Su mano, blanca y delicada, se entrelazó con la de Leonardo, que estaba llena de sutiles callos y rastros de grasa. Una suave y la otra áspera, formando un claro contraste, pero acoplándose a la perfección. Leonardo la miró a los ojos con una sonrisa y, a través del contacto de la piel, sintió la absoluta honestidad de ella.—Un gusto hacer negocios contigo —soltó él, por puro instinto.***Al día siguiente de firmar el contrato, Elena se enfocó por completo en la remodelación de la casa vieja. Como había estudiado diseño y sabía muy bien lo que hacía, evaluó el lugar y decidió encargarse ella misma de todo el diseño de la obra, ahorrándose el tener que darles largas explicaciones a arquitectos externos.Durante la primera semana, iba a la casa deshabitada hasta diez veces al día para medir los espacios y anotar cada detalle en sus bocetos. Finalmente, dos semanas después, terminó los planos.Con los diseños listos, tocaba empezar la construcción. El día anterior al inicio de la obra
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