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La Última Carta

La Última Carta

Desde pequeños, Gabriel Fuentes y Julieta Ramírez nunca se habían llevado bien. Sin embargo, el destino tenía otros planes: en su círculo social, ya solo quedaban ellos dos como candidatos «adecuados» para un matrimonio por conveniencia. Gabriel juró que preferiría morirse antes que casarse con Julieta, mientras que ella, con una sonrisa irónica, respondía: —Entonces ya está decidido. Me casaré contigo. Apúrate y muérete. El día de la boda, Gabriel soltó decenas de gallinas en plena ceremonia para humillarla. Julieta, impasible, alzó una y dijo en voz alta: —Saluda, esposo mío. Y fue en ese momento que a Gabriel se le acabaron las ganas de burlarse. La mujer que él menos quería, era justo la que más empeño tenía en casarse con él. —Te vas a arrepentir —le dijo con desprecio. Tres años después, Julieta vio a Gabriel siéndole infiel por novena vez. Y recién entonces entendió... A qué se refería él con la frase «te vas a arrepentir».
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Renacida para Escapar de la Familia Mafiosa

Renacida para Escapar de la Familia Mafiosa

Para devolverle a mi amor platónico el derecho de heredar su familia mafiosa, le di una de mis córneas. Sin embargo, cuando él recuperó la vista, mi familia prefirió que se casara con mi hermana mayor en lugar de conmigo. En mi vida pasada, intenté encontrarlo y explicarle todo, pero me rechazó. Por si fuera poco, mi familia me exilió y morí la noche de su boda con mi hermana. Y entonces, renací antes de mi exilio. Esta vez, decidí abandonar mi grupo mafioso y a mi amor platónico por voluntad propia... Pero, ¿aquel jefe mafioso despiadado? Él se derrumbó por completo.
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Traición a la luz en la cena de Navidad

Traición a la luz en la cena de Navidad

Aquella Navidad, mi esposo estaba lejos, atrapado en un viaje de trabajo que lo mantuvo apartado de mí en una fecha que siempre imaginé distinta. Como si eso pudiera remediarlo, ordenó que me enviaran una cena navideña de un restaurante elegante, directo hasta la puerta de mi casa. Pero al abrirla, algo dentro de mí se quebró. No solo estaba llena de mariscos —justo lo único que no puedo comer—, sino que además incluía un menú infantil. El repartidor, incómodo, bajó la mirada y se disculpó. Me explicó que mi esposo había encargado dos pedidos a direcciones diferentes, y que se había confundido. Dos pedidos. Esa idea se quedó flotando en mi mente, pesada, inquietante… imposible de ignorar. Sin pensarlo demasiado, fui a la dirección que aparecía en el recibo. Y ahí, frente a mí, la verdad tomó forma. En el jardín iluminado de una enorme mansión, lo vi. Mi esposo. Sonriendo como nunca conmigo. Estaba junto a una mujer y un niño, ayudándolos a recoger dulces de un árbol de Navidad decorado con esmero. El pequeño corrió hacia él y se lanzó a sus brazos con una naturalidad que me heló la sangre. —Papá, este año quiero un parque de juegos para mi cumpleaños —dijo, con los ojos brillantes. Él rio suavemente, como si ese momento fuera lo más importante del mundo. —Claro que sí… —respondió, pellizcándole la mejilla—. Y a mamá le regalaré un juego nuevo de joyas. La mujer se recostó contra su hombro, radiante, como si ese lugar siempre le hubiera pertenecido. —Amor, eres increíble con nosotros. Saqué mi teléfono, temblando, y grabé cada segundo de esa escena que ya no podía negar. Después, envié el video a mi abogado. “Necesito el divorcio lo antes posible… para que mi esposo pueda volver con su verdadera familia”.
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Una Criminal Me Robó la Vida

Una Criminal Me Robó la Vida

Mi esposo era alabado por mis amigos como un amor perfecto. Todos decían que me amaba locamente, que me trataba como una princesa. Hasta que fui a mi chequeo de embarazo. Mi prima Aurora, antes de suicidarse, le hizo una llamada de despedida. Sin dudarlo, me abandonó, que embarazada de seis meses y salió corriendo despavorido. Mi madre quería que fuera comprensiva y que "prestara" a mi esposo a Aurora con depresión. Mi hermano también me regañó: —Que sigas en esta familia se lo debes a ella. ¡Lo que ella pida, se lo das! Me pareció absurdamente ridículo. ¿Acaso yo no era la familia de ustedes? Ella solo era una intrusa que se adueñó de lo ajeno. Pero cuando por fin decidí renunciar a todos ustedes, ¿por qué se arrepintieron?
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Divorcio con mi billonario Mi hermana quedó embarazada de él

