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Bebiendo La Cura Viscosa De Mi Deformidad

Bebiendo La Cura Viscosa De Mi Deformidad

—¿Por qué tienes un bulto ahí abajo? No se parece en nada a lo mío. Lucy, mi vecina de dieciocho años, me miraba con curiosidad esa parte del cuerpo. Había algo en su mirada que delataba un deseo, aunque ella no entendiera lo que estaba sintiendo. Yo fingí no entender. —¿Dices que no se parece? Enséñame cómo es el tuyo. No esperaba que lo hiciera sin dudarlo; de pronto, se bajó su minifalda blanca y me mostró su piel blanquísima. —Mira, aquí yo estoy plana, no tengo nada.
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ANHELO AL HOMBRE MAYOR: Colección de historias picantes

ANHELO AL HOMBRE MAYOR: Colección de historias picantes

Anhelo al Hombre Mayor te lleva a un mundo donde las fantasías cobran vida, los límites se desdibujan y el placer gobierna cada página. Desde hombres dominantes que saben exactamente lo que quieren hasta las dulces chicas que anhelan obedecer, cada historia entrega un calor intenso, tensión prohibida y una química adictiva. Ya sea kink de Daddy, juegos de poder, encuentros secretos o seducción oscura, estos relatos están creados para hacer que tu corazón lata con fuerza y tu cuerpo arda.
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Una Noche Con La Universitaria Del Vagón

Una Noche Con La Universitaria Del Vagón

—Mm... me arde todo... cómo lo quiero... En el vagón de literas del tren que me llevaba de vuelta a casa para las vacaciones, la extraordinaria universitaria que dormía en la litera de abajo estaba teniendo uno de sus episodios de sonambulismo. Tenía las piernas abiertas y las caderas moviéndose sin parar, retorciéndose despacio. Hacía tiempo que quería saber qué se sentiría estar con ella. Aprovechando que en ese momento parecía perdida en un sueño erótico, me colé en su litera...
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La Falsa Susurradora de Cadáveres

La Falsa Susurradora de Cadáveres

Tras presentar mi solicitud para dejar el cargo de jefa de Medicina Forense y pedir el traslado a un puesto administrativo, en la comisaría a todos se les iluminó la cara. Sonrisas por todas partes. Aprobación unánime. Solo Olivia Montoya, la nueva forense… la "mejor amiga de la infancia" de mi novio, se vino abajo. La que se hace llamar la "Susurradora de Cadáveres". Entró hecha una fiera, me agarró con fuerza de la bata y, con los ojos enrojecidos, soltó: —Aunque tu técnica ya está pasada de moda, de verdad espero que te quedes. ¡Que sigas dándoles voz a las víctimas! Le aparté la mano con frialdad, recogí mis cosas y me di la vuelta para irme. Porque en mi vida pasada, ella se presentaba igual: decía que podía oír los susurros de los muertos y saber lo que habían vivido antes de morir. Yo me mataba trabajando: autopsia tras autopsia, revisando una y otra vez, redactando informes de autopsia con cada detalle. Ella, en cambio, solo necesitaba echarle un vistazo al cadáver… y podía recitar mi informe palabra por palabra, sin equivocarse ni una coma. Las familias de las víctimas la veneraban como si fuera un milagro andante. A mí me miraban con desprecio. Decían que yo profanaba al difunto, que no lo respetaba. No lo acepté. Me negué a rendirme. Me dejaba la vida en cada autopsia… pero ella siempre se me adelantaba, escupiendo toda la verdad como si ya la tuviera en la palma de la mano. Hasta que una familia, llevada al límite, me odió por ultrajar a su difunto. Me secuestraron. Me descuartizaron. Y me abandonaron en un baldío. Cuando volví a abrir los ojos… Había renacido justo el día en que Olivia anunció, por primera vez, que era la "Susurradora de Cadáveres".
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Mi Desamor Ideal

