—No te desesperes. Esto se arregla enseguida. Es una dislocación, no tienes el hueso roto.Para un médico como César, tratar una dislocación era algo muy sencillo.Primero movió un poco la muñeca de Lautaro, luego empujó con suavidad, y la muñeca volvió a su lugar.Después le sujetó el brazo, se lo sacudió y, con la otra mano, le dio un golpe seco. También el brazo quedó acomodado.César le masajeó ligeramente el hombro y dijo:—Listo, ya no pasa nada. Pero estos dos días evita hacer movimientos bruscos.—Subdirector César, muchas gracias. Si no fuera por usted, habría seguido sufriendo un buen rato.—No digas eso. Tú eres el brazo derecho del señor Octavio. En lo personal, los admiro mucho tanto a ti como a él. Y sobre lo de Lucía y Emiliano, la culpa no es de Lucía. Todo fue porque Emiliano la confundió.César era muy astuto. Naturalmente, no iba a hablar mal de Lucía frente a Lautaro, así que cargó toda la culpa sobre Emiliano.—¿Quién es Emiliano? ¿Qué respaldo tiene?César fingi
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