Solo entonces Emiliano se fijó en que, bajo la apariencia imponente de aquella oficial, había un rostro delicado y hermoso.Sobre todo esos ojos, ligeramente rasgados hacia arriba, claros pero con un aire frío.Tenía el cuello largo y elegante, y llevaba el uniforme bien ajustado al cuerpo. Aquella silueta marcada hizo que el corazón de Emiliano temblara apenas.Era alta y delgada, de cintura fina, pecho abundante y una belleza excepcional.Jimena notó que Emiliano le estaba mirando el pecho. Su rostro se puso rojo de golpe y se enfureció tanto que, de no haber sido por su identidad como policía, tal vez ya le habría dado una bofetada.Ese desgraciado se veía como un tipo vulgar. Si se atrevía a mirar así incluso a una policía, ¿qué no sería capaz de hacer?Emiliano no sabía si reír o llorar, y explicó con impotencia:—Oficial, de verdad me están acusando injustamente. No le hice nada. Si realmente hubiera querido forzarla, no habría elegido hacerlo justo junto a la puerta.—Eso lo
Magbasa pa