Divorcio con mi billonario Mi hermana quedó embarazada de él

— ¿Y vas a tener hijos con mi propia hermana? —le pregunté. Fernando se quedó helado. Sus ojos se abrieron de par en par. Intenté darme la vuelta para irme, pero él reaccionó rápido. Su rostro se volvió duro como una piedra: — No quiero hablar de eso. Miré ese rostro perfecto que había amado durante cinco años. Ahora, lo único que me daba era asco. Fernando nunca vio a su esposa como una verdadera compañera. Durante cinco años, Mariana vivió en un matrimonio congelado. Ignorada, humillada y sola en una mansión enorme donde se convirtió en un fantasma. Hasta que una noche, la amante de Fernando bajó las escaleras. Llevaba puesta la camisa de él y presumía su embarazo. — Fernando dice que esta casa por fin merece una verdadera dueña. Fernando no lo negó. Simplemente puso los papeles del divorcio frente a Mariana. Él pensó que ella lloraría. Que le suplicaría. Como siempre. Pero Mariana firmó sin dudarlo un segundo. — Me quedo con la parte de los bienes que me toca. El resto es de ustedes. Salió de la mansión sin mirar atrás, decidida a no volver jamás. Y fue en ese mismísimo instante cuando Fernando entendió la verdad: Ella no iba a regresar. El hombre frío que jamás había perdido el control, se derrumbó por completo. La persiguió descalzo bajo la lluvia, se cayó de rodillas frente a todos, suplicó, lloró y prometió destruir su propia vida si ella lo abandonaba. La mujer que él tanto había despreciado era ahora la única que podía salvarlo. Pero esta vez, Mariana ya no quiere su amor. Solo quiere verlo sufrir.
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Mi Cuñada Quiso a Mi esposo Una Noche

Mi Cuñada Quiso a Mi esposo Una Noche

La noche de bodas, mi esposo Grey y yo estábamos en la habitación cuando Scarlett, la esposa de su hermano, entró tropezando, completamente borracha, y se le fue encima, abrazándolo sin soltarlo. —Keisha, mi esposo murió tan joven, yo de verdad quiero tener un hijo... —lloraba sin consuelo—. Préstamelo solo por una noche, ¿sí? Entre sollozos, me metió un juguete erótico en la mano. —Tú tranquila, mañana te lo regreso —dijo, hecha un mar de lágrimas—. Si de verdad te sientes muy sola, al menos puedes consolarte con esto. Me quedé helada, sin poder procesar lo que estaba pasando. Miré a Grey, que ya la sujetaba por los hombros con cuidado para que no se cayera. —¿Quieres irte a dormir con ella? —le pregunté, sin poder creerlo, con la voz temblorosa. Grey evitó mi mirada, pero al hablar, la voz le salió atropellada. —No pienses tonterías. Scarlett está borracha, no sabe lo que dice. Voy a llevarla a su cuarto para que descanse. Cuando vi que quería llevársela, me planté justo delante de la puerta y le bloqueé el paso. —Grey, hoy es nuestra noche de bodas —insistí—. ¿En serio te vas a ir con ella? Su expresión se ensombreció al instante y me quitó de en medio de un empujón. —Ya eres mi esposa, así que compórtate. No armes una escena por unos celos tontos. Luego se fue, llevándola en brazos con delicadeza, como si fuera un cristal frágil. Quise correr detrás de ellos y detenerlos, pero al ver en sus ojos esa preocupación tan intensa por ella, de pronto todo me quedó claro. El amor de ese hombre ya no era solo para mí. Y si era así, ¿para qué seguir aferrada a un matrimonio donde el cariño ya se había echado a perder? Era hora de soltar... y marcharme de una vez.
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Después de fingir mi muerte

