendo a Serafina, preocupadísimo por ella. Ella solo tenía una rodilla raspada. ¿Y la sangre que cubría mi ropa? Ni siquiera la vio. Solo observé. No dije nada. Luego saqué mi teléfono y llamé a mi madre: —Mamá, necesito volver a casa.
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Cansada de Siete Años de Drama

Cansada de Siete Años de Drama

Finn, mi novio mafioso, siempre peleaba con Amanda, su amiga de la infancia. Para mi cumpleaños, ella me regaló un mini vibrador. —Toma. Por si llegan a una segunda ronda. Nadie conoce su resistencia mejor que yo. Finn le lanzó un frasco de base de maquillaje. —Ponte un poco más. Tal vez así alguien quiera tocarte. Salieron empujándose entre sí y dieron un portazo. Las velas del pastel se consumieron por completo mientras yo permanecía sola, sentada frente a la mesa. La primera vez que nuestras familias se reunieron para una cena formal, Amanda sonrió y deslizó un pequeño frasco de lubricante hacia Finn. —Toma. Así la pobre no sufrirá tanto. La expresión de Finn se volvió sombría. —Mejor eso que quedarte llorando todas las noches abrazada a una almohada corporal. Esta vez, Finn preparó unas vacaciones en una isla privada. Un amigo en común me dijo en secreto que Finn planeaba pedirme matrimonio al atardecer, en un acantilado. Tras siete años de espera, creí que por fin había llegado el momento. La meta ya estaba a mi alcance. Me arreglé con esmero, me puse mi vestido más caro y caminé hacia el helipuerto. Abrí la puerta del helicóptero. Amanda ya ocupaba el asiento del copiloto. Arqueó una ceja al verme. —Chloe, llegaste. Soy claustrofóbica, así que no te importa si me siento adelante, ¿verdad? Finn, con las manos en los controles, giró la cabeza hacia mí. —Chloe, siéntate atrás. Me preocupa que le dé uno de sus berrinches y empiece a arañar y morder. Nos arruinaría el viaje. No alcancé a responder; Amanda ya estaba discutiendo con él. —¿Qué quieres decir con eso? ¿Crees que soy una carga? —No es la primera vez que lo pienso. ¿Por qué hoy haces tanto drama? La forma en que se respondían era tan natural que parecía un libreto ensayado mil veces. En ese instante, todo el cansancio acumulado durante los últimos siete años me invadió. Y, por primera vez, comprendí que ya no quería decirle que sí cuando me pidiera matrimonio.
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La Estrella Perdida

La Estrella Perdida

Soy la falsa heredera malvada que creció en una familia rica. Después de mi muerte, mi amor de la infancia publicó mis fotos íntimas, llamándome una cualquiera que solo sabía seducir hombres. Tras lo cual, la gente llegó a casa gritando que me merecía la muerte. Mis papás, para librarse de mi mala suerte, quemaron toda la mansión esa misma noche e incluso les dieron mis cenizas a los perros. Todos decían que me lo merecía. Hasta que el día de la gran boda en vivo entre la verdadera heredera y mi amor de infancia, recibieron mi regalo de bodas.
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La Última Carta

La Última Carta

Desde pequeños, Gabriel Fuentes y Julieta Ramírez nunca se habían llevado bien. Sin embargo, el destino tenía otros planes: en su círculo social, ya solo quedaban ellos dos como candidatos «adecuados» para un matrimonio por conveniencia. Gabriel juró que preferiría morirse antes que casarse con Julieta, mientras que ella, con una sonrisa irónica, respondía: —Entonces ya está decidido. Me casaré contigo. Apúrate y muérete. El día de la boda, Gabriel soltó decenas de gallinas en plena ceremonia para humillarla. Julieta, impasible, alzó una y dijo en voz alta: —Saluda, esposo mío. Y fue en ese momento que a Gabriel se le acabaron las ganas de burlarse. La mujer que él menos quería, era justo la que más empeño tenía en casarse con él. —Te vas a arrepentir —le dijo con desprecio. Tres años después, Julieta vio a Gabriel siéndole infiel por novena vez. Y recién entonces entendió... A qué se refería él con la frase «te vas a arrepentir».
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El símbolo sexual que el Don nunca podrá tener

