Alicia sintió una punzada de nostalgia al escuchar esto. El corazón, que con tanto esfuerzo había logrado calmar durante los últimos días, volvía a acelerarse por su culpa. Cada vez que Leandro decía abiertamente que estaba casado, y cada vez que se esmeraba en protegerla, hacían que ella no pudiera evitar hacerse ilusiones; sin embargo, la realidad no tardaba en bajarla de su nube.No se atrevía a creerle. Era evidente que él tenía a otra persona en la cabeza, y que este matrimonio, desde el principio, tenía reglas que ninguno de los dos podía cambiar. Las atenciones, la caballerosidad y los cuidados de él hacia ella, incluyendo el lugar que le daba frente a los demás, se sentían más como el cumplimiento de un deber. Ella lo entendía perfectamente. Los hombres de ese círculo social tenían una gran habilidad para mantener las apariencias en público.Mantenían una fachada impecable como esposos devotos y decían las palabras más dulces, pero al cerrar las puertas, la realidad era otr
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