Colegiala Pública
¿Cómo me encontraste?
Me alarmé por dentro. Sí, mis manos son rudas por el trabajo físico, nada que ver con las de un chico joven. Se parecían más a las de un hombre maduro. Esta chica me había confundido con su padrino.
En esos tiempos, eso de tener un “padrino” no era más que depender económicamente de alguien con dinero. No era extraño que una universitaria con gastos elevados recurriera a ese tipo de apoyo. En una gran ciudad, donde el costo de vida era tan alto, mantener ese ritmo sin ayuda resultaba muy difícil, especialmente si llevaba una vida social activa. Con su mesada sola, claramente no le alcanzaba.
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