Media hora después de que Leonardo se fuera, un empleado del taller mecánico trajo el auto de Elena de regreso al hostal. El hombre incluso ayudó a descargar toda la mercancía de la cajuela. Elena sintió cierta pena por la atención y le pidió a Elsa que fuera a la tienda por una cajetilla de cigarros para regalársela, pero el empleado se negó firmemente a recibirla. —Son órdenes directas del jefe, bajo ninguna circunstancia puedo aceptar los cigarros. Si lo hago, cuando regrese, el jefe me va a meter una santa cagada.Elena, al ver que no tenía de otra, fue al refrigerador a sacar una bebida:—De acuerdo, pero un refresco sí me lo aceptas, ¿no?—Bueno, el refresco sí. Muchas gracias, jefa.Elena se le quedó viendo, confundida por el tono. —¿Jefa? —preguntó Elsa.Al ver su reacción, el empleado empezó a tartamudear, completamente nervioso:—O sea... perdón, quise decir dueña... la dueña del hostal, señorita Elena. ¡Ay! Es que ando todo desvelado y se me fue una palabra.Elsa se limit
อ่านเพิ่มเติม