El símbolo sexual que el Don nunca podrá tener

Mi figura siempre atrae miradas adondequiera que vaya. Mis ojos, intensos y penetrantes, tienen esa extraña capacidad de desarmar a cualquiera que se cruce en mi camino. En Hollywood me consideran uno de los mayores símbolos de belleza y sensualidad. Sin embargo, después de cinco años viviendo en esta ciudad, ningún productor se ha atrevido siquiera a acercarse a mí. La razón es simple: el hombre que comparte mi cama es Don Vincenzo, el jefe más temido y despiadado de la mafia de Nueva York. Pasé siete años a su lado y, durante todo ese tiempo, me hizo creer que era especial. Después de cada encuentro, cuando por fin recuperábamos el aliento, me envolvía entre sus brazos, me besaba con devoción absoluta y me llevaba al baño para borrar con delicadeza cualquier rastro de la pasión que acabábamos de compartir. ¡Qué ingenua fui al pensar que sería la única mujer de su vida y que algún día llegaría a ser su Donna! Todo cambió la noche de mi cumpleaños número veintiocho. Después de la cena familiar, lo escuché hablar de mí y reírse con uno de sus hombres de confianza. —Chloe sirve para pasar el rato, pero mi Donna tiene que ser alguien diferente. En ese instante, arranqué de mi pecho el corazón frágil que había creído en cada una de sus promesas y decidí convertirme en lo que él, aparentemente, deseaba: una amante perfecta, una mujer interesada únicamente en su dinero. Pero, para mi sorpresa, ni siquiera eso fue suficiente para Vincenzo. Sus ojos oscuros y penetrantes se clavaron en los míos. —¿De verdad no quieres nada más de mí, además de un penthouse en Manhattan? Deslicé suavemente los brazos alrededor de su cuello y fingí sorpresa. —¿Me estás diciendo que también puedo pedirte un Ferrari?
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El Alfa me Rechazó, el Rey Alfa me Reclamó

El Alfa me Rechazó, el Rey Alfa me Reclamó

La vidente profetizó que yo me uniría con el Alfa y daría a luz al heredero más fuerte de la manada. Por eso, desde pequeña ya estaba decidido que me casaría con el Alfa, para que en el futuro pudiera convertirme en la Luna. Sacrifiqué toda mi juventud: sangré, luché y soporté. Cada sonrisa, cada paso, cada respiro… todo fue para convertirme en la Luna perfecta. Pero, ¿qué era lo que realmente estaba esperando? El día de la ceremonia de parejas, Guillermo apareció acompañado de una chica embarazada de sangre Omega: Luisa. Frente a todos, Guillermo anunció que, durante una cacería, ella había ingerido por accidente una hierba venenosa, quedando embarazada. Él debía asumir la responsabilidad y casarse con Luisa, para que ella se convirtiera en la nueva Luna. Al ver su expresión, firme e indiscutible, mi voz tembló al preguntar: —¿Y yo? ¿Qué voy a hacer? Él, sin dudar ni un instante, respondió de inmediato: —Susan, por esa profecía usurpaste el lugar de la futura Luna, disfrutando demasiado tiempo de un privilegio que no te correspondía. Ahora debes ceder tu lugar. —Pero no te preocupes porque te expulse. Mientras continúes siendo la sirvienta de Luisa para expiar tu culpa, podrás seguir a mi lado por siempre. Todo quedó en silencio; su mirada era como una montaña aplastándome. Yo no tenía reacción ni podía pedir nada; solo pude quitarme lentamente el velo y devolver el anillo de compromiso que simbolizaba a la futura Luna. Cuando el hijo de Luisa nació, era únicamente de sangre Omega. Fue entonces cuando Guillermo comprendió que la profecía era cierta: solo yo podía engendrar al Alfa destinado a liderar el linaje. Pero cuando él se arrepintió y me pidió que regresara, ya era demasiado tarde. Yo ya me había comprometido con el Rey Alfa; ya no le pertenecía.
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Después de donarle el hígado a mi novio, supe que fue su venganza

Después de donarle el hígado a mi novio, supe que fue su venganza

Mi novio fue diagnosticado con cáncer y necesitaba un trasplante de hígado. Cuando supe que yo era compatible, no dudé ni un segundo en aceptar la operación. Me extirparon dos tercios del hígado. El dolor era insoportable, pero en cuanto recuperé la conciencia, corrí a ver cómo estaba él. Frente a la puerta, escuché su conversación con un amigo. —Eres un genio, Javier. Nadie más podría idear una forma de venganza tan cabrona. Javier Morales soltó una risa burlona. —Si no fuera porque no quería armar tanto escándalo, hasta le habría quitado un riñón solo por diversión. —Por su culpa, Elena fracasó en el examen de ingreso a la universidad y tuvo que irse al extranjero. En un mes regresará, y en ese momento me despediré de Lucía para siempre.
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