Mi Desamor Ideal

El día que Olivia Muñoz y Adrián Vargas cumplían cinco años de casados, Paulina Castillo regresó al país. Esa misma noche,Olivia descubrió a su esposo en el baño, entregado a sí mismo mientras gemía el nombre de su exnovia. Así que esa era la razón por la que Adrián no la había tocado en cinco años de matrimonio. —Pobre Pau, regresó sola y la está pasando mal —se justificó él—, solo la estoy ayudando como amigo. —Entiendo. —Le prometí a Pau que la acompañaría a la playa por su cumpleaños —insistió en otra ocasión—, solo estoy cumpliendo una vieja promesa. —Está bien. —Para esta cena necesito una acompañante que esté a la altura, y Pau es más adecuada que tú. —Ajá, ve. Cuando ella dejó de enojarse, de llorar y de hacer dramas, a él le pareció extraño y le preguntó: —¿Por qué no te enojas? Por supuesto que ya no se enojaba, porque ella también estaba a punto de irse. Harta de un matrimonio estancado y sin vida, había mejorado su idioma en secreto, aprobado sus exámenes y enviado solicitudes para estudiar en el extranjero. El día que le aprobaron la visa, le aventó los papeles del divorcio. —No seas ridícula —se burló Adrián—, si me dejas, ¿cómo vas a sobrevivir? Dio media vuelta, se compró un boleto de avión y se fue, cortando toda comunicación. La siguiente vez que él supo de ella fue por un video que se hizo viral en redes: llevaba un vestido rojo espectacular y bailaba apasionadamente en el extranjero... Adrián se puso furioso. —Aunque te vayas al fin del mundo, ¡te voy a traer de vuelta!
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Ericka Lu Vargas Hernandez
alguien me puede decir en qué capítulo se despierta ... que historia más aburrida ,la leía todos los días,y ya he perdido no se cuántos capítulos,saltando solo dormida pasa,enserio hay personas que se crean algo así?osea es una historia Pero los lectores no somos ingenuos. parece que no le importamos
Cindy Xamira Rios Moreno
340 capitulos y todavía están casados......??!! por favor......!! qué más largas le das a el divorcio y, que Olivia empiece a vivir su amor con Julián y,que el hpta del Adrián se de cuenta que cambió un diamante por vidrio; a veces los lectores nos cansamos cuando le dan tantas vueltas a una cosa🫩......
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Cuatro Regalos de Despedida, Don Falcone

Cuatro Regalos de Despedida, Don Falcone

Yo era la principal consigliere de la familia Falcone. Su cerebro. Y hoy me marchaba —entregando los libros de cada negocio legítimo que había manejado, cortando mi último vínculo. Mi protegido no podía entenderlo. —Eres el futuro de esta familia, Aurelia. No puedes simplemente irte. Sacudí la cabeza con una sonrisa amarga. No sabían. Llevaba tres años casada en secreto con el Don, Vittorio Falcone. Pensé que mi apariencia, mi inteligencia y todo lo que le di serían suficientes para ganarme todo su amor. Un ataque en los muelles tres meses atrás me mostró la verdad. Me alcanzó una bala. Era una emergencia. Necesitaba al cirujano de la familia —lo cual requería una orden directa de Vittorio. Lo llamé más de una docena de veces. Pero cuando por fin contestó, lo único que escuché fue una voz suave y sin aliento al otro lado. —Vittorio, todavía no hemos cortado mi pastel de cumpleaños. ¿Me darías la mano para cortarlo juntos? Esa voz. Mi mejor amiga. La mujer de la que Vittorio alguna vez estuvo enamorado. Carina. En la casa de seguridad, debilitada por la pérdida de sangre, me saqué la bala yo misma y le pedí a uno de mis hombres que me llevara a toda prisa a una clínica de la familia. Justo antes de que me entraran al quirófano, Vittorio irrumpió cargando a Carina. Tobillo torcido. Necesitaba un médico. Urgente. Mi cirujano fue arrastrado fuera. Los antibióticos llegaron demasiado tarde. La herida se infectó. Luché por mi vida durante una semana. Cuando desperté, miré mi teléfono fijamente. Ni un solo mensaje. Las lágrimas llegaron solas. Comprendí. Yo era simplemente la mujer con la que él se había visto obligado a casarse después de que lo drogaron y terminó acostándose conmigo. Un escándalo evitado. Lo único que le importaba era mi utilidad y su reputación. ¿Y yo? La princesa secreta de la familia Rossi, que lo sacrificó todo para construir su imperio. Todo para nada. Así que preparé cuatro regalos de despedida. Una celebración de nuestra destrucción mutua. Después de eso, jamás volvería a verme.
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Cuando el Alfa perdió a su compañera humana de la infancia

