Al escuchar esto, Alicia sintió una gran calidez en el corazón.—Pero ¿cómo se lo vamos a explicar a la abuela? —continuaba inquieta—. Ella es tan linda conmigo, me preocupa muchísimo que se desilusione.—No te preocupes por eso. Yo me encargaré de hablar con ella.Leandro solo mencionó que hablaría con la anciana, pero no dio detalles de cómo lo haría. Debido a eso, Alicia pasó toda la semana con el alma en un hilo, sin poder estar tranquila.El miércoles por la tarde, al regresar de trabajar y abrir la puerta de la casa, vio de inmediato esos zapatos conocidos en el recibidor, y el corazón le dio un vuelco. ¡La abuela había vuelto!Alicia respiró profundo, apretó la correa de su bolso y se repitió mentalmente que hoy mismo tenía que aclarar las cosas. No podía seguir ocultándolo; incluso si la anciana se decepcionaba, no podían dejar que mantuviera una falsa ilusión. Mientras se cambiaba los zapatos, iba planeando qué decir y, armándose de valor, caminó hacia la sala.—Ya regresas
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