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Se fue con su cachorro

Se fue con su cachorro

En el sexto año de estar con el Alfa James, escuché por casualidad una conversación entre él y su Beta. —¿Así que Isabelle todavía está molesta? —Esa Omega tiene mal carácter. Probablemente no lograrás calmarla pronto. James soltó una burla. —No importa qué tan malo sea su carácter, ¿acaso puede compararse con el de Clary en ese entonces? En aquel tiempo, ella era feroz e imposible de tratar. ¿Ahora? Está tan enamorada de mí que haría cualquier cosa. El Beta se rió estando de acuerdo. —Exactamente. ¿Quién hubiera pensado que la orgullosa e intocable Clary se volvería así de obediente y dócil? Sinceramente, ella no es ni de cerca tan interesante como esa Omega, Isabelle. Me quedé congelada fuera de la puerta. Yo era Clary, la loba que alguna vez fue orgullosa e intocable, y que ahora era la hembra silenciosa y bien portada de la que el Alfa James estaba hablando. Mi loba soltó un gimoteo de dolor en mi mente. Había venido a decirle que estaba embarazada de su cachorro. Sin embargo, ya no había necesidad de hacerlo. Dado que él quería emoción, yo tomaría a nuestro cachorro y desaparecería de su mundo para siempre.
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Traicionada, Rechazo el Vínculo

Traicionada, Rechazo el Vínculo

Durante el ataque vampírico en la frontera, tanto yo como la amiga de la infancia de mi compañero nos vimos atrapadas en el campamento. Sin dudarlo un segundo, mi compañero, Damon, se transformó en lobo y la rescató. A mí me dejó sola, enfrentando un infierno de llamas y la embestida de los vampiros. Al día siguiente, solicité formalmente al consejo de ancianos de la manada que se rompiera nuestro vínculo. Él, con el rostro sombrío, me increpó: —Tienes la sangre de sacerdotisa que te permite sanarte. Lydia es más vulnerable. Por eso la salvé primero. ¿Acaso tienes celos de eso? Lo miré con serenidad y respondí: —Bueno, ahora ya no importa.
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Arrepentimiento de Mi Esposo

Arrepentimiento de Mi Esposo

En el tercer mes de mi embarazo, la amiga de la infancia de mi esposo mafioso regresó. Todos decían que si no hubiera sido por la repentina partida de Estela García tres años atrás, nunca habría sido yo la esposa de Mateo Pérez. Ahora que Estela había vuelto, debía cederle mi lugar. Evidentemente, Mateo pensaba lo mismo. Consintió que Estela me lastimara una y otra vez, y hasta mi hijo se convirtió en una víctima de su amor. Desesperada, tomé la decisión de marcharme y poner fin a toda relación con Mateo. Pero cuando desaparecí por completo de su vida, ese hombre comenzó a buscarme por todas partes como un loco.
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Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre

Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre

Después de tres años de matrimonio con Ricardo Montenegro, nunca faltaron mujeres a su alrededor. Cada vez que llevaba a una a casa, me regalaba un collar de valor incalculable. En apenas tres años, ya había reunido noventa y nueve collares. Cuando Ricardo me colocó el collar número cien, ya no lloré ni armé escándalos. Porque esta vez, la mujer con la que me fue infiel era mi propia hermana mayor. La misma hermana que desde niña me golpeaba y me insultaba. La persona que más amaba se alió con la que más odiaba para torturarme. En ese momento, se me murió el corazón. Esta vez fui yo quien se acercó a Ricardo y le entregó un contrato de compra de una vivienda. —Con tal de que firmes, te dejo que se revuelquen como quieran. En sus ojos pasó un destello de sorpresa; al final firmó sin pensarlo dos veces. Incluso, por primera vez, besó mi mejilla con ternura. —Cariño, por fin aprendiste a portarte bien. Le abrí personalmente la puerta del carro y lo vi marcharse hacia mi hermana. Cuando el vehículo desapareció por completo, solté un largo suspiro y saqué de debajo de los documentos… el acuerdo de divorcio.
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De Donna Olvidada a Doctora Libre

