—¡A mi mamá ya se le bajó la calentura! —fue Gael el primero en darse cuenta—. ¡Mi mamá ya no tiene fiebre!Elena le acarició la mejilla a Gael, como un consuelo y una promesa:—No te preocupes, mi amor, mamá se va a recuperar muy pronto.***Una semana después, Elena por fin se había restablecido del todo y poco a poco fue recuperando las fuerzas.En realidad, ese vacío y esa tristeza seguían ahí, pero en el mundo de los adultos no hay tiempo para quedarse estancada en el dolor. Su hijo, el trabajo y los pendientes del día a día la obligaban a seguir adelante. Por supuesto, fue gracias al cariño de Gael y a la pasión por su trabajo que logró salir de ese hoyo, evitando hundirse más.De vez en cuando, Elena iba al pueblo a hacer las compras y, al pasar por el taller o el restaurante de Leonardo, los recuerdos del tiempo que pasaron juntos aparecían sin poder evitarlo. Sin embargo, al poco tiempo, tanto el taller como el restaurante cerraron sus puertas de manera definitiva. Al parece
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