Cuando el Alfa perdió a su compañera humana de la infancia

A las dos de la mañana, cuando llegó la llamada urgente de los Ancianos de la manada, yo acababa de salir arrastrándome de debajo de mi amor de la infancia, el heredero Alfa Slade. Mi cuerpo todavía me dolía por su ruda posesión. Como la única sanadora humana en toda la manada Bosque Negro, se me ordenó preparar hierbas como regalo para la alianza de apareamiento de Slade con la manada de las Espinas. Levanté con cuidado el brazo de Slade, que me rodeaba. Tras una noche de pasión, su poderoso cuerpo Alfa aún irradiaba un calor febril. Supuse que esta era solo otra princesa loba a la que él necesitaba rechazar, así que le toqué el pecho con picardía y le pregunté con una sonrisa: —Slade, ¿qué excusa vas a usar por nonagésima vez? ¿Que de repente te dio alergia la princesa? Él se dio la vuelta y me besó la frente, con los ojos pesados por el sueño. —Mi dulce niña, esta vez las hierbas deben ser preparadas por ti, y solo por ti. El éxito de esta alianza descansa sobre tus hombros. Me quedé helada. Durante los últimos diez años, yo había sido su consuelo secreto, la que calmaba sus ataques violentos de ira cada noche. Pensé que, tarde o temprano, me ganaría una ceremonia de unión formal. Pero en ese momento, lo comprendí. Yo era solo una conveniencia, un cuerpo para su uso personal. Si eso era todo lo que yo significaba para él, entonces reduciría a cenizas todo lo que teníamos. Hice una llamada a mi antiguo mentor en el Instituto Nacional de Medicina, el profesor Sterling. —Profesor, ese puesto de investigación sobre genética... ¿todavía está abierto? Estoy lista para regresar al mundo humano. Pero cuando ese Alfa arrogante, que decía que éramos "solo amigos" y "estrictamente profesionales", descubrió que ya no podía percibir ni un leve olor mío en el aire, perdió completamente la cabeza.
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La Farsa De La Heredera: vidas cambiadas en la élite

La Farsa De La Heredera: vidas cambiadas en la élite

El día en que descubrieron que yo no era la verdadera hija de la familia millonaria, la auténtica heredera irrumpió en la casa y me apuñaló varias veces en el vientre, condenándome a perder para siempre la posibilidad de ser madre. Mi prometido estalló de furia por lo ocurrido y mis padres, desesperados, declararon de inmediato que no volverían a reconocerla. Para calmarme, mi prometido me pidió matrimonio a toda prisa, mientras que mis padres escribieron una carta de ruptura con ella, pidiéndome que me enfocara en recuperarme. Después dijeron que ella había huido al extranjero y que había terminado vendida en otro país, un destino trágico y merecido. Yo lo creí. Hasta que, seis años después de mi matrimonio, vi con mis propios ojos a la supuesta “desaparecida”. La encontré recargada en el pecho de mi esposo, con un vientre abultado, suspirando con fingida melancolía. —Si hace seis años no hubiera perdido la cabeza y cometido aquel error, Liliana jamás habría tenido la oportunidad de casarse contigo. Por suerte tú y mis padres siempre estuvieron de mi lado; de lo contrario, esa impostora me habría mandado directo a la cárcel. Esa maldita… jamás se imaginó que he vivido todo este tiempo bajo sus narices… y ahora llevo en mi vientre a tu hijo. Cuando nazca, busca cualquier excusa para “adoptarlo” y así la tendrás de por vida como mi sirvienta. Gracias por estos años, Mauricio. Su mirada cargada de ternura hizo que el rostro de Mauricio se encendiera. —No digas eso… casarme con ella fue la única manera de mantener tu nombre limpio y que siguieras viviendo en libertad. Todo vale la pena, si tú estás bien. En ese instante lo comprendí: el hombre al que llamaba mi verdadero amor me había engañado todo este tiempo, incluso, mis propios padres. Habían hecho absolutamente todo para proteger a su hija biológica. Bien si así son las cosas… entonces yo ya no los quiero en mi vida.
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Un Mango Fue el Final de Nuestro Matrimonio

