La mansión Rurik en Moscú, iluminada por antorchas y luces discretas entrelazadas con flores de invierno, parecía respirar. Las paredes antiguas, guardianas de la linhaje Rurik, serían testigos no solo de la unión de un Alfa con su Predestinada, sino de la coronación de un nuevo tiempo.El patio central, cubierto por una gran estructura translúcida de vidrio, revelaba el cielo nocturno salpicado de estrellas. En medio de la nieve que caía suavemente, el calor mágico mantenía el espacio acogedor. Se habían traído árboles a propósito, creando un círculo natural en el centro del salón, donde se alzaba un arco entrelazado de ramas, flores blancas, cristales y símbolos rúnicos que brillaban con suavidad.Dmitry, con un traje negro impecable, estaba parado junto al arco. Su imponencia parecía intensificarse aún más aquella noche. Sus cabellos albinos reflejaban la luz suave de las velas, y sus ojos azules estaban cargados de una emoción contenida, casi feroz. Parecía un guerrero que finalme
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