Carla despertó con la sensación de estar hundiéndose.Durante unos segundos, no supo dónde estaba. El techo sobre ella era demasiado alto, demasiado oscuro, las vigas de madera negra desapareciendo entre sombras que parecían moverse cuando intentaba enfocarlas.El olor en el aire era una mezcla extraña de nieve, humo y algo antiguo. Muy antiguo.Parpadeó lentamente. La cabeza le latía, el cuello le dolía justo en el punto donde la lámina la había tocado. Sus dedos tantearon la piel por instinto, buscando el corte, pero no encontraron nada. Ni cicatriz, ni costra, ni marca. Como si nunca hubiera sucedido.El vínculo fue lo primero que buscó. Nada. El vacío la golpeó como un puñetazo, robándole el aire de los pulmones. Alexei no estaba allí, no conseguía sentirlo, no conseguía sentir nada. Ni rabia, ni preocupación, ni aquel calor constante que se había vuelto tan familiar como su propia respiración. Solo un silencio absoluto donde debería haber vida.El pánico intentó subir. Ella lo em
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