Un Mango Fue el Final de Nuestro Matrimonio

A los siete años, papá llevó a casa a una mujer hermosa y fue ella quien me regaló una caja de mangos. Ese mismo día, mamá me vio comerlos con tanto gusto. Firmó los papeles del divorcio sin decir nada y, poco después, se lanzó del edificio. Desde entonces, el mango se convirtió en la pesadilla que me acompañaría toda la vida. Por eso, el día de mi boda le dije a mi esposo, Héctor Preciado, que si algún día quería divorciarse, solo tenía que regalarme un mango. Él me abrazó sin responder y, desde ese momento, el mango también se volvió su tabú. Cinco años después de casarnos, en Nochebuena, su amiga de la infancia dejó un mango sobre su escritorio. Ese día, Héctor anunció que cortaba toda relación con Violeta Sánchez y la despidió de la empresa. Y ahí sí creí, sin dudarlo, que él era el hombre indicado para mí. Hasta que, seis meses después, regresé del extranjero tras cerrar un trato de cien millones de dólares. En la cena de celebración, Héctor me pasó una bebida. Y, cuando ya me había tomado la mitad del vaso, Violeta, la mujer a la que había despedido de la empresa, apareció detrás de mí con una sonrisa provocadora y preguntó en tono despreocupado: —¿Está bueno el jugo de mango? Me giré para mirar a Héctor con incredulidad. Él apenas contenía la risa. —No te enojes —dijo—. Violeta insistió en que te hiciera esta broma. —No te di un mango, solo jugo de mango. Luego añadió, como si nada: —Pero, creo que Violeta tiene razón: que no comas mango es una manía tuya. —Mira lo feliz que estabas tomándolo hace un momento. Mi expresión se endureció. Levanté la mano, le arrojé el resto del jugo en el rostro y me di media vuelta para irme. Porque hay cosas con las que no se bromea. El mango no lo es. Y mi decisión de divorciarme, tampoco.
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De su escudo a su pesadilla

De su escudo a su pesadilla

Mi familia es humana. Sin embargo, se nos concedió una larga vida por el clan Thorne, algo cercano a la inmortalidad. Durante generaciones, hemos sido sus guardianes más leales. Y yo me enamoré de Cedric, el Lord vampiro al que juré proteger. Durante cien años, fui su secreto. Su pecado. Su única compañera de lecho. Fui su escudo contra la magia oscura. La protectora jurada de su vasto clan. Pensé que me ganaría la marca de un vínculo eterno. Incluso estaba lista para que me transformara. Después de todo, en cada luna de sangre, él reclamaba mi cuerpo. Y en el punto álgido de un placer agonizante, hundía sus colmillos en mi cuello y bebía mi sangre. Luego presionaba sus fríos labios contra mi piel y susurraba que yo era su única y verdadera. Que ninguna otra sangre, ningún otro cuerpo, podía hacerle perder el control de la forma en que yo lo hacía. Pero esta vez, en el momento en que terminó conmigo, anunció su vínculo eterno con Elsie, la princesa de sangre pura del clan Valerius. Por si fuera poco, sonrió con suficiencia ante el shock en mi rostro. —Tú eres solo una humana, bendecida con una larga vida por mis ancestros. Mi calentadora de cama. No creíste de verdad que podrías ser mi compañera, ¿verdad? En ese momento, lo entendí. Yo solo era una bolsa de sangre renovable. Una herramienta con un propósito. Por una alianza, por ella, me sacrificó. Me arrojó al abismo y dejó que la oscuridad me devorara por completo. Pensó que el Pacto del Guardián me encadenaría a él por la eternidad. Pero olvidó algo. Todo pacto tiene una brecha. Así que destruí todo lo que alguna vez me dio. Y luego, con la ayuda de mi familia, desaparecí. Pero cuando el Lord de la Noche Eterna no pudo encontrar a su juguete favorito… enloqueció.
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