De Donna Olvidada a Doctora Libre

Antes de darme cuenta, me había convertido en la mujer invisible que vivía a la sombra de mi esposo, Adrian Kane, el Don de la mafia. Era un ama de casa ahogada entre quehaceres, mientras él se lucía con su secretaria, Viola, diez años menor que yo. —Viola es muy capaz —dijo Adrian una vez—. Ella sí sabe cómo ayudarme. Aquella noche se cumplía nuestro décimo aniversario. Vi un elegante vestido de diseñador y un collar sobre la mesa de la sala. Por un segundo, me sentí feliz. Pensé que Adrian por fin había decidido llevarme a la gala anual de la mafia y presentarme oficialmente como su Donna. Pero el vestido y el collar eran para Viola. Más tarde, esa misma noche, los descubrí entrando a escondidas. Adrian y Viola estaban borrachos, toqueteándose como si yo no existiera. Hice una sola llamada. —Quiero unirme a una misión de Médicos Sin Fronteras. Asígnenme a un lugar lejos de aquí. Antes de casarme con Adrian, yo tenía toda una carrera médica por delante. Pero lo dejé todo por él. Ahora era momento de elegirme a mí misma y dejar atrás todo lo que, en realidad, nunca fue mío.
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Ya que No me Quieres, Entonces Adiós

Ya que No me Quieres, Entonces Adiós

La novena ceremonia de unión entre el Rey Alfa, Thorne Ravencrest, y yo, finalmente ha llegado. Sin embargo, una vez más, no logré convertirme en su Reina Luna. No porque él rompiera su promesa, sino porque no estoy lo suficientemente calificada. Los Ancianos dejaron muy claro que, cada Reina Luna reconocida por la Diosa de la Luna, a lo largo de la historia debe cultivar 365 Flores de Luz de Luna, utilizando su propia esencia de sangre. Pero cada año, en la víspera de la ceremonia, sin importar cuánto cuidado tenga, siempre falta una flor. Este año, casi me desangré por completo y apenas logré cultivar el número correcto. Extasiada, voy a buscar a Thorne, queriendo sorprenderlo. A través de la puerta entreabierta de la sala del trono, escucho a su Beta decirle: —Rey Alfa, Sera lo ha estado esperando por ocho años. ¿Alguna vez se unirá a ella? Thorne sacude la cabeza. —Le prometí a Willow que este año tampoco podemos unirnos. Su Beta vacila. —¿Y si Sera realmente logra cultivar suficientes Flores de Luz de Luna? Thorne se queda en silencio por un momento y luego aplaude. Un lobo de las sombras aparece y se funde en la oscuridad. Poco después, el lobo regresa con una Flor de Luz de Luna entre sus mandíbulas. Él desgarra la flor hasta hacerla trizas y deja escapar un suspiro. —Sera tiene sangre de sobra. Olvida un año; ella podría seguir cultivando flores por otros diez años y estar bien. Pero Willow ha sido envenenada con acónito. Soy todo lo que le queda, y ella me quiere a su lado en sus últimos días. No soporto rechazar a Willow, lo que significa que Sera simplemente tendrá que esperar un poco más. Me muerdo el labio con fuerza, apenas capaz de creer lo que escucho. Así que las Flores de Luz de Luna que desaparecían misteriosamente siempre fueron destruidas por él. Convertirme en Reina Luna ha sido mi sueño desde la infancia. Pero si él nunca tuvo la intención de unirse a mí, entonces es hora de que lo deje.
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La Princesa Alfa Que Él Perdió Para Siempre

La Princesa Alfa Que Él Perdió Para Siempre

Para prepararme para el papel que me esperaba, oculté la verdad… que era la única hija de un Rey Alfa. En mi primer año en la manada Luna Oscura, me enamoré de Leo —el hijo menor del Alfa— en el instante en que lo vi. Fueron tres años de amor. Aquel hombre frío y despiadado me consentía hasta el exceso. Y aun así… nunca aceptó realizar conmigo la ceremonia de marcaje. Más tarde descubrí la razón: su manada jamás me consideró digna. Después de todo, la manada Luna Oscura era la más poderosa de los Territorios del Norte, y a sus ojos, yo no era más que una loba errante sin nombre, proveniente de una manada insignificante. A medida que los susurros sobre la diferencia entre nuestros rangos se hacían cada vez más fuertes, decidí contarle la verdad sobre mi linaje. Pero entonces Leo empezó a desaparecer… día tras día. Hasta que, en la noche noventa y nueve de su ausencia, vi una historia en la red social de su amor de infancia. Un árbol de Navidad… decorado con juguetes sexuales. El texto decía: "Leo me lo prometió… la noche de nuestra ceremonia de marcaje, vamos a probarlos todos." Antes de que pudiera siquiera asimilarlo, mi teléfono vibró de nuevo. Un mensaje directo. De la misma mujer. "¿Tienes idea de cuánto me necesita Leo? Cada año, en tu cumpleaños, en cada aniversario… espera a que te duermas y luego viene a pasar la noche conmigo." "Una loba de sangre noble como yo es la única digna de ser su compañera. Tú no eres más que un estorbo entre un Alfa y su Luna." Me quedé mirando las palabras en la pantalla, con el pulgar suspendido en el aire. “¿Debería enfurecerme? ¿Debería derrumbarme?”, me pregunté. Nada… no sentía nada. Solo un vacío, justo donde antes estaba mi corazón. Bien. Este amor contaminado… este hombre… Ya no significaban nada para mí. Cerré los ojos y extendí mi mente a través del enlace mental, buscando a mi padre, el Rey Alfa. "Papá, acepto volver a casa… y heredar el trono."
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Cuando me tuviste, no me viste

