Lucía tuvo dos hijos en su vida. El mayor, el padre de Leandro, era un hombre libertino que, pasados los cincuenta años, se la pasaba de fiesta en los clubes nocturnos, un verdadero caso perdido. El menor, Iván Montes, el tío de Leandro, poseía una inteligencia brillante y un carácter intachable, pero solo le interesaba la investigación científica y no tenía cabeza para el romance. Por lo tanto, su nieto Leandro se había convertido en la única esperanza de la anciana para continuar con el apellido familiar.Desde que Alicia y Leandro se casaron, la abuela no había dejado de presionarlos para tener hijos. Sin embargo, en estos dos años de matrimonio, Leandro se protegía siempre al pie de la letra en la cama. Siempre usaba preservativo de principio a fin, y si se le terminaban, por más fuerte que fuera su deseo, lograba contenerse.Alicia siempre creyó que Leandro, al igual que ella, no deseaba tener hijos por el momento. Jamás imaginó que un hombre tan meticuloso hubiera dejado emba
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