Después de fingir mi muerte

Después de declararme ciento una veces a mi amor de la infancia, él terminó casándose con la mujer de sus sueños. Con el corazón hecho pedazos, tomé una decisión impulsiva, casarme con su hermano, quien siempre había estado enamorado de mí. Luego de casarnos, él me consintió en todo. Su amor era intenso, abierto, casi desbordante. Todos decían que yo era increíblemente afortunada por haberme casado con un hombre que me amaba tanto. Pero el día en que la mujer de su hermano y yo caímos al agua al mismo tiempo, lo vi con mis propios ojos, él, que ni siquiera sabía nadar, se lanzó sin dudarlo… pero no por mí. Nadó desesperadamente hacia ella, y bajo el agua le dio respiración boca a boca. Mientras yo luchaba por mantenerme a flote, rogando que me mirara aunque fuera una vez, él solo se preocupó por llevarla a la orilla, dejándome a merced del mar. Cuando apenas recobraba la conciencia en el hospital, escuché cómo él y su hermano acabaron a los golpes por quién se quedaría a cuidarla… y entre gritos, él le dijo lleno de dolor: —Me casé con Elena sacrificándome, solo para que no interfiriera en tu felicidad con Victoria. Déjame verla… aunque sea una vez, ¿sí? Y en ese momento fue entonces cuando lo entendí. Nunca nadie me había amado de verdad. Así que tomé una decisión. Contraté un servicio para fingir mi muerte y desaparecer para siempre. Pero cuando la noticia de mi “muerte” llegó a sus oídos, aquel hombre siempre frío y sereno apartó a Victoria, se inclinó y escupió sangre. Y en una sola noche, su cabello se volvió completamente blanco.
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¿Estéril? Tuve hijos con el magnate

¿Estéril? Tuve hijos con el magnate

Después de tres años intentando quedar embarazada, Elisa Montiel por fin lo logró. Pero entonces descubrió que, legalmente, ni siquiera estaba casada con Nicolás Rojas. Quiso enfrentarlo y exigirle una explicación, pero lo encontró acompañando a otra mujer a su control prenatal. Para que ese bebé no naciera fuera del matrimonio, Nicolás se había casado con ella. Elisa soportó todo y movió cada pieza con paciencia hasta conseguir separarse de él. Pero Nicolás, obsesionado con retenerla, se negó a dejarla ir. Cuando la abandonó por el hijo de otra mujer y provocó que ella perdiera a su bebé, cualquier posibilidad entre los dos quedó destruida. La siguiente vez que se encontraron, Elisa ya era la esposa de Bruno Salazar, el hombre más rico de Ciudad Real. Vestía alta costura y lucía joyas de las marcas más exclusivas. Todos admiraban el amor que compartían ella y Bruno. Nicolás, siempre tan distante y orgulloso, terminó con los ojos enrojecidos y le rogó que regresara a su lado. Elisa soltó una sonrisa fría y lo miró con absoluto desprecio. —El amor que llega demasiado tarde ya no me sirve de nada.
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Cenizas de un amor roto

Cenizas de un amor roto

Mi hermana y yo somos gemelas, y ambas sufrimos de una enfermedad renal muy grave. Después de mucho tiempo, por fin había dos riñones disponibles para nosotras, y los médicos decidieron que nos tocaba uno a cada una. Sin embargo, mi hermana se desplomó en los brazos del hombre con el que yo me iba a casar, llorando, quería los dos riñones para ella sola. Yo me negué, pero ese hombre me encerró en un cuarto, permitiendo que mi hermana se sometiera a la operación de trasplante y se quedara con los dos riñones. Él presionó mi frente con firmeza y me advirtió: —Tu enfermedad no es tan grave como la de tu hermana. Ella solo quiere vivir como una persona normal. ¿Por qué eres tan egoísta? ¿No puedes esperar otro riñón? Pero él no sabe que realmente no puedo, porque estoy a punto de morir.
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Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre

Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre

Después de tres años de matrimonio con Ricardo Montenegro, nunca faltaron mujeres a su alrededor. Cada vez que llevaba a una a casa, me regalaba un collar de valor incalculable. En apenas tres años, ya había reunido noventa y nueve collares. Cuando Ricardo me colocó el collar número cien, ya no lloré ni armé escándalos. Porque esta vez, la mujer con la que me fue infiel era mi propia hermana mayor. La misma hermana que desde niña me golpeaba y me insultaba. La persona que más amaba se alió con la que más odiaba para torturarme. En ese momento, se me murió el corazón. Esta vez fui yo quien se acercó a Ricardo y le entregó un contrato de compra de una vivienda. —Con tal de que firmes, te dejo que se revuelquen como quieran. En sus ojos pasó un destello de sorpresa; al final firmó sin pensarlo dos veces. Incluso, por primera vez, besó mi mejilla con ternura. —Cariño, por fin aprendiste a portarte bien. Le abrí personalmente la puerta del carro y lo vi marcharse hacia mi hermana. Cuando el vehículo desapareció por completo, solté un largo suspiro y saqué de debajo de los documentos… el acuerdo de divorcio.
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