Cuando me tuviste, no me viste

Dos semanas antes de la boda, Nelson decidió posponerla una vez más. —Ivana inaugura su primera exposición de arte ese día —me dijo—. Estará sola y nerviosa. Tengo que estar ahí para apoyarla. Al final, tú y yo ya estamos juntos, ¿qué más da casarnos un día antes o después? Pero ya era la tercera vez que aplazaba nuestra boda por aquella mujer. La primera, Ivana acababa de operarse y sentía nostalgia de la comida de su tierra, por lo que Nelson no dudó en viajar al extranjero y quedarse con ella durante dos meses. La segunda, Ivana decidió irse al bosque en busca de inspiración para pintar y él, preocupado por su seguridad, fue tras ella. Esta era la tercera. Colgué la llamada y miré a César, mi amigo de toda la vida, quien se encontraba sentado frente a mí, relajado, jugando con su bastón de esmeralda, cuyo golpeteo en el piso de mármol rompía el silencio entre nosotros. —¿Todavía necesitas esposa? —le pregunté, sonriendo con picardía. El día de mi boda, Ivana sonreía radiante, copa en mano, esperando el brindis del hombre a su lado. Pero él, con los ojos rojos, observaba en silencio la transmisión en vivo de la boda del heredero del Grupo Santos, el imperio inmobiliario más grande del país.
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La Donna que el Mafioso Traicionó

La Donna que el Mafioso Traicionó

Jamás olvidaré el frío despiadado de las aguas del Río Veyra. En mi vida pasada, yo era Darlena Valentino, la futura Donna de la familia Marcus, pero mi prometido, Reed Marcus, y mi prima Alice Bennett se aliaron para traicionarme. Me arrebataron mi lugar y se adueñaron de los recursos de mi familia. Al final, en plena guerra entre familias, me empujaron al borde de la muerte y me usaron como escudo. En el instante en que la bala me atravesó el pecho, vi a Reed protegiendo a Alice con todas sus fuerzas. Y Richard Corleone, mi amigo de la infancia, el hombre que siempre me había acompañado en silencio, perdió la razón y corrió hacia mí, abrazando mi cuerpo inerte mientras rugía de desesperación. Creí que aquello era un amor que había llegado demasiado tarde. Por eso, después de renacer, eché a Reed de mi vida sin dudarlo y me casé con Richard, convirtiéndome en la Donna de la familia Corleone. Pensé que por fin me había salvado, pero nunca imaginé que el destino me guardaba una crueldad aún mayor. Porque esos dos hombres, en el fondo, siempre habían amado a la misma mujer. Si al final todo iba a ser así, entonces yo también me bajaría de esta farsa llamada amor.
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Mi novio, el jefe final del terror

Mi novio, el jefe final del terror

Me metí en un juego otome, un simulador de romance para chicas, para conquistar al tierno y frágil protagonista. Justo cuando por fin lo tenía en la cama provocándolo, reapareció el sistema que había desaparecido: [Jugadora, te envié al juego equivocado. ¡Esto es un juego de terror! La persona a la que estás molestando ahora es el súper, pero súper jefe final.] Levanté la vista y me encontré con sus ojos inyectados en sangre. Con una sonrisa tensa, dije: —¿No tendrás sueño? ¿Y si mejor lo dejamos para otro día...? Él sonrió: —No tengo sueño. Continúa.
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