—Ya, está bien, ya entendí —dijo Alicia haciendo un gesto de resignación—. Vamos a desayunar, que ya tengo hambre.Leandro sonrió, le ofreció el brazo y le propuso:—Entonces sigamos así.—¿A poco aquí afuera también?—En esta casa hay demasiados ojos vigilando. Si alguien llega a notar algo extraño...—¡Ay, por favor! Ni tú te la crees —Alicia bajó las escaleras a paso apresurado y Leandro la siguió de cerca con una sonrisa.Durante los días siguientes, ambos continuaron conviviendo en este lugar de esa manera. Frente a la abuela y al personal de servicio, Leandro se mostraba atento y Alicia accesible, aparentando ser una pareja muy unida. Sin embargo, en cuanto regresaban a la habitación y se cerraba la puerta, Alicia se retiraba de inmediato a su propio lado, marcando a la perfección esa línea invisible a la mitad de la cama. Al verla tan alerta y distante, Leandro se moría de la frustración, pero no se atrevía a presionarla demasiado.Tras unos días de descanso, el semblante de
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