Perdón, Alfa: ahora soy tu tía
—¡Mocoso de mierda!
Rugió, desatando toda la fuerza de su autoridad de Alfa. Agarró a mi cachorro enfermo por el cuello de la ropa, como si fuera un gato callejero al que estaba a punto de lanzar por la puerta principal de la mansión.
—¡No…! —grité, desesperada.
Y justo en ese momento crítico…
Una presencia de Alfa aterradora, aplastante, barrió la mansión como una ola gigantesca. Era un poder que empequeñecía al de Liam, impregnado de la autoridad absoluta e incuestionable de un rey.
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